Una anciana mu3r3 en un motel tras negarse a… ver más

Una anciana mu3r3 en un motel tras negarse a… ver más

 

¡PAREN LAS PRENSAS Y SUELTEN EL CAFÉ! ¡EL INFIERNO TIENE SUCURSAL EN LA TIERRA Y ESTÁ EN UN MOTEL DE MALA MUERTE! ¡MÉXICO ENTERO LLORA DE RABIA ANTE LA TRAGEDIA QUE ESCONDÍA ESE MALDITO “VER MÁS”!

¡IMÁGENES FUERTES! ¡LA CODICIA MATÓ A LA INOCENCIA! DESCUBRE LA CRUDA Y ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE LA ABUELITA QUE PERDIÓ LA VIDA ENTRE SÁBANAS SUCIAS Y CORAZONES NEGROS.

[REDACCIÓN/LA NOTA ROJA AL MOMENTO – CDMX]

¡Raza, agárrense de donde puedan y siéntense si están parados, porque la noticia que les traemos hoy no es un chisme de lavadero, es una puñalada directa al corazón de nuestra sociedad! Si a ustedes también les vibró el celular hace unas horas con esa notificación que corrió como pólvora en el “Feis” y los grupos de WhatsApp, esa que tenía el titular cortado y que nos dejó con el Jesús en la boca y la presión por los suelos: “Una anciana mu3r3 en un motel tras negarse a… ver más”, prepárense.

Ese botón azul, ese “ver más” que millones dudaron en presionar por miedo al morbo, escondía una realidad que supera cualquier película de terror. Nosotros, que no le tenemos miedo a mancharnos los zapatos de lodo para traerles la neta del planeta, le dimos clic al abismo. Nos metimos hasta la cocina de la fiscalía y lo que encontramos… ¡ay, Diosito santo!, lo que encontramos no tiene nombre ni perdón.

¡Se acabó el misterio y empezó la indignación nacional! La viejecita no andaba de “ojo alegre”, como muchos malpensados empezaron a rumorar en los comentarios. ¡Qué va! La realidad es mucho más puerca y dolorosa.

CRÓNICA DE UN FINAL INDIGNO: LA CITA CON LA MUERTE EN LA HABITACIÓN 666

Todo comenzó la tarde de ayer, cuando el sol caía y las sombras se alargaban en una de esas zonas de la ciudad donde hasta el diablo pide permiso para entrar. El escenario: el Motel “Los Placeres Ocultos” (nombre ficticio, pero ya se imaginan el tipo de lugar), un antro de paso con luces neón parpadeantes que huelen a pecado barato y a desesperación, ubicado en la salida a la carretera federal.

Hasta ahí llegó un taxi Tsuru desvencijado. De él bajaron tres personas. Dos jóvenes con pinta de malandros, de esos que traen la “mona” de guayaba en la bolsa y la mirada perdida, y en medio de ellos, casi arrastrando los pies, una figura pequeña, encorvada, con un rebozo gris y el miedo pintado en sus ojitos cansados.

Era Doña Carmelita “N”, de 84 años. Una santa mujer conocida en su barrio por vender los tamales más ricos de la cuadra y por no faltar ni un domingo a misa de siete. ¿Qué hacía una abuelita así en un lugar como ese? ¡La estaban llevando al matadero, señores!

Los empleados del motel, acostumbrados a ver de todo y a no hacer preguntas mientras paguen la tarifa de cuatro horas, les asignaron la habitación 33 (que para Doña Carmelita terminó siendo la 666). Nadie imaginó que esa puerta se cerraría para convertirse en la tumba de la inocencia.

EL “VER MÁS” AL DESCUBIERTO: ¡NO FUE PASIÓN, FUE UNA VIL EXTORSIÓN FAMILIAR!

Aquí es donde la sangre nos hierve, raza. Lo que ese titular incompleto no tuvo el valor de decir de golpe es que la pobre Doña Carmelita no murió por un infarto durante un encuentro amoroso. ¡NO!

A Doña Carmelita la mató la traición más baja, la codicia más asquerosa. Quienes la llevaron ahí no eran extraños. ¡Eran su propio nieto, “El Brayan”, y la novia de este, “La Britany”! ¡Háganme el rechingado favor! Sangre de su sangre, el chamaco al que ella le limpió los mocos y le dio de tragar cuando su madre lo abandonó.

Resulta y resalta que “El Brayan”, perdido en los vicios y debiéndole lana hasta al señor de la tienda, ideó un plan macabro. Sacó con engaños a su abuela de su humilde casita, diciéndole que la llevaría a un consultorio médico porque la veía “malita”.

Pero el destino era el motel. Ya estando encerrados entre esas cuatro paredes que apestaban a cigarro barato y fluidos ajenos, “El Brayan” sacó su verdadera cara de monstruo.

Lo que Doña Carmelita se negó a hacer, ese “…tras negarse a…” que nos tuvo en vilo, fue lo siguiente: SE NEGÓ A FIRMAR LOS PAPELES DONDE LES CEDÍA LOS DERECHOS DE SU ÚNICO PATRIMONIO: SU PEQUEÑA CASITA DE INTERÉS SOCIAL.

¡Qué poca madre! La querían dejar en la calle en sus últimos días para vender la casa y seguir financiando su vida de parásitos.

EL CORAZÓN NO AGUANTÓ LA TRAICIÓN: GRITOS, JALONEOS Y EL ÚLTIMO SUSPIRO

Las paredes de tablaroca del motel fueron testigos mudos del horror. Según fuentes cercanas a la investigación que pidieron el anonimato por miedo a represalias, hubo gritos. “La Britany” le sostenía la mano a la fuerza mientras “El Brayan” le ponía la pluma y los papeles enfrente, gritándole obscenidades que no podemos repetir aquí.

“¡Fírmale, vieja bruja, o aquí te quedas!”, le gritaba el nieto ingrato.

Doña Carmelita, con la dignidad que solo dan los años de trabajo honrado, apretó la boca y cerró los ojos, negándose a traicionarse a sí misma. El estrés, el miedo, el dolor de ver a su “nieto adorado” convertido en un verdugo, fue demasiado para su corazoncito cansado.

Un infarto fulminante. Un dolor agudo en el pecho y Doña Carmelita se desvaneció sobre la cama de colcha de leopardo sintético. Su último aliento se escapó en ese lugar indigno, lejos de sus santos y de su hogar.

LA HUIDA DE LAS RATAS Y EL HALLAZGO MACABRO

Al ver que la abuela ya no se movía, el par de hienas entró en pánico. Lejos de llamar a una ambulancia, de intentar ayudarla, hicieron lo que hacen las ratas cuando se prende la luz: correr.

Dejaron el cuerpo ahí, tirado como si fuera basura, y salieron quemando llanta del motel, dejando la cuenta sin pagar y a una familia destrozada.

Fue la recamarera, una señora que ya está curada de espantos, quien encontró la escena horas después, cuando se venció el tiempo de la habitación. El grito que pegó alertó a toda la administración. Cuando llegaron “los azules” (la policía), confirmaron que la señora ya no tenía signos vitales y que había indicios de violencia psicológica y jaloneos.

¡MÉXICO EXIGE JUSTICIA! ¡QUEREMOS VER A LOS CULPABLES TRAS LAS REJAS!

La noticia ha caído como bomba en el barrio de Doña Carmelita. Las vecinas lloran en las esquinas, los comerciantes cerraron sus cortinas en señal de luto. La indignación es total.

La Fiscalía ya tiene las imágenes de las cámaras de seguridad del motel, donde se ve clarito las caras de “El Brayan” y “La Britany” entrando con la víctima y saliendo solos y apresurados. ¡Ya hay ficha de búsqueda! ¡Se les busca por homicidio, extorsión y abandono de persona mayor!

Esto no se puede quedar así, raza. No podemos permitir que nuestros viejitos, los que construyeron este país, terminen sus días de esta manera tan miserable por culpa de unos malagradecidos sin escrúpulos.

Hoy, el cielo tiene un nuevo ángel vendiendo tamalitos, pero la tierra tiene a dos demonios sueltos que merecen podrirse en el “fresco bote”.

¡COMPARTE ESTA NOTA HASTA QUE LOS ENCUENTREN! ¡QUE SUS CARAS SEAN MÁS FAMOSAS QUE LAS DE LOS NARCOS! ¡JUSTICIA PARA DOÑA CARMELITA! ¡CON LOS ABUELOS NO, CARAJO!