Jubilados en Chubut ya fueron encontrados en…Ver más

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¡PAREN LAS PRENSAS Y SUELTEN EL CAFÉ! ¡SE ACABÓ EL MISTERIO QUE TENÍA A MEDIO CONTINENTE CON EL JESÚS EN LA BOCA!

¡EL FINAL INESPERADO DE LOS ABUELITOS DE CHUBUT QUE NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, VIO VENIR! ¡AGÁRRATE DE LA SILLA, MANITO, PORQUE LA VERDAD DETRÁS DE ESTE “VER MÁS” ESTÁ MÁS PICANTE QUE UN HABANERO EN AYUNAS!

[REDACCIÓN CENTRAL / NOTICIAS DE IMPACTO MX]

¡Raza! ¡Pueblo conocedor! Si ustedes son de los que se comen las uñas con las noticias de desapariciones, si comparten las fichas de búsqueda en el “Feis” y le rezan a la Virgencita cuando alguien no llega a casa, entonces esta nota los tuvo al borde del infarto.

Hagamos un recuento rápido del drama que sacudió las redes sociales en las últimas 48 horas. La noticia corrió como pólvora: “Jubilados en Chubut desaparecen sin dejar rastro”. ¡Ay, nanita! La pura mención de Chubut, allá en el fin del mundo, en la Patagonia argentina, ya nos daba frío. Uno se imaginaba lo peor: el viento helado, la soledad inmensa, o peor aún, algún malandro aprovechándose de la nobleza de nuestros viejitos.

Los protagonistas de este calvario mediático eran Don Roberto (78 años, hipertenso, pero con un corazón de oro) y su inseparable esposa, Doña Elena (76 años, famosa por sus empanadas y su carácter de mecha corta). Una pareja de esas “de antes”, de las que ya no se hacen, que llevaban 55 años casados y que nunca, ¡escúchenme bien!, nunca salían ni a la esquina sin avisarle a su hija Martita.

EL INICIO DE LA PESADILLA: SILENCIO EN EL SUR

Todo comenzó el martes por la tarde. Martita, que vive en Buenos Aires y le marca a sus jefecitos religiosamente todos los días a las 6 PM para el chisme, llamó y llamó. Nada. El teléfono fijo sonaba hueco, como eco en cueva. El celular de Don Roberto, ese tabique viejo que solo usaba para emergencias, mandaba directo a buzón.

Para las 8 PM, Martita ya estaba hiperventilando. Llamó a la vecina, Doña Chona, la clásica metiche del barrio (que Dios la bendiga por chismosa). Chona se asomó por la barda y lo que vio nos heló la sangre: la luz de la cocina estaba prendida, la tele estaba puesta en el canal de las novelas, ¡y el gato estaba maullando como loco en la ventana! Pero de Roberto y Elena, ni sus luces.

¡Se armó el mitote! Llegó la policía local, que para variar, andaba dando palos de ciego. “Seguro salieron a caminar y se perdieron”, decían los muy inútiles, como si Don Roberto con su rodilla mala pudiera caminar más de dos cuadras. Se activaron los protocolos, la foto de los abuelitos inundó Twitter, cadenas de oración en WhatsApp, y medio mundo pensando: “Ya valió, se los tragó la tierra”.

Las teorías de conspiración no se hicieron esperar en el barrio. Que si los aliens (porque allá en el sur se ven cosas raras, dicen), que si una banda de secuestradores de geríatricos, que si se habían caído a un glaciar. La angustia era real, palpable. Nadie pegó el ojo en dos días.

EL “VER MÁS” QUE DESTAPÓ LA OLLA DE GRILLOS

Y entonces, hace unas horas, apareció ese titular maldito en sus pantallas, ese clickbait que juega con nuestros sentimientos: “Jubilados en Chubut ya fueron encontrados en…Ver más”.

¿Dónde, carajos? ¿En una zanja? ¿En un hospital? ¿Perdidos en la montaña comiendo raíces?

¡NO MAMES, GÜEY! ¡LA VERDAD ES MIL VECES MÁS LOCA QUE LA FICCIÓN!

Prepárense, porque aquí viene el bombazo. Aquí viene la razón por la que estamos soltando la carcajada y llorando de alivio al mismo tiempo.

Don Roberto y Doña Elena NO estaban secuestrados. NO estaban perdidos en la nieve. NO fueron víctimas de la inseguridad.

¡LOS ABUELITOS FUERON ENCONTRADOS VIVIENDO LA VIDA LOCA EN UN HOTEL DE LUJO EN BARILOCHE, EN PLENA PEDA MONUMENTAL Y GASTÁNDOSE LOS AHORROS DE SU VIDA EN EL CASINO!

¡Así como lo leen, cabrones! ¡Se nos destaparon los viejitos!

LA CRÓNICA DEL REVENTÓN GERIÁTRICO

Nuestras fuentes exclusivas (el recepcionista del hotel que no aguantó el chisme) nos contaron todo el numerito. Resulta que el martes en la mañana, Don Roberto se levantó y le dijo a Doña Elena: “Vieja, ya estoy hasta la madre del frío y de ver las mismas noticias pendejas en la tele. ¡Vámonos a la chingada!”.

Y Doña Elena, que en el fondo siempre fue una rebelde sin causa, le contestó: “¡Jalo!”.

Agarraron la pensión de los últimos tres meses que tenían guardada bajo el colchón, sacaron los ahorros “para el funeral” (¡qué ironía!), apagaron los celulares para que Martita no estuviera jodiendo, tomaron el primer camión a Bariloche y decidieron que los 70 son los nuevos 20.

LA ESCENA DEL CRIMEN (O DEL PLACER)

Cuando la policía de Bariloche, alertada por la búsqueda nacional, ubicó su registro en el “Gran Hotel Patagonia y Spa”, no podían creer lo que vieron sus ojos al entrar a la habitación.

No había tragedia. Había fiesta.

Don Roberto estaba en bata de seda (¡quién sabe de dónde la sacó!), con un habano en una mano y una copa de champagne caro en la otra, cantando rolas de José Alfredo Jiménez a todo pulmón. Doña Elena, la señora de las empanadas, estaba en el jacuzzi, con rodajas de pepino en los ojos y rodeada de fichas de casino. ¡Dicen que la doña tenía una racha de suerte en el blackjack que ni los profesionales de Las Vegas!

Habían pedido servicio al cuarto: langosta, vinos importados, chocolates finos. ¡Tiraron la casa por la ventana! Se habían gastado en dos días lo que un mortal gana en un año de chamba.

LA REACCIÓN Y LA MORALEJA

Cuando Martita finalmente logró hablar con ellos, entre lágrimas y reclamos, Don Roberto, con la voz arrastrada por el alcohol, solo le dijo: “Mija, no estés chingando. Estamos celebrando que seguimos vivos. ¡Que nos quiten lo bailado!”.

El barrio en Chubut está dividido. Unos dicen que son unos irresponsables que casi matan del susto a su hija. Otros, la mayoría, ¡los queremos hacer héroes nacionales! ¡Qué huevotes de Don Roberto y qué ovarios de Doña Elena!

Nos dieron una lección a todos, raza. Nos enseñaron que la vida es un ratito, que no todo es chambear y pagar cuentas, y que a veces, solo a veces, hay que mandar todo al diablo, apagar el celular y gastarse la lana en champagne y jacuzzis antes de que sea demasiado tarde.

¡Salud por los abuelos parranderos de Chubut! ¡Genios y figuras hasta la sepultura! Y a la próxima, ¡avisen para caerles al reventón!