Vladimir Putin acaba de humillar a Estados Unidos en su propia frontera hace exactamente 19 días, mientras Trump amenazaba a México con aranceles del 25%, un avión del gobierno ruso aterrizaba en Ciudad de México con una delegación de alto nivel. Lo que negociaron en esas 48 horas tiene al Pentágono en alerta máxima y lo más humillante para Washington.
Se enteraron por los rusos, no por los mexicanos. Shainbound ni siquiera les avisó que estaba negociando con Moscú. En los próximos 45 minutos les voy a revelar cómo Rusia logró lo que parecía imposible, poner una cuña entre Estados Unidos y su vecino más importante. Bienvenidos. Soy Pierce Morgan. He analizado conflictos geopolíticos durante tres décadas.
He entrevistado a presidentes, generales y jefes de inteligencia de todo el mundo, pero lo que está pasando ahora mismo entre Rusia, México y Estados Unidos es algo que no había visto en mi carrera. Es un golpe estratégico que los analistas en Washington todavía no logran procesar y es urgente que ustedes lo entiendan. Déjenme contarles exactamente qué pasó.
El 14 de diciembre de 2025, a las 6 de la mañana, Unilusinil 90 y 6 con matrícula del gobierno ruso despegó de Moscú con destino a Ciudad de México. A bordo viajaban el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, el director de Rosneft, la petrolera estatal rusa y cuatro asesores del Kremlin especializados en América Latina.
No hubo anuncio previo, no hubo comunicado de prensa, nada. El avión aterrizó en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México 14 horas después. Una caravana de vehículos blindados mexicanos los esperaba en la pista privada y los llevaron directamente a una reunión que cambiaría el tablero geopolítico del continente. Mis fuentes en el Departamento de Estado me revelaron cómo se enteró Washington de esta visita.
No fue por inteligencia propia, no fue por monitoreo satelital, fue porque un funcionario ruso se lo contó a un diplomático estadounidense en una recepción en Ginebra. Se lo dijo con una sonrisa. Como quien presume una victoria, el funcionario ruso le dijo, y cito textualmente según mi fuente, “Mientras ustedes amenazan a México, nosotros les estamos ofreciendo alternativas.
deberían prestar más atención a su patio trasero. Cuando esa información llegó a Washington, el Departamento de Estado entró en pánico. Llamaron inmediatamente a la embajada estadounidense en México. La embajada no sabía nada. Nadie les había informado. Shabown había mantenido la visita en secreto absoluto.
Ahora, déjenme contarles lo que pasó en esas reuniones, porque esto es lo que tiene al Pentágono verdaderamente alarmado. Minuno. El primer día, la delegación rusa se reunió con el secretario de energía de México. La reunión duró exactamente 5 horas. Según mis fuentes, los rusos llegaron con una propuesta concreta, participación de Rosneft en la modernización de las refinerías mexicanas.
Estamos hablando de una inversión de 8,000 millones de dólares en los próximos 4 años. Pero eso no es todo. También ofrecieron transferencia de tecnología para exploración en aguas profundas del Golfo de México. Ofrecieron entrenar a ingenieros mexicanos en Rusia. Ofrecieron precios preferenciales para equipamiento petrolero.

Todo lo que las empresas estadounidenses habían prometido durante años, pero nunca cumplieron. El secretario de energía mexicano escuchó la propuesta completa. Según mis fuentes, al final de la reunión hizo una sola pregunta. ¿Qué quieren a cambio? Ah, la respuesta del representante de Rosneft fue simple. Queremos ser su alternativa, nada más.
Esa frase resume perfectamente la estrategia rusa. No están tratando de reemplazar a Estados Unidos. saben que eso es imposible a corto plazo. Lo que quieren es darle a México opciones y en geopolítica las opciones son poder. El segundo día las reuniones se pusieron aún más interesantes. La delegación rusa se sentó con representantes del ejército mexicano.
Esto es lo que el Pentágono considera más alarmante. Mis fuentes me dicen que discutieron tres temas específicos. Primero, venta de sistemas de defensa aérea. México tiene un sistema de defensa aéreo anticuado que depende completamente de equipamiento estadounidense. Rusia ofreció modernizarlo con tecnología propia. No estamos hablando de misiles apuntando a Estados Unidos.
Estamos hablando de radares, sistemas de comunicación, equipamiento de vigilancia. Segundo, entrenamiento militar. Rusia ofreció recibir oficiales mexicanos en academias militares rusas. ofreció enviar instructores a México. Ofreció programas de intercambio que antes eran exclusivos de la relación con Estados Unidos. Tercero, y esto es lo que más preocupa en Washington, cooperación en ciberseguridad.
Rusia ofreció a México sistemas de comunicación encriptados que Estados Unidos no puede interceptar. Si México adopta esa tecnología, la NSAquedaría ciega. Ya no podrían monitorear las comunicaciones del gobierno mexicano como lo han hecho durante décadas. Ahora, déjenme contarles cómo reaccionó Trump cuando se enteró de todo esto, porque su reacción es exactamente lo que Putin esperaba.
El 18 de diciembre, 3 días después del aterrizaje de la delegación rusa en México, Trump recibió un informe de inteligencia sobre las reuniones. “Según mis fuentes en la Casa Blanca, su reacción fue explosiva.” Golpeó el escritorio. Gritó durante varios minutos. exigió saber por qué nadie le había advertido. Sus asesores le explicaron que no tenían información previa porque México había mantenido todo en secreto. Trump preguntó por qué.
Le dijeron que probablemente era porque México ya no confiaba en Estados Unidos, que las constantes amenazas y los insultos habían destruido la relación. Trump no quiso escuchar eso. Exigió una llamada inmediata con Shabound. La llamada se programó para esa misma tarde y lo que pasó en esa conversación revela perfectamente la dinámica de poder que se ha invertido entre estos dos países.
Trump abrió la llamada con su estilo característico. Le preguntó a Shanba qué demonios estaba haciendo negociando con Rusia. Le recordó que México depende de Estados Unidos. Le amenazó con aranceles del 50% si continuaba por ese camino. Le advirtió que habría consecuencias severas.
La respuesta de Shanba lo dejó completamente descolocado. “Según mis fuentes, Shaineba”, le respondió con calma absoluta. Le dijo que México era un país soberano con derecho a establecer relaciones con cualquier nación del mundo. Le dijo que México no necesitaba permiso de Estados Unidos para tomar decisiones sobre su política exterior.
Le dijo que si Trump quería amenazar, adelante, pero que México tenía alternativas que antes no tenía. Y entonces Shain Bound le presentó números que Trump claramente desconocía. Le dijo que México es el principal socio comercial de Estados Unidos, no China, México. Le dijo que 800,000 millones de dólares en comercio cruzan la frontera cada año.
Le dijo que 40,000 fábricas estadounidenses dependen de componentes mexicanos. le dijo que si esas fábricas cierran, 5 millones de empleos estadounidenses desaparecen. Trump se quedó en silencio. Según mis fuentes, no supo qué responder. Shabound continuó. le recordó a Trump que Estados Unidos le robó a México 2.
4 millones de kilómetros cuadrados de territorio en 1848, California, Texas, Arizona, Nuevo México, Nevada, Uta, Colorado, partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. Más de la mitad de lo que era México le dijo que durante 177 años México había tolerado esa humillación. Había tolerado ser tratado como el patio trasero de Washington.
Había tolerado los insultos, las presiones, los tratados desiguales, pero que esa era había terminado. La llamada duró exactamente 14 minutos. Terminó sin ningún acuerdo. Trump colgó furioso. Esa noche, a las 11:43 de la noche, Trump publicó una serie de mensajes en su red social. Llamó a México desleal. llamó a Shain Bound títere de Putin.
Amenazó con cerrar la frontera completamente, amenazó con deportar a todos los mexicanos indocumentados. Prometió que México pagaría un precio muy alto. La respuesta de México llegó a la mañana siguiente y fue devastadora para Washington. Shane Bundown convocó una conferencia de prensa a las 9 de la mañana. Habló durante 35 minutos.
No mencionó a Trump ni una sola vez. En cambio, habló de la dignidad de México, habló de la soberanía nacional, habló de los 130 millones de mexicanos que merecían ser tratados con respeto y anunció tres cosas que hicieron temblar a Washington. Primera, México aceleraba las negociaciones con Rusia en materia energética.
Los acuerdos preliminares se convertirían en contratos formales antes de fin de mes. Segunda, México invitaba a una delegación comercial china a visitar el país en enero de 2026. El objetivo era duplicar el comercio bilateral con Beijing en los próximos 3 años. Tercera, México estaba evaluando formalmente su participación como observador en el grupo Bricks.
¿Entienden lo que esto significa? En una sola conferencia de prensa, Shainbom le mostró a Estados Unidos que México tiene tres alternativas: Rusia, China y los Bricks. Ya no depende exclusivamente de Washington. Ya no tiene que tolerar amenazas e insultos. Ya puede decir que no.
El Pentágono convocó una reunión de emergencia esa misma tarde. Generales de cuatro estrellas, almirantes, directores de inteligencia, todos en una sala durante 7 horas discutiendo qué hacer. Mis fuentes me revelaron lo que se dijo en esa reunión y es aterrador para cualquiera que entienda geopolítica. Un general de alto rango presentó un informe titulado Escenarios de deterioro en la frontera sur.
El informe analizaba qué pasaría si México reduce significativamente su cooperación conEstados Unidos. Primer escenario, México deja de cooperar en control migratorio. Resultado, el flujo de migrantes hacia la frontera se multiplica por 10 en cuestión de semanas. Estados Unidos no tiene capacidad para procesar ese volumen.
Segundo escenario, México implementa inspecciones exhaustivas en todos los camiones que cruzan hacia el norte. Resultado, el tiempo de cruce pasa de 30 minutos a 8 horas. Las cadenas de suministro colapsan, fábricas estadounidenses cierran por falta de componentes. Tercer escenario, México reduce cooperación en la lucha contra el narcotráfico.
Resultado, el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos aumenta dramáticamente. Las muertes por sobredosis, que ya son 60,000 al año, podrían duplicarse. Cuarto escenario. México permite presencia significativa de inteligencia rusa en su territorio. Resultado, Estados Unidos pierde capacidad de monitoreo en su frontera sur.
La seguridad nacional queda comprometida. El informe concluía con una frase que resume todo. No tenemos buenas opciones. Y es verdad. Déjenme explicarles por qué Estados Unidos está atrapado. No pueden sancionar a México sin sancionarse a sí mismos. Los aranceles causarían más daño a la economía estadounidense que a la mexicana.
Los precios subirían, la inflación se dispararía. Los votantes de Trump en estados fronterizos serían los más afectados, no pueden intervenir militarmente. México tiene 130 millones de habitantes y casi 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio. Una intervención sería peor que Vietnam, Irak y Afganistán combinados. El costo en vidas y dinero sería astronómico.
No pueden ignorar la situación. Cada día que pasa Rusia y China profundizan su presencia en México. Cada día que pasa la influencia estadounidense se erosiona. La única opción es negociar. Pero para negociar Trump tendría que hacer algo que su ego no le permite. Tratar a México como igual. Ofrecer algo en lugar de solo amenazar.
Reconocer que Estados Unidos también necesita a México. Ahora, déjenme contarles algo que descubrí sobre lo que está pasando detrás de escenas. Porque mientras Trump grita en redes sociales, hay movimientos silenciosos que están reconfigurando todo. Mis fuentes me informaron que la semana pasada hubo una reunión secreta en una ciudad europea.
No voy a decir cuál por proteger a mis fuentes. En esa reunión participaron representantes de México, Rusia, Brasil, Argentina y Colombia. Lo que discutieron fue la creación de un mecanismo de consulta latinoamericano independiente de Estados Unidos, un foro donde los países de la región puedan coordinar posiciones sin la presencia de Washington.
Un espacio donde Rusia y China puedan participar como socios, no como adversarios. Esto es exactamente lo que el Pentágono ha temido durante décadas. No es una alianza militar contra Estados Unidos. Es algo más sutil y potencialmente más peligroso, un sistema alternativo de relaciones internacionales en el hemisferio occidental donde Estados Unidos ya no tiene voz dominante.
La doctrina Monroe que durante 200 años estableció que América Latina era esfera exclusiva de influencia estadounidense está muriendo y la está matando la propia arrogancia de Washington. Déjenme explicarles cómo Putin logró esto, porque es una clase magistral de estrategia geopolítica. Putin lleva años buscando una forma de responder a la expansión de la OTAN.
Cuando Estados Unidos instaló sistemas de misiles en Polonia y Rumania, Putin advirtió que habría consecuencias. Occidente se rió. Creyeron que Rusia estaba acabada. Se equivocaron. Putin no iba a enfrentar a Estados Unidos militarmente en Europa. Eso sería suicida. En cambio, buscó el punto más vulnerable de Washington y lo encontró exactamente donde nadie miraba, en la frontera sur de Estados Unidos.
Es lo que los estrategas llaman respuesta asimétrica. No atacas donde el enemigo es fuerte, atacas donde es débil. y Estados Unidos es extremadamente débil en su dependencia hacia México. Déjenme darles las cifras que Putin y sus asesores calcularon antes de hacer este movimiento. México es el principal socio comercial de Estados Unidos.
Superó a China en 2024. El 80% de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos, pero el 40% de ciertos componentes críticos para la industria estadounidense vienen de México. 3,145 km de frontera compartida, la más transitada del mundo. 500,000 vehículos comerciales cruzan cada día. $2,000 millones en comercio diario, 40,000000es de personas de origen mexicano viviendo en Estados Unidos, 60,000 millones de dólares en remesas que mexicanos en Estados Unidos envían a sus familias cada año. Putin vio estos números y
entendió algo que Trump no entiende. México tiene más poder del que cree, solo necesita las alternativas para usarlo. Y eso es exactamente lo que Rusia está ofreciendo, alternativas. Ahora quiero hablarles del factor China,porque es imposible entender lo que está pasando sin considerar a Beijing. China ha estado expandiendo silenciosamente su presencia en México durante años.
Más de 100 empresas chinas operan ahora en territorio mexicano, fábricas de baterías en Monterrey, plantas de ensamblaje electrónico en Guadalajara, infraestructura portuaria en Manzanillo y Lázaro Cárdenas. La inversión china en México ha crecido 300% en los últimos 5 años y esto aceleró después de que Trump impuso aranceles a productos chinos.
Las empresas chinas descubrieron que podían producir en México y exportar a Estados Unidos bajo el Tratado de libre comercio. Washington no puede hacer nada legalmente para impedirlo. China ya es el segundo socio comercial de México, pero quiere ser el primero y cada error de Trump, cada amenaza, cada insulto le abre más puertas.
Mis fuentes me dicen que hay conversaciones avanzadas entre Beijing y Ciudad de México sobre un proyecto de tren de alta velocidad que conectaría la Ciudad de México con la frontera norte. Inversión estimada 15,000 millones de dólares. Financiamiento bancos chinos. Tecnología China. Construcción empresas chinas con participación mexicana.
Si este proyecto se concreta, China tendría infraestructura crítica en la frontera de Estados Unidos. No bases militares, algo más sutil, presencia económica permanente. Ahora súmenle Rusia, energía, defensa, ciberseguridad. Entre China y Rusia están cubriendo todos los sectores estratégicos que antes eran monopolio estadounidense en México.
Déjenme contarles algo que me impactó profundamente. Hace dos semanas hablé con un exfuncionario del Pentágono que trabajó en relaciones con América Latina durante 20 años. Le pregunté qué pensaba de la situación actual. Su respuesta fue devastadora. Me dijo, “Perdimos a México. Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero el proceso ya comenzó y no sé cómo revertirlo.
Le pregunté qué habría que hacer para arreglarlo. Me dijo que Trump tendría que hacer tres cosas que jamás hará. Primera, disculparse públicamente por los insultos a México y los mexicanos. Segunda, cancelar permanentemente las amenazas de Aranceles. Tercera, tratar a Shainbound como igual en todas las negociaciones.
Luego me miró y dijo, “¿Puedes imaginarte a Trump disculpándose? Yo no puedo.” Y ahí está el problema. Trump está atrapado por su propio ego. Prometió a sus votantes que sería duro con México. Si ahora sede, parece débil, pero si continúa presionando, empuja a México más cerca de Rusia y China. Es una trampa perfecta y Putin la diseñó sabiendo exactamente cómo reaccionaría Trump.
Déjenme contarles ahora lo que está pasando en la opinión pública mexicana, porque esto es fundamental para entender por qué Shainbound puede mantener una posición tan firme. Las encuestas más recientes muestran que el 83% de los mexicanos apoya la postura de Shanbound frente a Trump. 83%. Es un nivel de apoyo que ningún presidente mexicano ha tenido en décadas y cada vez que Trump insulta a México ese número sube.
Los comentarios en redes sociales mexicanas son reveladores. La gente escribe cosas como por fin un presidente que nos defiende. Ya era hora de que México dijera basta. Si quieren guerra comercial, que la tengan, pero no nos van a humillar más. Hay algo profundo que Trump no entiende sobre la psicología mexicana. Durante 177 años, desde que perdieron la mitad de su territorio, los mexicanos han cargado con una herida que nunca sanó.
Han tenido que aguantar los insultos, las presiones, el ser tratados como inferiores. Todo eso se acumuló y ahora, cuando ven a su presidenta enfrentar a Trump con calma y dignidad, sienten que finalmente alguien está defendiendo su honor nacional. No es solo política, es catarsis colectiva, es la liberación de generaciones de frustración acumulada.
Trump, sin quererlo, ha unido a México como ningún otro presidente estadounidense lo había logrado. Antes de él había divisiones profundas en la sociedad mexicana. El partido de Shainbound tenía oposición significativa. Había debate sobre la dirección del país. Ahora, frente al enemigo común, esas divisiones se han reducido.
Incluso opositores de Shainbound apoyan su postura frente a Estados Unidos. Incluso empresarios que preferirían una relación más cercana con Washington reconocen que no pueden permitir que México sea humillado. Esto significa que Shane Baown tiene capital político para mantener su posición durante mucho tiempo.
No necesita ceder ante Trump. Al contrario, ceder la debilitaría políticamente, la firmeza la fortalece. Es exactamente lo opuesto a lo que Trump quería lograr. Quería presionar a México hasta que se diera. En cambio, consolidó el apoyo popular a una presidenta que lo desafía. Ahora déjenme contarles sobre algo que pasó hace exactamente 5 días y que revela la profundidad del cambio que estamos presenciando.
Shane Bom recibió enPalacio Nacional a los embajadores de los cinco países fundadores del Bricks, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Fue una reunión sin precedentes. Nunca antes un presidente mexicano había convocado simultáneamente a los representantes de las principales potencias alternativas a Estados Unidos. La reunión duró 4 horas. No hubo comunicado oficial, pero mis fuentes me revelaron lo que se discutió.
Shane Bom les transmitió un mensaje claro. México está listo para diversificar sus relaciones internacionales de manera radical si Estados Unidos continúa con su política de agresión. No está pidiendo permiso, está informando de una decisión ya tomada. Los embajadores respondieron con ofertas concretas. China ofreció aumentar las inversiones en México a 80,000 millones de dólares en los próximos 10 años.
Puertos, carreteras, trenes, telecomunicaciones, manufactura, una transformación completa de la infraestructura mexicana con financiamiento y tecnología china. Rusia ofreció cooperación energética integral, no solo petróleo, también gas natural, energía nuclear civil, tecnología de refinación, todo lo que México necesita para alcanzar la autosuficiencia energética que ha buscado durante décadas.
India ofreció colaboración en tecnología de la información y farmacéutica, capacitación de profesionales mexicanos, transferencia de tecnología, acceso a medicamentos genéricos a precios muy por debajo de los estadounidenses. Brasil propuso fortalecer el comercio regional, crear mecanismos de pago que no dependan del dólar, coordinar posiciones en foros internacionales.
Sudáfrica habló de solidaridad del sur global, de la necesidad de que los países emergentes se apoyen mutuamente frente a las presiones de las potencias tradicionales. México no está solo. Ese fue el mensaje de la reunión. Tiene aliados dispuestos a ofrecer lo que Estados Unidos no quiere ofrecer. Respeto y trato de igual a igual.
Cuando la información sobre esta reunión llegó a Washington, la reacción fue de alarma. El Departamento de Estado envió un cable urgente a todas las embajadas en América Latina pidiendo evaluaciones sobre el giro de México hacia los bricks. Un funcionario que leyó ese cable me lo describió así.
Era como si de repente Washington se diera cuenta de que algo muy grande estaba pasando y no sabían cómo responder. Había pánico en las palabras. Pedían información urgente, pero no ofrecían ninguna estrategia para contrarrestar lo que México estaba haciendo. Y esa es la situación actual. Estados Unidos sabe que está perdiendo a México, pero no sabe cómo evitarlo.
Cada herramienta que tiene causaría más daño que beneficio. Cada amenaza empuja a México más lejos. Cada insulto fortalece a Shabound. Ahora quiero hablarles del factor humano, porque en medio de toda esta geopolítica hay millones de personas cuyas vidas están siendo afectadas. Hay familias divididas por la frontera.
Padres en México que no han visto a sus hijos en Estados Unidos durante años. Abuelos que conocen a sus nietos solo por videollamadas. Hermanos separados por políticas migratorias cada vez más restrictivas. Cada vez que Trump habla de deportaciones masivas, esas familias tiemblan. No son números en una estadística.
Son seres humanos con sueños, con miedos, con vidas que construyeron con esfuerzo durante décadas. Hay trabajadores en ambos países cuyo sustento depende del comercio bilateral. Obreros en fábricas de Detroit que ensamblan autos con partes mexicanas. Agricultores en California que necesitan trabajadores mexicanos para la cosecha.
Transportistas que cruzan la frontera 10 veces al mes llevando mercancías. Si el comercio colapsa, estas personas pierden sus empleos, sus familias pierden su sustento, sus comunidades se empobrecen. Hay pequeños empresarios que construyeron negocios sobre la integración de ambas economías. El dueño de una maquiladora en Tijuana, que exporta a San Diego, el comerciante de San Antonio, que importa artesanías de Oaxaca, el restaurantero de Phoenix, cuyos ingredientes vienen de Sonora.
Para ellos, la tensión entre gobiernos no es un juego político, es una amenaza existencial a todo lo que han construido. Y hay algo que me preocupa profundamente. En momentos de crisis como este, los más vulnerables son quienes más sufren. Los trabajadores indocumentados que viven con miedo a la deportación, los refugiados atrapados en la frontera esperando asilo.
Los niños separados de sus padres por políticas crueles. Ninguno de ellos tiene voz en las negociaciones entre gobiernos. Ninguno de ellos puede influir en las decisiones que determinarán su futuro. Solo pueden esperar y temer mientras los poderosos juegan su partida de ajedrez geopolítico.
Y mientras tanto, en Moscú, Putin observa satisfecho. Cada familia separada es una historia de resentimiento hacia Estados Unidos. Cada deportación es un argumento para quienesdicen que Washington es un socio cruel e injusto. Cada lágrima derramada en la frontera es propaganda para la narrativa rusa de que Estados Unidos no merece liderar el mundo.
Déjenme contarles algo que un funcionario mexicano me dijo en una conversación privada. Me dijo, “Nosotros no buscamos esta confrontación. Nosotros queríamos seguir siendo socios de Estados Unidos, pero no podemos aceptar que nos traten como inferiores. No podemos aceptar que insulten a nuestro pueblo. No podemos aceptar amenazas constantes.
Si Estados Unidos no nos trata con respeto, buscaremos quien sí lo haga. Esa es la tragedia de esta situación. No tenía que ser así. Una política estadounidense más inteligente, más respetuosa, más estratégica, podría haber mantenido a México como aliado cercano durante generaciones, pero Trump eligió la confrontación y ahora todos pagamos las consecuencias.
Quiero ahora hacer una proyección más detallada de lo que creo que veremos en los próximos 6 meses basándome en las tendencias actuales, en mis conversaciones con fuentes en ambos gobiernos y en mi análisis de las dinámicas de poder. Esto es lo que considero probable. Enero de 2026, la delegación comercial china visitará México, como Shain Baum anunció.
Firmarán acuerdos de inversión por al menos 20,000 millones de dólares. Habrá anuncios de nuevas fábricas chinas en territorio mexicano. Trump reaccionará con furia en redes sociales, pero no podrá hacer nada concreto para impedirlo. Febrero, Trump probablemente implementará alguna versión de los aranceles, quizás no el 50% que amenazó, pero sí algo significativo.
México responderá con aranceles equivalentes. Los precios comenzarán a subir en ambos países. Habrá protestas de empresarios en estados fronterizos. Marzo, los primeros efectos económicos serán visibles. Algunas fábricas estadounidenses reportarán problemas de suministro. Habrá despidos en industrias que dependen de componentes mexicanos.
La inflación aumentará. Los votantes comenzarán a quejarse. Abril. La presión sobre Trump para negociar será intensa. Sus propios aliados republicanos le exigirán que encuentre una solución, pero su ego le impedirá ceder. seguirá culpando a México en lugar de reconocer su error estratégico. Mayo. Putin aprovechará para profundizar la relación con México.
Habrá más visitas de delegaciones rusas, más acuerdos en sectores estratégicos, más integración que aleje a México de la órbita estadounidense. Junio, para mediados de año, el mapa de poder en Norteamérica habrá cambiado significativamente. México tendrá relaciones más diversificadas. China y Rusia tendrán mayor presencia y Estados Unidos habrá perdido influencia que le costará décadas recuperar.
Este es el legado que Trump está construyendo, no la grandeza que prometió, sino el debilitamiento de la posición estadounidense en su propio hemisferio. Ahora quiero explicarles cómo todo esto afecta a la gente común, porque esto no es solo geopolítica abstracta, tiene consecuencias reales para familias en ambos lados de la frontera.
Si las tensiones escalan, los primeros en sufrir serán los trabajadores. En Estados Unidos, millones de empleos dependen del comercio con México. Fábricas de automóviles en Michigan, plantas de electrónica en Texas, agricultores en California que necesitan trabajadores mexicanos para cosechar. Piensen en el aguacate de su tostada. Viene de México.
Piensen en los tomates de su ensalada. Vienen de Sinaloa. Piensen en el auto que manejan. Tiene piezas que cruzaron la frontera ocho veces durante su fabricación. Si ese comercio se interrumpe, los precios suben, la inflación aumenta, los empleos desaparecen y son las familias trabajadoras las que pagan el precio.
En México las remesas representan 60,000 millones de dólares anuales. Ese dinero sostiene a millones de familias. Si Trump cumple sus amenazas de deportación masiva, esas familias quedarán sin sustento. La economía mexicana se contraería. Y un México económicamente débil es un México más inestable. Hay 40 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos.
Muchos son ciudadanos estadounidenses. Están viendo cómo Trump trata a su país de origen, cómo insulta a su gente, cómo amenaza a sus familias. Eso genera resentimiento. Resentimiento que tendrá consecuencias políticas durante generaciones. Y mientras todo esto pasa, Putin observa con satisfacción. Cada crisis es una victoria para Rusia.
Cada insulto de Trump es propaganda gratuita para Moscú. Cada amenaza de aranceles es un argumento para quienes en México abogan por diversificar las relaciones del país. Déjenme ahora proyectar lo que creo que va a pasar en los próximos 90 días. No estoy haciendo predicciones con certeza absoluta, pero basándome en las tendencias actuales, esto es lo que considero probable.
En las próximas dos semanas, México y Rusia van a formalizarlos acuerdos energéticos. Rosnef tendrá participación oficial en proyectos petroleros mexicanos. Será el primer contrato significativo de una empresa rusa en el sector energético de un país fronterizo con Estados Unidos. En enero de 2026, la delegación comercial china visitará México.
Los acuerdos que firmen aumentarán significativamente la presencia económica de Beijín en territorio mexicano. Habrá anuncios de nuevas fábricas, nuevas inversiones, nuevos proyectos de infraestructura. En febrero, Trump probablemente implementará alguna versión de los aranceles que ha prometido. México responderá con aranceles equivalentes.
Comenzará una guerra comercial que ninguno de los dos países puede ganar, pero que debilitará a ambos. Para marzo veremos las consecuencias económicas. precios más altos en Estados Unidos, cierre de algunas fábricas que dependen de componentes mexicanos, despidos en industrias fronterizas y un deterioro acelerado de la relación bilateral.
Mientras tanto, Rusia y China seguirán profundizando su presencia en México. Cada mes habrá nuevos acuerdos, nuevas inversiones, nuevos vínculos. El proceso de diversificación que Shainbound inició se acelerará. Para mediados de 2026, el mapa de poder en Norteamérica habrá cambiado significativamente. No será un cambio dramático visible desde afuera, pero los que entienden geopolítica verán claramente que la hegemonía estadounidense en su propio hemisferio ya no es lo que era.
Quiero terminar con una reflexión sobre lo que todo esto significa históricamente. Estados Unidos ha sido la potencia dominante del hemisferio occidental durante 200 años. La doctrina Monroe estableció que ninguna potencia europea podía intervenir en América en la práctica. Esto significó que Washington podía hacer lo que quisiera con los países latinoamericanos.
Eso está terminando. No porque alguien vaya a derrotar a Estados Unidos militarmente, sino porque el mundo ha cambiado. Hay alternativas que antes no existían. China y Rusia están ofreciendo opciones que permiten a países como México negociar desde una posición de mayor fuerza. Lo que Putin logró en las últimas semanas es demostrar que se puede desafiar a Estados Unidos en su propia frontera, que México no tiene que aceptar todo lo que Washington exige, que hay otros socios disponibles.
Es un mensaje que resuena en toda América Latina. Si México puede hacerlo, otros también pueden. Brasil, Argentina, Colombia. Chile, todos están observando cuidadosamente lo que pasa. Trump quería hacer grande a América de nuevo. Irónicamente, su política hacia México está logrando exactamente lo contrario. Está debilitando la posición de Estados Unidos en su propio vecindario.
Está empujando a aliados históricos hacia adversarios. está destruyendo relaciones que tomaron décadas construir. Putin lo entiende, Shijin Ping lo entiende, Shanbaum lo entiende. El único que no parece entenderlo es Trump y esa ceguera estratégica podría ser el error más costoso de su presidencia. Soy Pierce Morgan.
Les he contado cómo Rusia logró poner una cuña entre Estados Unidos y México. Les he revelado las conversaciones secretas, los acuerdos que se firmaron, las consecuencias que vienen. El balance de poder está cambiando ante nuestros ojos. La hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental ya no es absoluta. Y todo comenzó con una delegación rusa que aterrizó en Ciudad de México hace 19 días. Manténganse atentos.
Los próximos 90 días serán cruciales. Lo que parecía improbable hace apenas unos meses está sucediendo ahora mismo. Putin movió sus piezas. Trump está en jaque y México por primera vez en más de un siglo tiene cartas que jugar. Pero antes de terminar quiero contarles algo más que descubrí en las últimas 72 horas, algo que agrega otra capa a todo lo que les he revelado.
Mis fuentes me informaron que hay un plan de contingencia mexicano que nadie en Washington conoce. Un plan que Shane Baum ordenó preparar hace 3 meses cuando las amenazas de Trump comenzaron a intensificarse. Un plan que podría paralizar la economía estadounidense en cuestión de días. El plan se llama internamente operación dignidad.
Déjenme explicarles cómo funciona. Si Trump implementa los aranceles del 50% que ha amenazado, México no solo responderá con aranceles equivalentes. Eso sería predecible. México implementará lo que llaman inspecciones soberanas reforzadas en todos los cruces fronterizos. Funciona así. Cada camión que cruce de México hacia Estados Unidos será sometido a inspecciones exhaustivas.
Cada cargamento será revisado minuciosamente. Cada documento será verificado tres veces. Todo perfectamente legal. Todo dentro de las facultades soberanas de México. El resultado, el tiempo de cruce pasará de 30 minutos a 8 horas. Las filas de camiones se extenderán por kilómetros. Los productos perecederos se pudriránesperando.
Las fábricas estadounidenses se quedarán sin componentes. Los analistas calculan que tr días de esto costarían a la economía estadounidense más de 15,000 millones de dólares. Una semana causaría daños que tardarían meses en repararse y México no estaría violando ningún tratado ni ninguna ley. Solo estaría ejerciendo su soberanía con más cuidado.
Trump no tiene forma de responder a esto. No puede obligar a México a procesar camiones más rápido. No puede enviar marines a tomar control de las aduanas mexicanas. Solo puede observar como la economía estadounidense desangra mientras Shainbow explica tranquilamente que México simplemente está protegiendo su frontera. Pero eso no es todo.
La operación Dignidad tiene una segunda fase aún más devastadora. Si Estados Unidos responde a las inspecciones con más agresión, México activaría el protocolo de diversificación de emergencia. Esto significa redirigir exportaciones mexicanas hacia otros mercados. China ya acordó aumentar sus compras. La Unión Europea expresó interés.
Japón y Corea del Surán en conversaciones avanzadas. Al mismo tiempo, México reduciría sus importaciones de productos estadounidenses, buscaría proveedores alternativos para maquinaria, tecnología, productos agrícolas, Alemania en lugar de Estados Unidos, China en lugar de Estados Unidos, Brasil en lugar de Estados Unidos.
El impacto sería brutal para sectores enteros de la economía estadounidense. Los granjeros del Medio Oeste perderían uno de sus principales mercados. Los fabricantes de maquinaria verían colapsar sus ventas. Las empresas tecnológicas perderían acceso a 130 millones de consumidores. Y todo esto sin un solo disparo, sin una sola sanción formal, solo usando el poder económico que México siempre tuvo, pero nunca se atrevió a usar.
Ahora, déjenme contarles sobre otro factor que pocos están considerando, el litio. México tiene algunas de las reservas de litio más grandes del mundo. El litio es el componente esencial de las baterías para vehículos eléctricos, teléfonos, computadoras. Es el petróleo del siglo XXI. El año pasado Shainbound nacionalizó las reservas de litio mexicano.
Declaró que este recurso estratégico pertenece a la nación. Estados Unidos protestó. esperaban que sus empresas tuvieran acceso preferencial. Lo que mis fuentes me revelaron es que México ya está negociando acuerdos de litio con China, no con empresas estadounidenses, con China, el país que domina la manufactura de baterías a nivel mundial.
¿Entienden la ironía? Estados Unidos está desesperado por competir con China en vehículos eléctricos. necesita litio y México, que tiene ese litio justo en su frontera, está eligiendo vendérselo a su principal rival. Es otra carta que México tiene para jugar, otra forma de presión, otra demostración de que las amenazas de Trump están logrando exactamente lo opuesto de lo que él quiere.
Ahora quiero hablarles de las reacciones dentro del establishment estadounidense, porque no todos en Washington apoyan la política de Trump hacia México. Hay senadores republicanos de estados fronterizos que están entrando en pánico. Texas, Arizona, California. Sus economías dependen del comercio con México. Sus votantes son empresarios que perderán millones si hay una guerra comercial.
El senador de Texas llamó a la Casa Blanca cuatro veces la semana pasada, cada vez con el mismo mensaje. Los empresarios tecanos están aterrados. No pueden permitirse una ruptura con México. Están amenazando con retirar su apoyo financiero si Trump no cambia de rumbo. El gobernador de Arizona tuvo una reunión de emergencia con líderes empresariales de su estado.
Según mis fuentes, la reunión duró 3 horas y el ambiente fue de pánico. Empresas que han operado durante décadas en la frontera están considerando mudarse a México permanentemente si las tensiones continúan. En California, los agricultores que dependen de trabajadores mexicanos están organizando protestas.
Si las deportaciones masivas se implementan, no habrá quien coseche las frutas y verduras. Los campos se pudrirán, los precios se dispararán. Todo esto está llegando a oídos de Trump. Pero él no quiere escuchar. Su ego le impide reconocer que cometió un error estratégico monumental. Déjenme contarles una anécdota que ilustra perfectamente el problema.
La semana pasada, un asesor de larga trayectoria intentó explicarle a Trump que la confrontación con México estaba beneficiando a Rusia. Le mostró informes de inteligencia, le presentó análisis de expertos, le explicó la estrategia de Putin. Según mis fuentes, Trump escuchó durante 5 minutos y luego interrumpió. Dijo, “Yo soy más inteligente que todos estos expertos.
Sé lo que estoy haciendo. México va a ceder.” El asesor salió de la reunión convencido de que Trump no entiende la magnitud de lo que está pasando. No entiende que no es unanegociación de bienes raíces donde puedes presionar hasta que el otro seda. Es geopolítica. Y en geopolítica las humillaciones se pagan durante generaciones.
Ahora quiero llevarlos a un nivel más profundo. Quiero explicarles por qué lo que está pasando con México es síntoma de algo más grande, algo que está transformando el orden mundial que conocimos. Estados Unidos ha sido la potencia hegemónica global desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Estableció las reglas del comercio internacional, controló las instituciones financieras globales, mantuvo alianzas militares en todos los continentes, proyectó poder a cualquier rincón del planeta, pero ese orden está colapsando y Trump, irónicamente, está
acelerando ese colapso. China se ha convertido en la segunda economía del mundo. En algunos sectores ya es la primera. Su tecnología compite con la estadounidense. Su manufactura domina mercados globales. Sus inversiones en África, Asia y América Latina están creando nuevas redes de dependencia que no pasan por Washington.
Rusia, a pesar de las sanciones, sigue siendo una potencia nuclear con capacidad de proyección global. Lo que está haciendo en México es solo un frente. Hay otros en Europa, en el Medio Oriente, en África, en el Ártico. El sur global está despertando. Brasil, India, Indonesia, Nigeria, países que durante décadas siguieron obedientemente las directrices de Washington.
Ahora quieren voz propia, quieren un sistema internacional donde no haya un solo país que dicte las reglas. Los bricks representan esta tendencia. Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, más los nuevos miembros Arabia Saudita, Irán, Emiratos, Egipto, Etiopía. Juntos representan más del 40% de la población mundial, casi un tercio del producto global, una alternativa real al sistema dominado por Occidente y ahora México está coqueteando con unirse a ese bloque.
El vecino más cercano de Estados Unidos, el país con el que comparte la frontera más transitada del mundo. Si México se acerca a los bricks, el mensaje para el resto del mundo sería devastador. Ni siquiera en su propio patio trasero puede Estados Unidos mantener su influencia. Esto es lo que está en juego. No es solo una disputa comercial entre dos vecinos, es el futuro del orden internacional.
Es la pregunta de si Estados Unidos seguirá siendo la potencia dominante o si entramos en una era multipolar donde varios poderes compiten por influencia. Trump cree que puede resolver esto con amenazas y aranceles. Es como creer que puedes detener un tsunami con una escoba. Las fuerzas que están transformando el mundo son mucho más grandes que cualquier presidente.
Lo único que Trump puede hacer es acelerar o desacelerar esa transformación y con su política hacia México está acelerando exactamente lo que dice querer evitar. Déjenme contarles lo que un historiador me dijo hace unos días. Le pregunté si había precedentes históricos para lo que estamos viendo.
Me respondió con una analogía que me dejó pensando. Me dijo, “Estados Unidos está cometiendo el mismo error que el imperio británico cometió con sus colonias. Creyeron que podían mantener el control mediante la fuerza y la intimidación. No entendieron que los tiempos habían cambiado, que la gente ya no aceptaba ser tratada como inferior y cuando finalmente lo entendieron, ya era demasiado tarde.
México no es una colonia de Estados Unidos, nunca lo fue legalmente, pero durante 150 años fue tratado como si lo fuera, como un subordinado, como un país que tenía que obedecer las órdenes de Washington. Eso se acabó. Shainbound representa una generación de líderes latinoamericanos que no van a aceptar ese trato, que tienen el respaldo económico de China y Rusia, que tienen alternativas que sus predecesores no tenían, que pueden decir que no.
Y cada vez que Trump los insulta, cada vez que amenaza, cada vez que actúa como si Estados Unidos fuera dueño del continente, fortalece a quienes argumentan que es hora de diversificar, de buscar otros socios, de construir un orden regional diferente. Putin entiende esto perfectamente, por eso su estrategia es tan efectiva. No necesita convencer a México de que Rusia es mejor que Estados Unidos.
solo necesita mostrar que hay opciones que no tienen que tolerar los abusos, que pueden negociar desde una posición de mayor fuerza. Y Trump, con cada tweet furioso, con cada amenaza de aranceles, con cada insulto a los mexicanos, está haciendo el trabajo de Putin por él. Quiero terminar con una reflexión personal.
He cubierto crisis internacionales durante tres décadas. He visto países cometer errores estratégicos que les costaron décadas de influencia. He visto imperios debilitarse por su propia arrogancia. Lo que estoy viendo con Estados Unidos y México me preocupa profundamente. No porque México vaya a derrotar a Estados Unidos, eso es imposible militarmente, sino porque Estados Unidos estádestruyendo algo que no podrá reconstruir fácilmente, la confianza de su vecino más importante.
Las relaciones entre países, como las relaciones entre personas, se basan en la confianza. Cuando esa confianza se rompe, toma generaciones reconstruirla y Trump ha destruido cualquier confianza que México pudiera haber tenido en Estados Unidos como socio confiable, piénsenlo desde la perspectiva mexicana. Firmaron un tratado comercial, el TEMEC.
Trump amenaza con romperlo. Cooperaron durante años en control migratorio. Trump los acusa de no hacer suficiente. Mantuvieron una política exterior moderada durante décadas. Trump los trata como enemigos. ¿Por qué México seguiría confiando en Estados Unidos? ¿Por qué cualquier país confiaría en Estados Unidos si ve cómo trata a su vecino más cercano? Esta es la pregunta que deberían hacerse en Washington, no solo respecto a México, respecto a todos los aliados de Estados Unidos.
Si Washington puede destruir su relación con un vecino con el que comparte 3,000 km de frontera, ¿qué garantía tiene cualquier otro país? Un diplomático europeo me dijo hace poco que están observando la situación con México muy atentamente, me dijo, “Si Estados Unidos puede hacer esto a México, puede hacérnoslo a nosotros.
Ninguna alianza está segura con esta administración. Ese es el daño más profundo que Trump está causando. No es solo la relación con México, es la credibilidad de Estados Unidos como socio confiable para cualquier país del mundo. Y mientras Estados Unidos destruye sus alianzas, China y Rusia construyen las suyas. Paciente, silenciosamente.
Un acuerdo a la vez, un país a la vez, una alternativa a la vez. El tablero ha cambiado. El mundo que conocíamos está terminando y lo que viene después será muy diferente. Soy Pierce Morgan. Les he contado la historia de cómo Rusia logró lo que parecía imposible. Les he revelado los acuerdos secretos, las conversaciones clasificadas, los planes de contingencia.
Les he explicado por qué esto importa y qué significa para el futuro. El balance de poder está cambiando ante sus ojos. La hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental ya no es absoluta. Y todo comenzó porque un presidente estadounidense creyó que podía intimidar a su vecino con amenazas e insultos. Putin movió sus piezas.
Trump está en jaque y México tiene cartas que nunca antes tuvo. Manténganse atentos. Los próximos 90 días serán los más importantes en la historia reciente de la relación México Estados Unidos y las consecuencias de lo que pase afectarán a todos en ambos lados de la frontera durante generaciones. El tablero ha cambiado. No parpadeen.
Pero antes de despedirme quiero dejarles con una última reflexión, una pregunta que todos deberíamos hacernos. ¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo es posible que la relación más importante de Estados Unidos en su propio hemisferio esté en ruinas? La respuesta tiene que ver con arrogancia. Durante décadas, Washington trató a México como un subordinado.
Asumió que siempre estaría ahí leal y obediente. Ignoró las señales de que México estaba cambiando. Ignoró las advertencias de que había límites para lo que toleraría. Ignoró todo, excepto su propia certeza de que Estados Unidos siempre tendría la última palabra. Trump es el síntoma más extremo de esa arrogancia.
Pero no es su causa. La causa es una mentalidad que ve a México como inferior, como dependiente, como incapaz de actuar independientemente. Esa mentalidad existe en ambos partidos, en todo el establishment de política exterior de Washington. Shabom está demostrando que esa mentalidad está equivocada. México no es inferior, no es incapaz, no está condenado a la dependencia, es un país con recursos, con talento, con opciones y está eligiendo usarlas.
El costo de no entender esto será enorme para Estados Unidos. Si pierde a México como aliado cercano, habrá perdido algo que no podrá recuperar fácilmente. La geografía no cambia. México siempre estará ahí en la frontera sur. La pregunta es si será un vecino amigable o uno resentido y Trump está haciendo todo lo posible para garantizar que sea lo segundo.
Los historiadores del futuro estudiarán este periodo. Se preguntarán, ¿cómo fue posible que una superpotencia cometiera errores tan básicos? ¿Cómo dejaron que la arrogancia destruyera relaciones que tomaron generaciones construir? ¿Cómo un presidente con ego descontrolado pudo hacer más daño en meses que décadas de política cuidadosa habían construido? No tenemos el lujo de esa perspectiva histórica.
Estamos viviendo esto en tiempo real y cada día que pasa las consecuencias se vuelven más difíciles de revertir. Pero aún hay tiempo, aún hay espacio para un cambio de rumbo. Lo que se necesita es liderazgo en Washington, que entienda que México no es un enemigo, sino un socio indispensable, que las amenazas no funcionan cuando el otro lado tienealternativas, que el respeto mutuo es la única base para una relación duradera.
La pregunta es si ese liderazgo aparecerá antes de que sea demasiado tarde. Manténganse informados, manténganse vigilantes y sobre todo manténganse atentos a lo que pasa en su frontera sur, porque lo que suceda ahí en los próximos meses determinará el futuro de Norteamérica. El mundo está cambiando, el poder está fluyendo en direcciones nuevas y aquellos que no se adapten quedarán atrás.
He sido Pierce Morgan. Gracias por acompañarme en este análisis.