PENSÉ QUE ERA SOLO UN DOLOR DE CADERA HASTA QUE NADIE PODÍA EXPLICAR Po…Ver más

¡TERROR MÉDICO NACIONAL! PENSÓ QUE ERA “CIÁTICA” POR CARGAR AL NIÑO Y TERMINÓ EN UNA PESADILLA QUE LOS DOCTORES DEL IMSS NO PUDIERON EXPLICAR. ¡EL MISTERIOSO MAL QUE EMPIEZA EN LA CADERA Y TE CONSUME LA VIDA!
[CIUDAD DE MÉXICO/REDACCIÓN DE ALARMA] – ¡Paren todo lo que están haciendo y pongan mucha atención, porque esta historia les va a helar la sangre y les hará pensarlo dos veces antes de ignorar ese “dolorcito” que traen desde hace semanas! ¿Cuántas veces no hemos dicho: “Ay, es el estrés”, “Fue el frío”, o “Ya estoy viejo”? ¡Cuidado, paisanos! Porque esa desidia, esa costumbre tan nuestra de aguantarnos el dolor con un paracetamol y un sobadón con Vick VapoRub, podría ser la sentencia de muerte que nadie vio venir.
La imagen que circula en redes sociales y que encabeza esta nota es el grito desesperado de una realidad que está golpeando las puertas de los hogares mexicanos: “PENSÉ QUE ERA SOLO UN DOLOR DE CADERA HASTA QUE NADIE PODÍA EXPLICAR Po…”. Esos puntos suspensivos, mi gente, esconden un infierno que ni en las peores películas de terror se atreven a mostrar.
Hoy les traemos la crónica exclusiva y desgarradora del caso que ha puesto de cabeza a la comunidad médica y que tiene a las familias mexicanas con el Jesús en la boca.
EL INICIO DEL CALVARIO: “NOMÁS ERA UN PUNZÓN”
Esta es la historia de Doña Carmen “N” (protegemos su identidad por respeto a la familia en estos momentos críticos), una mujerona de 45 años, luchona, de esas que se levantan a las 5 de la mañana para poner su puesto de tamales en una esquina concurrida de Iztapalapa. Madre de tres hijos, esposa devota, y el pilar de su hogar. Carmen no tenía tiempo para enfermarse. “Si no trabajo, no comemos”, era su lema.
Todo comenzó hace tres meses, justo después de las fiestas patrias. Un martes cualquiera, al agacharse para sacar la olla vaporera gigante, Carmen sintió un “piquete” raro en la cadera derecha. No le dio importancia. “Ha de ser la ciática, ya estoy vieja pa’ estos trotes”, le dijo a su comadre Lupita entre risas. Se tomó un diclofenaco que le regaló la vecina y siguió despachando atole como si nada.
¡Grave error! Ese fue el primer aviso de la bestia que despertaba en su interior.
EL PEREGRINAR POR EL SISTEMA DE SALUD: “SEÑORA, USTED LO QUE TIENE ES ESTRÉS”
Las semanas pasaron y el “piquete” se convirtió en un ardor constante, como si tuviera un carbón encendido metido entre el hueso y la carne. Caminar se volvió un suplicio. Subir las escaleras del metro era una misión imposible que le sacaba las lágrimas.
Harta del dolor y presionada por su esposo, Don Beto, Carmen acudió a su clínica familiar del Seguro Social. ¿Y qué pasó? Lo que nos pasa a todos, la clásica historia de terror burocrático mexicano.
“Hice fila desde las 4 de la mañana para alcanzar ficha”, nos relató Don Beto con la voz quebrada y los ojos inyectados de rabia e impotencia. “Cuando por fin pasó mi vieja, el doctor ni la miró a los ojos. Estaba más ocupado en su celular. Le dijo: ‘Señora, usted está gorda, necesita bajar de peso, eso es lo que le friega la cadera. Tómese este naproxeno y deje de comer tanta tortilla’. ¡Hágame el favor! ¡Ni una radiografía, ni un estudio, nada! Nos batearon como si fuéramos apestados”.
Carmen regresó a casa humillada, con una receta inútil y el dolor carcomiéndole el alma. Intentó de todo: hueseros, sobadores, chamanes que le pasaron el huevo y le dijeron que le habían hecho “un trabajito”. Se gastó los ahorros de la tanda en “medicamentos milagro” que anunciaban en la tele. Nada funcionaba. El dolor ya no era solo en la cadera; se le corría por la pierna, le adormecía los dedos del pie y, por las noches, la fiebre la hacía delirar.
EL PUNTO DE QUIEBRE: EL DÍA QUE LA CADERA “TRONÓ”
El fatídico viernes 13 del mes pasado, la vida de Carmen cambió para siempre. Iba cruzando la avenida para tomar el pesero, cargando las bolsas del mandado, cuando sintió que algo dentro de ella se rompía. No fue un hueso, fue algo más profundo. Describió un dolor tan intenso, tan brutal, que perdió la vista momentáneamente y se desplomó a mitad de la calle, gritando como si la estuvieran descuartizando viva.
“¡Fue horrible, vecino!”, cuenta Doña Rosa, testigo del incidente. “La Carmen se puso pálida, pálida, como si hubiera visto al diablo. Gritaba ‘¡mi pierna, mi pierna, me la están arrancando!’. Tuvimos que llamar a la ambulancia, que tardó una hora en llegar, por cierto”.
LA REVELACIÓN QUE NADIE PUDO EXPLICAR: ¿UN NUEVO MAL?
Ya en urgencias de un hospital de especialidades, los médicos, al ver el estado de agonía de la mujer, por fin decidieron hacer su trabajo. La metieron al tomógrafo. Y ahí, señores, fue donde el terror se hizo presente en la sala de radiología.
Las imágenes no mostraban una simple artritis, ni una hernia discal, ni el desgaste normal de la edad. Lo que vieron los doctores los dejó mudos, con la piel de gallina y sin respuestas.
El hueso de la cadera de Carmen estaba… carcomido. No había otra palabra. Parecía como si un ácido invisible lo hubiera estado disolviendo desde adentro hacia afuera durante meses. Había zonas necróticas, tejido muerto, y una inflamación que no correspondía a ninguna infección bacteriana conocida.
“El jefe de traumatología salió blanco como una hoja de papel a darnos la noticia”, recuerda Don Beto, llorando abiertamente. “Nos dijo: ‘Señor, no sabemos qué es esto. Nunca habíamos visto algo así. Parece una infección agresiva, pero los cultivos salen negativos a todo. Parece un cáncer de hueso fulminante, pero los marcadores tumorales están raros. No podemos explicar por qué su esposa se está deshaciendo por dentro'”.
LA TEORÍA ATERRADORA QUE CIRCULA EN LOS PASILLOS
El caso de Carmen se filtró y ha generado pánico entre el personal médico. En voz baja, en los pasillos del hospital, los residentes y enfermeras murmuran teorías aterradoras.
¿Estamos ante una nueva superbacteria resistente a todo, surgida de la contaminación de nuestra ciudad? ¿Es un parásito desconocido que se aloja en los huesos y que pudo haber contraído en algún alimento callejero? ¿O es acaso, como dicen las lenguas más alarmistas, una reacción adversa tardía a algún medicamento genérico de dudosa procedencia que se vende en los tianguis?
Nadie sabe. Nadie explica. Y mientras los “expertos” se rascan la cabeza y mandan las muestras a laboratorios en el extranjero, Carmen se debate entre la vida y la muerte en terapia intensiva, conectada a mil aparatos, con morfina las 24 horas porque el dolor es inhumano. Ya le advirtieron a Don Beto que, si sobrevive, probablemente pierda la pierna y la mitad de la pelvis.
¡ALERTA MÁXIMA! NO IGNORES ESE DOLOR
La imagen viral tenía razón. PENSÓ QUE ERA SOLO UN DOLOR DE CADERA. ¡Y miren dónde terminó!
Esto es un llamado urgente a toda la población. ¡No se confíen! Si tienen un dolor persistente en articulaciones, cadera, rodillas, que no se quita con analgésicos comunes y que empeora por las noches, ¡EXIJAN ATENCIÓN MÉDICA DE CALIDAD! No permitan que los despachen con un “es el estrés” en el consultorio de la esquina.
Las autoridades de salud guardan un silencio sepulcral, como siempre que hay algo que no les conviene que se sepa. ¿Cuántos casos más como el de Carmen hay allá afuera, mal diagnosticados, sufriendo en silencio en sus casas, pensando que es “la reuma” hasta que sea demasiado tarde?
¿Qué es este mal misterioso que empieza como un simple “piquete” y termina devorando el hueso? ¿Por qué los doctores mexicanos están perdiendo la batalla contra este enemigo invisible?
Exigimos respuestas. Exigimos que el Secretario de Salud dé la cara y nos diga si estamos seguros o si hay una epidemia silenciosa atacando nuestros huesos.
Don Beto, destrozado, solo pide una cosa: “Recen por mi Carmencita. Y por favor, si les duele algo, corran al médico de verdad. No dejen que les pase lo que a mi vieja. No dejen que los doctores les digan que están locos cuando el dolor es real”.
¡Comparte esta noticia antes de que la censuren! Tu tía, tu mamá, tu abuela necesitan saber esto. ¡La ignorancia y la negligencia médica están matando más gente que el crimen organizado! ¡Despierta, México!