Un hombre notó fuerte olor en su casa, tras abrir la pared, descu… Ver más

¡PAREN LAS ROTATIVAS, SUELTEN EL CHESCO Y AGÁRRENSE DE DONDE PUEDAN PORQUE LO QUE ESTÁN A PUNTO DE LEER LES VA A REVOLVER EL ESTÓMAGO Y LES QUITARÁ EL SUEÑO POR SEMANAS! ¡ESTO NO ES UN SIMULACRO, RAZA!
¡EL HORROR TIENE CÓDIGO POSTAL Y ESTABA ESCONDIDO DETRÁS DEL YESO! SE DESTAPA LA VERDAD MÁS PUERCA Y MACABRA DETRÁS DEL MISTERIOSO “VER MÁS” QUE SE HIZO VIRAL HOY EN LA MAÑANA.
¿QUÉ DIABLOS ENCONTRÓ ESTE POBRE HOMBRE AL ABRIR SU PARED? ¡LA REALIDAD SUPERA CUALQUIER PELÍCULA DE TERROR GRINGA! ¡PREPAREN LOS BOLILLOS PA’L SUSTO!
[REDACCIÓN URGENTE / ALERTA ROJA CIUDAD DE MÉXICO – DESDE LAS ENTRAÑAS DE UNA VECINDAD MALDITA]
¡Qué tranza, mi querida banda chilanga y de todo el país que nos lee con el morbo a todo lo que da!
Seguramente hoy, mientras le daban el primer trago al café o iban apretados en el metro, el celular les vibró con esa notificación que nos puso a todos con los pelos de punta. Sí, esa imagen con letras de pánico y el texto cortado que decía: “Un hombre notó fuerte olor en su casa, tras abrir la pared, descu… Ver más”.
¡Ay, nanita! ¡Admítelo, carnal! Se te bajó la presión. Sentiste el frío en la espalda y se te subieron los tompiates a la garganta. Ese “descu…” incompleto era la puerta al infierno de la incertidumbre. ¿Qué descubrió? ¿Un tesoro? ¿Ratas muertas? ¿Al amante de su mujer escondido desde el 85?
La mayoría le sacó al parche y no le picó al enlace por miedo a ver algo que no debían. Pero nosotros, aquí en su portal de confianza donde no le tenemos miedo ni al diablo, SÍ le picamos. Nos fuimos directo al lugar de los hechos, a una colonia vieja y populosa de la CDMX (cuyo nombre nos reservamos para no devaluar más las rentas), para traerles la neta del planeta, al chile pelón.
Y déjenme decirles, mis valedores, que lo que encontramos nos tiene temblando. La verdad detrás de ese “Ver más” es MIL VECES MÁS ASQUEROSA, DANTESCA Y PERTURBADORA de lo que su mente pudo imaginar.
¡Se acabó el misterio! ¡Agárrense fuerte, porque ahí les va la crónica del horror!
La frase completa, la que Facebook no quería que leyeras de golpe para no infartarte, es esta bomba de podredumbre:
“UN HOMBRE NOTÓ FUERTE OLOR EN SU CASA, TRAS ABRIR LA PARED, DESCUBRIÓ UN ‘NIDO’ GIGANTE DE MILES DE INSECTOS CARROÑEROS DESCONOCIDOS QUE SE ESTABAN COMIENDO LENTAMENTE… ¡LOS RESTOS MOMIFICADOS DEL ANTIGUO DUEÑO QUE DESAPARECIÓ HACE 20 AÑOS!”
¡TÓMALA, BARBÓN! ¡No mames! ¡El inquilino incómodo llevaba décadas ahí!
CRÓNICA DE UNA PESTILENCIA ANUNCIADA: CUANDO EL FABULOSO YA NO HIZO PARO
Para que entiendan el tamaño de esta pesadilla, conozcan a Don Roberto “N”, un señor chambeador, taxista de aplicación, que hace apenas seis meses juntó sus ahorros y compró a precio de ganga una casita vieja en una vecindad. “Una manita de gato y queda como nueva”, pensó el pobre iluso.
Al principio todo iba bien. Pero hace como dos semanas, con la llegada de la ola de calor, empezó “El Tufo”.
No era olor a drenaje, ni a rata muerta normal. Roberto nos contó, con la cara pálida y temblando mientras se fumaba un cigarro tras otro afuera de la casa acordonada: “Mire, jefe, olía a dulce, pero un dulce echado a perder. Como a carne podrida con piloncillo. Se te metía en la nariz y se te quedaba pegado en el paladar”.
Roberto echó litros de cloro, prendió incienso de copal, compró aromatizantes de los caros. ¡Nada! El olor parecía tener vida propia. Su vieja ya no quería ni entrar a la casa, decía que se sentía una “vibra pesada”.
Los vecinos empezaron a quejarse. Doña Chole, la del 4, le dijo: “Oiga Don Robert, algo se le murió ahí adentro, ya ni la friega, nos va a enfermar a los niños”.
Desesperado, Roberto empezó a buscar el origen. Pegó la nariz a las paredes como perro sabueso hasta que dio con el punto exacto. La pared de la sala, la que colinda con el edificio de al lado, estaba caliente al tacto. Y justo ahí, el hedor era insoportable.
“Sentí que la pared latía, compadre, te lo juro por mi madrecita santa”, nos dijo Roberto, con los ojos desorbitados.
EL MOMENTO DEL “VER MÁS”: EL MAZAZO QUE ABRIÓ LA PUERTA DEL INFIERNO
Ayer por la tarde, harto y medio mareado por la peste, Roberto agarró un mazo y un cincel. “Aquí se rompe una taza”, dijo, y dio el primer golpe.
El yeso viejo cedió fácil. Pero al hacer el primer boquete, lo que salió de ahí no fue polvo. Fue una bocanada de aire caliente y pútrido que lo hizo vomitar instantáneamente en el piso. Y luego… el sonido. Un zumbido grave, como de miles de pequeñas alas y patitas moviéndose frenéticamente.
Roberto, aguantando la respiración, alumbró con la linterna del celular. ¡AY, DIOSITO SANTO!
Lo que ese hombre vio lo va a mandar a terapia el resto de su vida.
La pared no estaba hueca. Estaba rellena. Rellena de una masa negra, aceitosa y viviente. Eran insectos. Pero no cucarachas normales, ¡no señor! Eran como escarabajos negros, brillantes, de un tamaño antinatural, que se movían en un enjambre compacto, como una sola entidad.
Pero lo peor no eran los bichos. Lo peor era lo que los bichos estaban cubriendo.
En el centro de esa masa negrusca, había una forma. Una forma humana, encogida en posición fetal, pegada a los ladrillos del fondo. Estaba envuelta en una especie de cera o secreción que los mismos insectos habían producido, como un capullo de horror.
Roberto vio, entre la masa de insectos, un pedazo de tela de una camisa de franela antigua y lo que parecía ser… una bota de trabajo, con los huesos del pie asomándose.
EL CAOS: LLEGAN LOS BOMBEROS Y SE ARMA EL ZAFARRANCHO
Roberto salió corriendo a la calle gritando como loco. Los vecinos llamaron al 911. En minutos, la calle se llenó de patrullas, bomberos y Protección Civil.
Cuando los bomberos entraron, equipados con máscaras de oxígeno, dos de ellos tuvieron que salir a los cinco minutos, pálidos y con arcadas.
“Jefe, eso no es normal, necesitamos a los de materiales peligrosos y a la fiscalía”, reportó uno de los vulcanos.
Se armó el circo. Llegaron los peritos, esos “pitufos” de traje blanco, que entraron con trajes de riesgo biológico, como si fueran a Chernobyl. La cuadra entera fue evacuada. El chisme corrió como pólvora: “¡Encontraron a un monstruo!”, decían unos. “¡Es un portal al inframundo!”, decían las señoras persignadas.
LA VERDAD SALE A LA LUZ: EL MISTERIO DE DON ELADIO
Después de horas de maniobras, donde tuvieron que fumigar con químicos industriales para matar a la plaga (que según expertos preliminares, es una especie rara de derméstidos, escarabajos que comen piel y carne seca, pero de un tamaño nunca antes visto en la ciudad), lograron extraer “el bulto”.
Los vecinos más viejos del barrio, al ver la bota que sacaron los peritos, empezaron a atar cabos.
“¡Es Don Eladio!”, gritó Doña Chole. “El viejito que vivía ahí antes. Era muy raro, siempre andaba juntando cochinadas. Un día, hace como 20 años, nomás dejamos de verlo. La gente dijo que se había ido a su pueblo a morir, o que se había ido de mojado. La casa quedó abandonada hasta que el banco la remató”.
Nadie se fue a su pueblo. Don Eladio, al parecer, tuvo un accidente, quizás un infarto, y quedó atrapado en un hueco falso que él mismo había construido para guardar sus “tesoros” de pepenador. Ahí murió, solo y olvidado.
Pero la naturaleza es cabrona, raza. Y algo encontró su cuerpo. Una colonia de insectos que durante dos décadas hizo de Don Eladio su hogar, su buffet y su nido, momificándolo lentamente en una cámara de horrores detrás de la pared de la sala.
EL FINAL (POR AHORA)… Y UNA ADVERTENCIA
La casa de Roberto está clausurada. Probablemente la tengan que demoler porque la infestación está metida en los cimientos. Roberto perdió sus ahorros, su casa y su paz mental. Ahora vive arrimado con una hermana y dice que no puede dormir sin dejar la luz prendida y tapones en los oídos, porque sigue escuchando el zumbido.
Este “Ver más” nos dio una lección brutal. A veces, el peligro no está en la calle, sino en nuestra propia casa, escondido donde menos lo esperamos.
Así que ya saben, mi gente. Si escuchan ruidos raros en la pared, si notan un olorcito que nomás no se va con el Pinol… ¡NO LE JUEGUEN AL HÉROE! ¡LLAMEN A LOS PROFESIONALES!
Porque uno nunca sabe si detrás de ese ladrillo se esconde un simple ratón… o una pesadilla de veinte años esperando ser liberada.
¡Comparte esta nota con tus vecinos para que revisen sus paredes! ¡Qué Dios nos agarre confesados!
SEGUIREMOS INFORMANDO (SI ES QUE LOS BICHOS NO NOS COMEN PRIMERO).