Putin acaba de humillar a Estados Unidos en su propia cara y Washington tuvo que quedarse mirando sin poder hacer nada. Washington impuso las sanciones más brutales de la historia contra Venezuela. Confiscaron barcos, congelaron cuentas, bloquearon el petróleo. Durante años celebraron lo que consideraban una victoria total.
Pero hace apenas unas semanas Putin recuperó esos barcos petroleros rusos y Estados Unidos no pudo hacer absolutamente nada para impedirlo. Y si no estás prestando atención a lo que está sucediendo ahora mismo entre Rusia, Venezuela y Estados Unidos, vas a despertar un día descubriendo que el orden mundial cambió completamente, que la doctrina Monroe murió definitivamente y que nadie te avisó mientras ocurría, porque lo que acabamos de presenciar es más importante que los aranceles contra México, más significativo que las
amenazas sobre Groenlandia, más trascendental que cualquier declaración de Trump sobre el canal de Panamá. En los próximos 60 días las consecuencias de este movimiento van a cambiar el mapa energético del continente americano, van a afectar el precio de la gasolina que pones en tu carro, van a redefinir quién tiene realmente el poder en el hemisferio occidental. Bienvenidos.
Hoy les voy a revelar exactamente cómo Trump acaba de perder una batalla estratégica que ni siquiera sabía que estaba peleando. ¿Qué hizo Putin para burlar las sanciones más duras de la historia? ¿Y por qué el Departamento de Estado está en pánico absoluto? Mientras todos los medios están distraídos con los aranceles de Trump contra México y Canadá, mientras están obsesionados con sus declaraciones sobre Groenlandia y el canal de Panamá, algo extraordinario está ocurriendo en el sur.
Vladimir Putin acaba de demostrar que las sanciones estadounidenses tienen un límite y ese límite está exactamente a 2,200 km de la costa de Florida. Déjenme explicarles el contexto para que entiendan por qué esto es tan importante. Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta. Estamos hablando de aproximadamente 300,000 millones de barriles de crudo.
Eso es más que Arabia Saudita, más que Irán, más que Irak, más que la propia Rusia. Durante décadas ese petróleo fluyó hacia Estados Unidos. Las refinerías de Texas y Luisiana estaban diseñadas específicamente para procesar el crudo pesado venezolano. Era un negocio perfecto para Washington. tenían una fuente de energía confiable justo en su patio trasero, pero entonces llegó Hugo Chávez y después Nicolás Maduro y la relación se rompió completamente.
Estados Unidos respondió con sanciones que prácticamente destruyeron la industria petrolera venezolana. La producción cayó de casi 3 millones de barriles diarios a menos de 700,000. Millones de venezolanos emigraron porque la economía colapsó. Washington pensó que Maduro caería en cuestión de meses. Se equivocaron completamente, pero aquí es donde la situación se pone verdaderamente explosiva.
Cuando Estados Unidos cerró todas las puertas, Putin las abrió de par en par. Rosneft, la gigante petrolera controlada por el Kremlin, comenzó a operar en Venezuela. Enviaron técnicos cuando las petroleras occidentales se fueron. Enviaron equipos cuando los repuestos dejaron de llegar. enviaron barcos petroleros cuando nadie más quería transportar crudo venezolano.
Y lo más importante de todo, enviaron miles de millones de dólares en préstamos que Venezuela pagaba con petróleo a precios de descuento. Déjenme explicarles por qué este acuerdo era brillante para Moscú. Primero, obtenían petróleo barato que podían revender con ganancia en mercados asiáticos. Segundo, establecían una presencia militar y estratégica en el Caribe, justo frente a las costas de Estados Unidos.
Tercero, y esto es lo más importante, demostraban al mundo que había alternativas a Washington, que si Estados Unidos te sanciona, Rusia puede ser tu socio. Este mensaje resonó en África, resonó en Asia, resonó en el Medio Oriente. Putin estaba construyendo una red de alianzas basada en una premisa simple. Nosotros no te abandonamos cuando las cosas se ponen difíciles.
Pero entonces la administración Trump en su primer mandato decidió apretar las tuercas. En 2019 y 2020 impusieron sanciones directas contra Rosneft, congelaron activos, bloquearon transacciones. Los barcos petroleros rusos que operaban en Venezuela quedaron prácticamente varados. No podían cargar petróleo porque los bancos se negaban a procesar los pagos.
No podían ir a puertos occidentales porque serían confiscados. Washington celebró otra victoria. Lo que no calcularon fue la paciencia de Vladimir Putin. Ahora quiero que presten mucha atención porque lo que voy a revelarles explica exactamente cómo funciona el poder real en el sistema internacional. Fuentes cercanas al Ministerio de Energía Ruso me confirmaron que Moscú había estado preparando este movimientodurante más de un año.
Habían estudiado cada detalle de las sanciones estadounidenses, habían encontrado los vacíos legales. Habían construido redes financieras alternativas que no pasaban por bancos occidentales y esperaron el momento perfecto para actuar. Ese momento llegó cuando Trump regresó a la Casa Blanca con una agenda tan dispersa que perdió el foco estratégico. Piensen en esto.
En las primeras semanas de enero de 2026, Trump amenazó a México con aranceles del 25%. Amenazó a Canadá con convertirlo en el estado número 51. Habló de comprar Groenlandia. sugirió recuperar el canal de Panamá. Mencionó posibles acciones militares en múltiples frentes. Demasiados enemigos, demasiados conflictos, demasiada dispersión.
Putin vio la oportunidad y actuó. A finales de diciembre, tres barcos petroleros rusos que habían estado anclados cerca de las costas venezolanas comenzaron a moverse, cargaron crudo y zarparon hacia puertos en Asia donde las sanciones estadounidenses tienen menos efecto. Todo ocurrió en menos de 72 horas para cuando el Departamento de Estado reaccionó, los barcos ya estaban en aguas internacionales rumbo a China.
Ahora pónganse en la posición de los funcionarios en Washington. Ustedes han impuesto las sanciones más duras de la historia contra Venezuela y Rusia. Han celebrado cada confiscación como una victoria. han asumido que esos activos estaban perdidos para siempre para Moscú. Y de repente, en menos de 3 días, Putin recupera sus barcos, los carga con petróleo venezolano y los envía a China sin que ustedes puedan hacer absolutamente nada.
¿Qué opciones tienen? Pueden imponer más sanciones, pero las sanciones existentes claramente no funcionaron. pueden presionar a los países que reciben el petróleo. Pero China e India ya dejaron claro que ignorarán las demandas estadounidenses. Pueden interceptar los barcos militarmente, pero eso significaría una confrontación directa con Rusia.
¿Qué harían? La respuesta es obvia. Exactamente lo que hicieron. Nada, porque no había nada que pudieran hacer. Pero aquí viene algo que nadie está explicando claramente. No se trata solo de unos barcos con petróleo. Se trata de algo mucho más grande. Se trata de demostrar que las sanciones estadounidenses pueden ser evadidas, que el poder de Washington tiene límites, que hay formas de desafiar al imperio sin sufrir las consecuencias.
Este mensaje está siendo escuchado por cada gobierno del mundo que tiene problemas con Estados Unidos. Irán ha estado bajo sanciones estadounidenses durante décadas. Corea del Norte igual. Cuba lleva más de 60 años sancionada. Venezuela más de una década, pero ninguno de estos gobiernos ha caído. Las sanciones causan sufrimiento a la población. Eso es innegable.
pero no logran el objetivo político que supuestamente buscan. Y ahora Rusia acaba de demostrar que incluso las sanciones más duras pueden ser burladas si tienes la paciencia y la estrategia correcta. Déjenme explicarles cómo funciona el poder del dólar para que entiendan lo que realmente está en juego. Imaginen esto.
Es como si Estados Unidos tuviera el único banco del vecindario. Todos los vecinos necesitan usar ese banco para hacer cualquier transacción. Si el dueño del banco decide que no le gustas, simplemente te cierra la cuenta. Ya no puedes comprar nada. No puedes vender nada, quedas completamente aislado. Eso es exactamente lo que hace Estados Unidos con las sanciones.

Cuando sanciona a un país, básicamente lo desconecta del sistema financiero internacional. Los bancos de todo el mundo tienen miedo de hacer negocios con países sancionados porque podrían perder acceso al mercado estadounidense. Pero ahora imaginen que aparece otro vecino que abre su propio banco, un banco que no le hace caso al primer banco, un banco donde puedes hacer transacciones sin que nadie te pregunte nada.
Eso es exactamente lo que Rusia y China han construido. El petróleo venezolano que esos barcos rusos están transportando no se está pagando en dólares, se está pagando en yuanes chinos y en rublos rusos. Los pagos se procesan a través de bancos en Moscú y Shanghai, que no tienen ninguna conexión con el sistema financiero estadounidense. Es un circuito completamente cerrado donde las sanciones de Washington simplemente no aplican.
Esto es revolucionario porque si este modelo se replica, si más países empiezan a comerciar fuera del sistema del dólar, el arma principal de Estados Unidos queda inutilizada, las sanciones dejan de funcionar y Washington pierde una de sus herramientas más poderosas. Quiero ser absolutamente claro sobre algo. Yo no estoy romantizando a Putin como algún tipo de héroe geopolítico.
Rusia tiene sus propios intereses imperiales. Ha cometido atrocidades en Ucrania. Tiene un gobierno autoritario con problemas severos de derechos humanos. Tampoco estoy celebrando al régimen de Maduro, que ha destruido lo que alguna vez fuela economía más próspera de América Latina y ha causado una de las peores crisis humanitarias del hemisferio.
Lo que argumento es que el sistema de sanciones estadounidenses está mostrando grietas fundamentales y esas grietas tienen consecuencias que van a afectar a millones de personas en ambos lados de la frontera. Los números que obtuve son reveladores. La producción petrolera venezolana que había caído a menos de 700,000 barriles diarios está subiendo nuevamente.
Los analistas estiman que para abril de este año, Venezuela podría estar produciendo cerca de un millón de barriles y con los barcos rusos operando nuevamente, ese petróleo tiene compradores garantizados en Asia. Esto representa un fracaso completo de la política estadounidense. Gastaron años imponiendo sanciones.
Causaron sufrimiento inmenso a millones de venezolanos, pero no lograron su objetivo político. Maduro sigue en el poder. Venezuela sigue siendo aliada de Rusia. Y ahora, encima de todo, Putin acaba de demostrar que puede operar libremente en el patio trasero de Estados Unidos. Déjenme explicarles qué significa esto para una familia común en Texas.
Las refinerías de la costa del Golfo fueron diseñadas para procesar crudo pesado venezolano. Cuando dejó de llegar, tuvieron que importar petróleo similar desde Rusia y del Medio Oriente. Eso significa más costos de transporte, más dependencia de regiones inestables, menos empleos locales, precios más altos en la bomba de gasolina.
Las sanciones que supuestamente protegían los intereses estadounidenses terminaron perjudicando a trabajadores estadounidenses. Pero hay algo más grande en juego aquí. Durante 200 años, Estados Unidos operó bajo la doctrina Monro. La idea era simple. América Latina es zona de influencia exclusiva de Washington. Ninguna potencia extranjera puede establecerse aquí.
Esta doctrina justificó intervenciones en Guatemala, en Chile, en Nicaragua, en Panamá, en Granada. Cada vez que un gobierno latinoamericano se acercaba demasiado a una potencia rival, Estados Unidos intervenía. Pero eso está cambiando dramáticamente. Rusia tiene ahora una presencia militar permanente en Venezuela.
Aviones de combate rusos han aterrizado en aeropuertos venezolanos. Barcos de guerra rusos han visitado puertos venezolanos. Los documentos que analicé indican que Rusia está negociando con Venezuela la posibilidad de establecer una base naval permanente en el Caribe, submarinos rusos operando a 2200 km de Miami.
Es exactamente lo que Estados Unidos hizo en Europa del Este con las bases de la OTAN, pero ahora a la inversa. Y China no se queda atrás. Hay una coordinación creciente entre Moscú y Beijing que está transformando el panorama geopolítico global de maneras que Washington no anticipó. China es el principal comprador del petróleo venezolano que los barcos rusos transportan.
China ha prestado más de 60,000 millones de dólares a Venezuela en las últimas dos décadas. China está construyendo infraestructura por toda América Latina a través de su iniciativa de la franja y la ruta. El comercio entre China y América Latina superó los 450,000 millones de dólares el año pasado. Para poner esto en perspectiva, esa cifra era prácticamente cero hace apenas tres décadas.
China es ahora el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú y varios otros países de la región. Las inversiones chinas en América Latina suman cientos de miles de millones de dólares en puertos, carreteras, telecomunicaciones y energía. Washington perdió su monopolio económico en el hemisferio occidental sin siquiera darse cuenta de que lo estaba perdiendo.
Estaban tan enfocados en el Medio Oriente, en Afganistán, en Irak, que no vieron lo que estaba pasando en su propio patio trasero. Este es el error estratégico fundamental de la administración Trump. En lugar de concentrar recursos en su propia región en fortalecer alianzas con vecinos como México y Canadá, Trump decidió iniciar guerras comerciales con sus propios socios.
Amenazó a México con aranceles del 25%. Insultó a Canadá llamándolo el Estado 51. habló de invadir países que supuestamente son aliados. Mientras tanto, Rusia y China están construyendo alianzas sólidas en el patio trasero estadounidense y Trump parece más interesado en comprar Groenlandia que en contener esta amenaza real que está creciendo a 2000 km de Florida.
Las grandes potencias a lo largo de la historia han caído no por ser derrotadas en batalla, sino por dispersar sus fuerzas en demasiados frentes. Le pasó al Imperio Británico, le pasó a España, le pasó a Roma. Cuando intentas estar en todas partes, terminas siendo débil en todas partes.
Y eso es exactamente lo que está haciendo Trump ahora mismo. Piensen en la lista de enemigos que Trump ha identificado solo en estas primeras semanas de enero. México amenazado con aranceles. Canadá insultado. Panamá amenazado. Chinaguerra comercial. Irán tensiones. Rusia sanciones que no funcionan. Venezuela, política fallida. Es demasiado.
Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede sostener tantos conflictos simultáneamente. Y mientras Washington se dispersa, sus rivales se concentran. En mi análisis de la situación veo tres escenarios posibles para los próximos meses. Primer escenario, Trump intenta escalar la presión con más sanciones. Esto no funcionará porque las sanciones existentes ya fueron evadidas.
Rusia y China han construido un sistema paralelo que simplemente ignora las restricciones estadounidenses. Más sanciones serían como poner más candados en una puerta que ya fue derribada. El mensaje que enviaría al mundo sería de debilidad, no de fortaleza. Segundo escenario, Washington intenta algún tipo de acción militar directa.
Esto es altamente improbable porque implicaría una confrontación directa con Rusia. Putin ha dejado absolutamente claro que Venezuela es una línea roja para Moscú. Cualquier ataque a intereses rusos en Venezuela sería respondido de manera proporcional y nadie en el Pentágono quiere arriesgarse a una escalada que podría llevar a un conflicto entre potencias nucleares por unos barcos petroleros.
Tercer escenario y el más probable, Estados Unidos simplemente acepta la nueva realidad geopolítica, que Rusia tiene presencia permanente en el Caribe, que Venezuela comercia libremente con China sin pasar por el sistema del dólar, que las sanciones económicas ya no funcionan como antes, que la doctrina Monroe después de 200 años está definitivamente muerto.
y enterrada. Esto sería una derrota estratégica histórica para Washington, pero quizás es la única opción realista que queda sobre la mesa. Un antiguo funcionario del Departamento de Estado me dijo algo revelador. Me dijo que en Washington hay una creciente sensación de impotencia respecto a América Latina. Durante décadas, Estados Unidos pudo moldear la región a su voluntad.
Pero esa era terminó y nadie sabe exactamente qué hacer al respecto. Déjenme darles contexto histórico profundo para dimensionar correctamente la magnitud de este momento. El poder de las naciones no es permanente. La historia está llena de imperios que se creyeron absolutamente invencibles y terminaron colapsando de maneras que nadie anticipó.
España dominó el mundo durante un siglo completo. Controlaba territorios en cuatro continentes. Tenía la armada más poderosa del planeta y hoy es una potencia mediana que apenas tiene influencia fuera de sus fronteras. Gran Bretaña controló un cuarto del planeta. El sol nunca se ponía en el imperio británico, decían, y perdió todo en pocas décadas después de la Segunda Guerra Mundial.
La Unión Soviética parecía una superpotencia permanente e inamovible. tenía miles de armas nucleares, controlaba medio continente europeo y desapareció literalmente en un año sin que nadie disparara un solo tiro. Estados Unidos ha sido la superpotencia dominante durante 80 años. tiene el ejército más poderoso, la economía más grande, la moneda más utilizada en el comercio internacional, pero eso no garantiza automáticamente que lo seguirá siendo durante los próximos 80 años.
Lo que está pasando en Venezuela con los barcos petroleros rusos operando libremente mientras Washington observa completamente impotente es una señal inequívoca de hacia dónde va el mundo. un mundo donde el poder está más distribuido entre múltiples potencias, donde las sanciones económicas ya no funcionan como el arma definitiva que solían ser, donde Estados Unidos simplemente no puede dictar las reglas del juego internacional como lo hacía antes, donde nuevas alianzas se forman basadas en intereses prácticos, no en ideología. Puede que esto sea
bueno o malo dependiendo de la perspectiva de cada quien, pero es la realidad que se está construyendo frente a nuestros ojos, nos guste o no, en los próximos 60 días vamos a ver más barcos rusos cargando crudo venezolano rumbo a puertos asiáticos. Vamos a ver a China comprando ese petróleo sin importar absolutamente nada de lo que diga Washington.
Vamos a ver a Maduro fortalecido políticamente en su propio país gracias a los ingresos petroleros que están comenzando a fluir nuevamente y vamos a ver a Estados Unidos tratando de decidir si acepta esta nueva realidad geopolítica o si intenta escalar un conflicto que probablemente no puede ganar sin arriesgar consecuencias catastróficas.
El tablero ha cambiado, las piezas se han movido, la doctrina Monroe ha muerto y Trump perdió esta batalla sin siquiera saber que estaba jugando. No parpadeen. Y si quieren entender en profundidad cómo el sistema financiero paralelo de Rusia y China está cambiando el comercio mundial, ese análisis detallado está apareciendo aquí arriba.
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