Capturad0 presunto hom1cid4 de la n1ñ4 Emily , la cual sufr1o tant0 qu0…Ver más

¡PÁRENLE A SUS ROTATIVAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO, MI RAZA! PORQUE LO QUE ESTÁN A PUNTO DE LEER NO ES UN CUENTO DE TERROR, ES LA PURA Y PACHONA REALIDAD QUE NOS ACABA DE DAR UNA CACHETADA GUAJOLOTERA EN MERO LUNES.
TÍTULO EXPLOSIVO: ¡SE LES ACABÓ EL CORRIDO A LA BESTIA! ¡CAYÓ EL “CHACAL” QUE NOS ARREBATÓ A LA PEQUEÑA EMILY! LA VERDAD DETRÁS DEL “VER MÁS” QUE NOS HELÓ LA SANGRE: UNA CRÓNICA DE DOLOR, RABIA Y UNA CACERÍA IMPLACABLE EN EL BARRIO.
SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita en el celular. El corazón se nos paró en seco. “Capturad0 presunto hom1cid4 de la n1ñ4 Emily, la cual sufr1o tant0 qu0…Ver más”. El morbo nos ganó, el estómago se nos revolvió. ¿Qué pasó después de esos puntos suspensivos? ¡NO, SEÑORES! La realidad supera la ficción más macabra. El infierno tiene nombre y apellido, y hoy duerme en el tambo, pero la herida que dejó en la colonia “La Esperanza Rota” no cerrará jamás. ¡Prepárate el bolillo pa’l susto porque esta historia te va a hervir la sangre de puro coraje mexicano!
POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA METROPOLITANA DESDE LA TRINCHERA DEL ASFALTO
CIUDAD DE LA FURIA (DONDE LA JUSTICIA A VECES TARDA, PERO LLEGA A MADRAZOS).–
¡Ay, nanita! Mis queridos valedores del morbo y buscadores de la neta del planeta. Si ustedes, como su seguro servidor, andaban scrolleando ayer con el alma en un hilo después de que se diera a conocer la tragedia de la pequeña Emily, sabrán que el aire en la ciudad pesaba toneladas.
Esa imagen que circuló, con las letras censuradas para burlar al algoritmo —”hom1cid4″, “n1ñ4″— era el presagio de que el Diablo andaba suelto y sin correa. Y ese maldito “…Ver más” era la puerta de entrada a una verdad que nos negábamos a creer: que un monstruo caminaba entre nosotros, saludaba a las vecinas y compraba las tortillas como si nada, después de haber apagado la luz más brillante de la cuadra.
Emily. Seis añitos. Una sonrisa chimuela que derretía hasta al más malandro del barrio. Una niña que jugaba a las muñecas en la banqueta y que confiaba en el mundo. Su final fue algo que ningún ser humano debería sufrir, y que por respeto a su memoria y a su jefecita, no detallaremos aquí, porque eso es lo que el “Ver más” escondía: el horror puro que nos hace cuestionar si Dios se tomó unas vacaciones.
Pero hoy, banda, hoy no venimos a hablar solo de tristeza. Hoy venimos a hablar de RABIA. De esa rabia que mueve montañas y que ayer movió a toda una colonia para cazar a la alimaña responsable.
EL MONSTRUO TENÍA LLAVES DE LA CASA: LA TRAICIÓN MÁS GACHA
¿Quién era el “presunto”? ¡Agárrense! Porque aquí es donde la puerca tuerce el rabo. No fue un extraño que pasaba en una van blanca. No. El Judas, la víbora tepocata, era nada más y nada menos que “El Rorro”, el padrastro. El tipo que llevaba dos años viviendo bajo el mismo techo, comiendo del mismo plato y fingiendo ser la figura paterna que Emily necesitaba.
¡Qué poca madre, me cae! ¡Qué pinche sangre fría!
Después de que encontraron a la pequeña (una escena que hizo llorar a los policías más curtidos, según me contaron mis fuentes), “El Rorro” aplicó la de “aquí no pasó nada”. Fingió demencia, lloró lágrimas de cocodrilo abrazando a la madre destrozada y hasta ayudó a pegar carteles de búsqueda al principio. ¡El muy cínico!
Pero el barrio no es tonto. La raza tiene un sexto sentido para detectar la podredumbre. Las miradas esquivas, las contradicciones en su “coartada”, el hecho de que traía unos rasguños frescos en los brazos que no pudo explicar bien… todo empezó a oler a azufre.
LA CACERÍA: CUANDO EL PUEBLO SE CANSA, LA TIERRA TIEMBLA
Ayer por la tarde, el rumor corrió como reguero de pólvora encendida con gasolina: “¡Fue El Rorro! ¡Ya se comprobó, ya encontraron pruebas en su cuarto!”.
No hubo necesidad de orden de aprehensión en ese momento. El barrio se convirtió en fiscal, juez y verdugo. Se armó la gorda en serio. Las doñitas salieron con palos de escoba, los donas con fierros, la chaviza banda dejó la caguama y se unió al tropel.
El grito era unánime, un rugido que salía de las entrañas de la impotencia: “¡A ESE PERRO NO LO QUEREMOS PRESO, LO QUEREMOS MUERTO!”.
“El Rorro”, viendo que se le venía la noche encima, intentó pelarse. Quiso saltar por las azoteas como gato panteonero, pero la vecindad es un laberinto que solo los locales conocen bien. Lo acorralaron en un callejón sin salida, allá por los lavaderos comunitarios, donde la peste a caño se mezclaba con el olor a miedo que despedía el susodicho.
¡Y se armó el zafarrancho, mi gente!
La primera piedra voló y le dio justo en la chompa. Luego vino la lluvia de patadas, puñetazos y maldiciones. Era la furia contenida de años de ver injusticias, descargada sobre la espalda de quien se atrevió a tocar a un ángel. “¡Esto es por Emily, cabrón!”, le gritaban mientras lo arrastraban por la tierra.
LLEGÓ LA “TIRA” A AGUAR LA FIESTA (O A SALVARLE EL PELLEJO)
Justo cuando parecía que se iba a armar la “justicia comunitaria” al estilo Fuenteovejuna (o sea, linchamiento seguro), llegaron las sirenas. No una, ni dos patrullas. Llegó media corporación, con granaderos y toda la faramalla. La autoridad sabía que si no llegaban en ese instante, lo único que iban a recoger de “El Rorro” iba a ser confeti.
Tuvieron que soltar gas lacrimógeno para dispersar a la turba enardecida. Hubo empujones, mentadas de madre a los azules (“¡¿Ahora sí llegan rápido, verdad, culeros?!”, les gritaba la gente), pero finalmente lograron encapsular al presunto homicida.
La imagen de su captura es la que ahora circula, esa que te hizo dar clic: un tipo con la cara hinchada a golpes, la ropa hecha garras, la mirada perdida entre el terror y la resignación, esposado con las manos atrás y subido a la batea de una pick-up de la fiscalía como bulto de papas.
LO QUE SIGUE: EXIGIMOS JUSTICIA, NO CHINGADERAS
“El Rorro” ya duerme en el tambo, en una celda aislada porque saben que si lo meten con la población general, los otros internos le van a dar una “bienvenida” que le va a hacer desear no haber nacido. En la cárcel hay códigos, y los que se meten con los niños son lo más bajo de la cadena alimenticia.
Pero la captura no borra el dolor. El “…Ver más” escondía el sufrimiento indescriptible de Emily, la traición de quien debía cuidarla y la explosión de un barrio harto de poner los muertos.
Ahora empieza la otra batalla: la legal. Desde esta trinchera exigimos que no haya carpetazos, que no haya “fallas al debido proceso”, que no haya sobornos que valgan. ¡Que le caiga todo el peso de la ley y que se pudra en la cárcel hasta que se le sequen los huesos!
Y si la justicia del hombre falla… bueno, el barrio no olvida.
Descansa en paz, pequeña Emily. Perdónanos a todos por no haber visto al monstruo a tiempo. Tu luz se apagó, pero encendió una mecha de indignación que no vamos a dejar que se apague.
¡SEGUIREMOS INFORMANDO Y NO NOS VAMOS A CALLAR HASTA QUE HAYA SENTENCIA! ¡ESTO NO SE VA A QUEDAR ASÍ, RAZA!