Amigos, hoy vamos a hablar de la jugada más inesperada que ha salido de Ciudad de México en décadas. Vamos a hablar de cómo México, el gigante dormido de América Latina, ha decidido despertar y su primer movimiento ha dejado a Perú sin aire. Durante años, Washington nos dijo, “Miren a Perú. es el alumno aplicado.
Firma tratados de libre comercio, abre sus minas al capital extranjero, mantiene la estabilidad macroeconómica. Perú es el modelo del Pacífico. Perú obedeció. Perú se convirtió en la vitrina del neoliberalismo andino y durante dos décadas Perú fue el ejemplo que el Fondo Monetario Internacional usaba para convencer al resto de la región de que la ortodoxia económica era el único camino hacia la prosperidad.
Hoy ese modelo está temblando y el terremoto no viene de Lima, viene de la Ciudad de México. Lo que los medios corporativos no les están contando es que México acaba de tomar una decisión estratégica que cambia completamente el tablero de la Alianza del Pacífico. Una decisión que deja a Perú expuesto, vulnerable y sin las cartas que creía tener.
Yo he revisado los acuerdos, he analizado los flujos comerciales y he hablado con fuentes en ambos países. La conclusión es brutal. México ha decidido que ya no necesita a Perú como socio prioritario y está reorientando toda su estrategia hacia el sur de una manera que deja a Lima fuera del juego. La premisa es simple. México tiene el mercado más grande de América.
latina después de Brasil. México tiene acceso privilegiado a Estados Unidos. México tiene una industria manufacturera que Perú nunca podrá igualar. Y México acaba de decidir que va a usar todo ese poder para construir alianzas bilaterales directas con Chile y Colombia, saltándose a Perú por completo. ¿Y cuál es el resultado? Perú, que se creía el puente entre el norte y el sur del Pacífico latinoamericano, ha descubierto que el puente ya no es necesario.
México construyó su propio camino. Esta es la decisión que está apretando a Perú hasta dejarlo sin oxígeno. la creación de un corredor comercial Méxicochile que excluye deliberadamente a Lima de las cadenas de valor más importantes de la región. Cuando el secretario de economía de México visitó Santiago hace 3 meses, la prensa peruana apenas lo mencionó.
Pensaron que era diplomacia de rutina. No entendieron que se estaba firmando el acta de marginación de Perú en el nuevo orden del Pacífico, Estados Unidos, ocupado con su guerra comercial contra China, no prestó atención. Washington asumió que la Alianza del Pacífico seguiría funcionando como siempre con los cuatro socios caminando juntos.
Pero México acaba de demostrar que tiene sus propios planes. Miren los números. El comercio bilateral entre México y Chile ha crecido un 280% en los últimos 4 años. Las inversiones mexicanas en Colombia se han triplicado y lo más revelador, México ha firmado acuerdos de complementación industrial con ambos países que dejan a Perú completamente fuera.
El análisis geopolítico es claro. México decidió que Perú es un lastre, un país sumido en crisis políticas permanentes con seis presidentes en 5 años, sin capacidad de cumplir compromisos a largo plazo. México decidió que apostar por Perú era apostar por la inestabilidad. Y aquí viene la ironía más dolorosa. Perú fue el que más insistió en crear la Alianza del Pacífico.
Perú fue el que soñó con un bloque integrado que rivalizara con el Mercosur, pero ahora Perú descubre que sus propios socios lo consideran el eslabón más débil. En este video vamos a desglosar cómo funciona esta nueva estrategia mexicana. Vamos a hablar de cómo el cobre peruano está siendo desplazado por el cobre chileno en las cadenas de suministro mexicanas.
Vamos a explicar cómo las empresas mexicanas están retirando inversiones de Lima para redirigirlas a Santiago y Bogotá. Y vamos a revelar cómo la clase política peruana fue tan ciega que no vio venir el abandono. Prepárense porque lo que México le está haciendo a Perú es exactamente lo que Perú temía que le hicieran.
Tratarlo como un socio descartable en el momento en que dejó de ser conveniente. La lección es clara. En la geopolítica del siglo XXI, la estabilidad política vale más que los recursos naturales y Perú, con su caos institucional permanente acaba de aprender esa lección de la manera más dura. Amigos, para entender esta traición tenemos que volver al origen.
Tenemos que hablar de cómo Perú construyó toda su estrategia económica alrededor de una ilusión. La ilusión de que ser el socio más obediente del libre comercio le garantizaría un lugar en la mesa de los grandes. Perú fue el laboratorio perfecto del neoliberalismo andino. Después de la hiperinflación de los años 80 y el terrorismo de sendero luminoso, el país estaba dispuesto a aceptar cualquier receta que prometiera estabilidad y las recetas llegaron.
Elconsenso de Washington, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial. Todos le dijeron a Perú lo mismo. Privatiza, desregula, abre tus fronteras al capital. Perú obedeció con un fanatismo que impresionó incluso a los economistas más ortodoxos. Privatizó las telecomunicaciones, la electricidad, los puertos. Firmó tratados del libre comercio con Estados Unidos, con China, con la Unión Europea con quien se lo pidiera.
Y durante un tiempo funcionó. El Perú de los años 2000 creció a tasas impresionantes. El boom de las materias primas llenó las arcas del estado. Lima se llenó de centros comerciales y edificios de cristal, pero había una trampa en el diseño original que Perú no quiso ver. Todo el modelo dependía de dos supuestos, que los precios de las materias primas se mantendrían altos para siempre y que la estabilidad política era automática.
Ambos supuestos eran falsos. Cuando los precios del cobre y del oro cayeron, Perú descubrió que no había construido nada más. No había industria manufacturera, no había innovación tecnológica, no había valor agregado, solo había agujeros en la tierra de donde salían piedras que otros países procesaban. Y cuando la estabilidad política colapsó, cuando los presidentes empezaron a caer uno tras otro por corrupción, cuando el Congreso se convirtió en un circo de intereses mezquinos, Perú descubrió que nadie quería invertir en un país donde las
reglas cambian cada 6 meses. México observó todo esto con atención. México que tiene sus propios problemas, al menos tiene continuidad institucional. México, que no es perfecto, al menos puede garantizar que un contrato firmado hoy seguirá vigente en 5 años. Y México tomó una decisión fría y calculada. Perú ya no es un socio confiable.
Esa decisión se materializó en una serie de movimientos que la prensa peruana no quiso ver. México empezó a renegociar sus cadenas de suministro para reducir la dependencia del cobre peruano. México empezó a favorecer a proveedores chilenos y colombianos en las licitaciones gubernamentales. México empezó a excluir a Perú de las conversaciones sobre el futuro de la alianza del Pacífico.
No fue un anuncio público, no hubo una declaración de guerra comercial, fue más sutil y por eso más devastador. Fue el silencio, fue dejar de llamar, fue empezar a hacer planes sin invitar a Lima. Perú se dio cuenta tarde cuando los empresarios peruanos empezaron a quejarse de que sus contrapartes mexicanas ya no contestaban los correos.
Cuando los diplomáticos peruanos descubrieron que las reuniones importantes se hacían sin ellos, ya era demasiado tarde. México había decidido que el futuro del Pacífico latinoamericano se construiría sin Perú. Amigos, si creen que esto es solo una pelea de diplomáticos, son muy ingenuos. El verdadero golpe, la verdadera razón por la que México decidió marginar a Perú tiene que ver con algo mucho más concreto.
Tiene que ver con el cobre, tiene que ver con el control de las cadenas de suministro de la transición energética. Hablemos de números. Perú es el segundo productor de cobre del mundo, solo detrás de Chile. El cobre peruano debería ser la joya de la corona de la economía nacional. Debería convertir a Perú en un actor indispensable en la economía global del siglo XXI, pero no lo es.
¿Por qué? Porque Perú regala su cobre. Porque las empresas mineras que operan en Perú, la mayoría extranjeras, pagan impuestos ridículos porque el cobre sale de Perú como concentrado, como barro, sin procesar, y el valor agregado se queda en las fundiciones de China y Europa. México miró eso y vio una oportunidad. México no tiene mucho cobre propio, pero México tiene algo que Perú no tiene, industria.
México tiene fábricas que pueden transformar el cobre en cables, en motores, en componentes electrónicos. La decisión mexicana fue brutal en su lógica. ¿Para qué depender del cobre peruano si podemos hacer un trato directo con Chile? Chile tiene mejor cobre, tiene puertos más eficientes, tiene un gobierno que puede garantizar contratos a largo plazo.
México y Chile firmaron un acuerdo de complementación industrial que esencialmente dice, “Chile provee el cobre, México lo transforma y ambos se reparten las ganancias. Perú queda fuera. Es un golpe al corazón del modelo económico peruano. Perú se vendía como el proveedor natural de materias primas para la industria latinoamericana. Pero México acaba de demostrar que puede conseguir esas materias primas en otro lado, con mejores condiciones y menos dolores de cabeza políticos.
Y aquí viene la parte más dolorosa para Perú. No es solo el cobre. es el litio. Perú tiene reservas de litio, no tan grandes como Chile o Argentina, pero significativas. El gobierno peruano soñaba con convertirse en un actor del triángulo del litio, en atraer inversiones para explotar ese recurso. Pero México se les adelantó.
Méxicofirmó acuerdos con Chile y Argentina para asegurar su suministro de litio antes de que Perú pudiera siquiera organizar sus licitaciones. México va a obtener litio barato de sus nuevos socios. Mientras Perú sigue peleando en el Congreso sobre cómo regular la minería. La velocidad mata en geopolítica. Mientras Perú discutía, México actuaba. Y ahora Perú descubre que llegó tarde a la fiesta del litio.
El mercado mexicano era el premio que Perú quería conquistar. 130 millones de consumidores. Una industria automotriz gigante que va a necesitar baterías. una cercanía con Estados Unidos que multiplica las oportunidades. Ese mercado ahora está cerrado para Perú, no oficialmente, no con aranceles, sino de una manera más efectiva, con preferencias.
México va a comprarle a Chile primero, a Argentina segundo y a Perú solo si no queda otra opción es la muerte lenta por irrelevancia. Perú no fue excluido de un tratado. Perú fue excluido de la lista de prioridades. Y en el comercio internacional eso es peor. Amigos, dejemos los minerales por un momento y vayamos a lo que realmente le duele a las élites peruanas, el dinero.
México no solo está apretando a Perú en el comercio de materias primas. México está apretando a Perú en el sistema financiero y eso es lo que tiene a los banqueros de Lima en pánico. Miren lo que está pasando. Los grandes fondos de inversión mexicanos, los que manejan las pensiones de millones de mexicanos, están retirando capital de Perú lentamente, silenciosamente, pero de manera constante.
¿Por qué? Por la misma razón que todo lo demás. El riesgo político. Cuando un fondo de pensiones invierte en un país, necesita garantías de largo plazo. Necesita saber que las reglas no van a cambiar de la noche a la mañana. Necesita estabilidad. Perú no puede ofrecer eso. Con un presidente que puede caer cualquier semana, con un congreso que aprueba leyes contradictorias cada mes, con un sistema judicial que parece una ruleta.
Ningún fondo serio quiere exponerse al riesgo peruano. México lo entendió antes que nadie. Los fondos mexicanos empezaron a rotar sus inversiones hace dos años. Vendieron bonos peruanos, vendieron acciones de empresas peruanas, vendieron propiedades en Lima y ese dinero fue a parar a Chile, a Colombia, incluso a Brasil.
El resultado es devastador para Perú. El costo del crédito sube. Las empresas peruanas pagan más intereses que sus competidoras chilenas. El gobierno peruano tiene que ofrecer rendimientos más altos para vender sus bonos. Es un círculo vicioso de empobrecimiento y México está acelerando ese círculo. Cada vez que un fondo mexicano anuncia que reduce su exposición a Perú, otros fondos internacionales hacen lo mismo.
México se ha convertido en el líder de una estampida de capital que está dejando a Perú seco. ¿Es esto una conspiración? No es el mercado funcionando exactamente como debe funcionar. El capital huye del riesgo y Perú se ha convertido en sinónimo de riesgo. Pero aquí está la ironía.
Perú hizo todo lo que le dijeron para atraer capital. liberalizó, privatizó, firmó tratados de protección de inversiones. Perú fue el alumno modelo del capitalismo financiero global y ahora el capitalismo financiero global le da la espalda porque resulta que lo que el capital realmente quiere no es libertad de mercado, lo que quiere es estabilidad.
y Perú sacrificó su estabilidad política en el altar del libre mercado. México, que nunca fue tan ortodoxo, que siempre mantuvo un estado más presente, que nunca privatizó su petróleo completamente, resulta que es más atractivo para los inversionistas. La paradoja del neoliberalismo peruano es que su propio éxito inicial sembró las semillas de su fracaso posterior.
Cuando todo era crecimiento y optimismo, nadie se preocupaba por las instituciones. Cuando el crecimiento se detuvo, las instituciones débiles colapsaron y ahora no hay nada que sostenga la confianza. México está usando esta debilidad peruana como palanca en cada negociación, en cada foro. México recuerda sutilmente a los inversionistas internacionales que hay opciones más seguras que Perú.
No lo dice directamente, no hace falta. Los números hablan solos. Amigos, el poder no se ejerce solo con dinero y minerales. El poder se ejerce también con ideas, con narrativas. con cultura. Y aquí México ha dado un golpe que Perú no esperaba. Durante décadas, Perú se vendió como el destino turístico por excelencia de América Latina.
Machu Picchu, la gastronomía, la historia inca. Perú construyó una marca país que era la envidia de la región. México decidió competir directamente contra esa marca y México tiene recursos que Perú no puede igualar. La industria del cine y la televisión mexicana es la más grande del mundo hispanohablante. Las plataformas de streaming producen más contenido en México que en cualquier otro país latinoamericano.
La música mexicana domina las listas depopularidad. México ha empezado a usar ese poder cultural para promover su propia imagen como destino turístico, como potencia gastronómica, como centro de la cultura latinoamericana y lo hace con una agresividad que antes no tenía. El resultado es que Perú está perdiendo la batalla por la atención global.
Cuando un turista europeo piensa en América Latina, cada vez más piensa en México primero. Cuando un inversionista busca dónde poner su dinero, las imágenes que le vienen a la mente son de Ciudad de México, no de Lima. Es soft power en acción. México está desplazando a Perú no solo en los mercados financieros, sino en el imaginario global. Y hay algo más profundo.
México está exportando un modelo de desarrollo diferente al peruano. El gobierno mexicano, con todos sus defectos, habla de soberanía, de industrialización, de reducir la dependencia externa. Perú sigue repitiendo el mismo discurso de los años 90. Más libre comercio, más inversión extranjera, más apertura.
Es un discurso que ya nadie quiere escuchar. El mundo ha cambiado. Después de la pandemia, después de la crisis de las cadenas de suministro, los países están revalorizando la producción local, la autosuficiencia, la seguridad económica. México captó ese cambio de época. Perú sigue viviendo en el pasado.
La élite peruana estudió en las universidades estadounidenses de los años 90. Aprendió las doctrinas del consenso de Washington como verdades absolutas y ahora descubre que el mundo dejó atrás esas doctrinas mientras ellos seguían repitiéndolas como mantras. México tiene sus propios economistas ortodoxos, por supuesto, pero también tiene voces alternativas, debates, disputas sobre el modelo de desarrollo.
Esa diversidad intelectual le permite a México adaptarse a los nuevos tiempos. Perú no tiene esa diversidad. La élite peruana es monolítica en su ortodoxia neoliberal y esa monoliticidad se ha convertido en una prisión intelectual que le impide ver las oportunidades del nuevo mundo. Amigos, mucha gente me pregunta, “Richard, si Perú está tan mal, ¿por qué Estados Unidos no interviene? ¿Por qué Washington no presiona a México para que deje de apretar a su aliado peruano? La respuesta es simple y brutal. A Estados
Unidos ya no le importa Perú como antes. Durante la Guerra Fría, Perú era estratégico. Había que evitar que cayera en la órbita soviética. Había que apoyar gobiernos anticomunistas. Había que mantener la estabilidad andina. Hoy el enemigo es China y en la guerra contra China, Perú ya está perdido.
China es el principal socio comercial de Perú. China compra el cobre, el zinc, el hierro peruano. China ha invertido miles de millones en infraestructura peruana. El puerto de Chancay, que China está construyendo cerca de Lima, va a ser el más grande del Pacífico sudamericano. Estados Unidos mira a Perú y ve un país que ya eligió bando, no el bando chino explícitamente, pero sí el bando de la dependencia de China.
Perú no puede desengancharse de China, aunque quisiera. Su economía colapsaría. Entonces, ¿para qué gastar capital político defendiendo a Perú? Estados Unidos prefiere concentrar sus recursos en México, que sí está en disputa, que sí puede ser alejado de China, que sí tiene valor estratégico real. México lo sabe.
México sabe que tiene la atención de Washington y México usa esa atención para obtener beneficios que Perú no puede soñar. Cuando México negocia con Estados Unidos, negocia como un igual incómodo. Cuando Perú negocia con Estados Unidos, negocia como un mendigo agradecido. Esa diferencia de actitud se traduce en resultados concretos. México obtiene excepciones, plazos, consideraciones especiales.
Perú obtiene las migajas que quedan después de que los grandes se han servido. Y ahora México está usando su posición privilegiada con Washington para marginar aún más a Perú. En los foros donde se decide el futuro del comercio hemisférico, México habla y Estados Unidos escucha. Perú habla y nadie presta atención. Es la geopolítica de la irrelevancia.
Perú se ha vuelto invisible para los que toman las decisiones y cuando eres invisible te pueden pisar sin que nadie proteste. México está pisando a Perú y Washington mira para otro lado. Amigos, no crean que Perú no se ha dado cuenta de lo que está pasando. Las élites peruanas están empezando a despertar, pero como siempre despiertan tarde y despiertan mal.
El gobierno peruano ha intentado acercarse a México, ha enviado emisarios, ha propuesto reuniones bilaterales, ha hablado de renovar los lazos de hermandad latinoamericana. México responde con cortesía diplomática y luego sigue con sus planes. Las palabras bonitas no cambian la realidad de los flujos comerciales y financieros que se están reorientando lejos de Lima.
Perú intenta usar su tamaño como argumento. Somos 33 millones de personas, dicen, somos la economía número cinco de América Latina.No pueden ignorarnos, pero México sí puede ignorarlos y lo está haciendo. El empresariado peruano está desesperado. Las grandes familias que controlan la economía peruana, los Romero, los Brecia, los Rodríguez Pastor, ven como sus contrapartes mexicanas les cierran las puertas, intentan invertir en México y encuentran barreras burocráticas que antes no existían.
Intentan exportar a México y descubren que los aranceles preferenciales benefician más a Chile. Es una exclusión sistemática disfrazada de libre mercado. México no ha violado ningún tratado. México simplemente ha decidido ejercer todas las flexibilidades que los tratados permiten para favorecer a otros socios sobre Perú.
Y Perú no puede quejarse. ¿Qué va a decir? ¿Que México está siendo un mal amigo? En el comercio internacional no hay amigos, solo intereses. La clase política peruana tiene dos opciones ahora y ambas son difíciles. La primera opción es profundizar la dependencia de China. Si México y Estados Unidos no nos quieren, vamos con Beijing.
Convertirnos definitivamente en un satélite chino. Aceptar que nuestro rol es proveer materias primas al gigante asiático. Eso garantiza ingresos en el corto plazo, pero condena a Perú a ser una colonia extractiva para siempre. y además provoca la ira de Washington, lo que puede traer sanciones y presiones. La segunda opción es intentar reconstruir la relación con México y el resto de la alianza del Pacífico, pero eso requiere algo que Perú no tiene, estabilidad política.
Nadie va a invertir en reconstruir lazos con un país que cambia de presidente cada año. Perú está atrapado en un círculo vicioso. Necesita estabilidad para atraer socios, pero la falta de socios profundiza la crisis económica que genera inestabilidad. México mira ese círculo vicioso y decide que no quiere ser parte de él.
Mejor dejar que Perú resuelva sus problemas solo si es que puede resolverlos. Amigos, la historia de los países siempre termina igual. Los que no se adaptan quedan atrás y Perú está quedando atrás a una velocidad que debería alarmar a cualquier peruano patriota. México está construyendo el futuro del Pacífico latinoamericano, un futuro de cadenas de valor integradas.
de comercio con Asia, de industrialización selectiva, un futuro que no pasa por Lima. ¿Y qué hace Perú? Perú sigue cambiando presidentes. Perú sigue peleando entre el Congreso y el Ejecutivo. Perú sigue discutiendo las mismas reformas que lleva discutiendo 30 años. La tragedia peruana es una tragedia de parálisis.
Las élites peruanas saben lo que hay que hacer. Fortalecer las instituciones, diversificar la economía, invertir en educación y tecnología, pero no pueden hacerlo porque cada intento de reforma se empantana en la guerra política permanente. Y mientras Perú se paraliza, México avanza. México tiene sus propios problemas, claro, pero México tiene algo que Perú no tiene, dirección.
El gobierno mexicano, con todos sus errores, tiene un proyecto. Perú no tiene proyecto, tiene supervivencia día a día. La diferencia entre un país con proyecto y un país sin proyecto se nota en cada decisión. México puede planificar a 10 años. Perú no puede planificar a 10 meses. Y aquí viene la profecía que dejo para los peruanos que ven este video.
En 10 años, si nada cambia, Perú habrá retrocedido al nivel de los países más pobres de Sudamérica. El bono demográfico se habrá perdido, la infraestructura se habrá deteriorado, los profesionales calificados se habrán ido a Chile, a México, a España. México, mientras tanto, habrá consolidado su posición como la potencia industrial de América Latina.
Habrá capturado las cadenas de valor de la transición energética. Habrá construido una clase media manufacturera. que Perú solo puede soñar no es un destino inevitable. Perú podría despertar, podría resolver su crisis política, podría empezar a construir instituciones serias, pero eso requiere un liderazgo que no aparece por ningún lado.
Mientras tanto, cada día que pasa es un día que México usa para consolidar su ventaja y Perú usa para destruirse a sí mismo. La decisión mexicana de apretar a Perú no es crueldad, es pragmatismo. México no tiene obligación de esperar a que Perú se arregle. México tiene obligación con sus propios ciudadanos de buscar los mejores socios posibles y Perú ha dejado de ser un buen socio.
Amigos, el análisis está completo. La decisión de México que aprieta a Perú es clara. No es una conspiración. No es una traición personal, es la consecuencia lógica de décadas de decisiones diferentes. México eligió mantener opciones. Perú eligió la ortodoxia ciega. México eligió construir instituciones imperfectas, pero funcionales.
Perú eligió destruir las suyas en guerras políticas estériles. México eligió mirar hacia adelante. Perú eligió quedarse peleando el pasado. Y ahora las consecuencias deesas elecciones están a la vista de todos. Perú está en una encrucijada existencial. Tiene dos caminos. El primer camino es la resignación. Aceptar el rol de proveedor de materias primas para China.
Conformarse con exportar piedras mientras otros exportan tecnología. Ver como México y Chile lideran el Pacífico desde la barrera. Ese camino es fácil, no requiere valentía, solo requiere seguir haciendo lo mismo que se ha hecho durante 30 años. El segundo camino es la reconstrucción nacional. Dejar de pelear entre facciones, construir un consenso mínimo sobre las reglas del juego.
Invertir en las capacidades que el futuro requiere. Ese camino es difícil. Requiere que las élites peruanas sacrifiquen sus intereses de corto plazo por el bien del país. Requiere que la clase política deje de verse como enemigos mortales y empiece a verse como competidores democráticos. Pero es el único camino hacia la relevancia.
México le está mostrando a Perú que se puede, que se puede tener problemas y aún así avanzar, que se puede tener debates internos feroces y aún así mantener la estabilidad básica, que se puede ser un país imperfecto y aún así ser tomado en serio. La pregunta es si Perú va a aprender la lección o va a seguir autodestruyéndose mientras México le pasa por encima.
Amigos peruanos, no esperen que México los rescate. México los ve como lo que ustedes se han convertido. Un socio no confiable. No esperen que Estados Unidos los rescate. Washington tiene otras prioridades. No esperen que China los rescate. Beijing los ve como una mina, no como un socio.
La única salida es rescatarse ustedes mismos. Es dejar de pelear y empezar a construir. Es recuperar el orgullo nacional que alguna vez tuvieron. El experimento de la apertura sin instituciones ha terminado. Los resultados están a la vista. No funcionó. Ahora les toca a ustedes decidir si quieren seguir siendo el ejemplo de lo que no hay que hacer o si quieren levantarse y construir algo diferente.
Chile lo hizo después de Pinochet. Colombia lo está haciendo después de la guerra. México lo está haciendo a su manera. ¿Cuándo lo va a hacer Perú? El reloj corre, el mundo no espera y cada día que pasa, México aprieta un poco más mientras Perú sigue sin poder respirar. La decisión ya se tomó, el apretón ya comenzó. Ahora solo queda ver si Perú tiene la capacidad de liberarse o si se queda asfixiado mientras sus vecinos construyen el futuro sin él.
Amigos, esa es la realidad dura, pero necesaria de escuchar. El que tenga oídos para oír, que oiga.