J0venes desafiar0n a p0licías y le entraron con tod0… Ver más

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¡PÁRENLE A SUS PRENSAS, MI RAZA! ¡SUELTEN EL BOLILLO PA’L SUSTO PORQUE ESTO SE PUSO COLOR DE HORMIGA!

TÍTULO EXPLOSIVO: ¡ZAFARRANCHO EN EL BARRIO! LA NOCHE QUE LA “CHAVIZA” PERDIÓ EL RESPETO Y LA CALLE SE VOLVIÓ ZONA DE GUERRA. ¡J0VENES DESAFIAR0N A P0LICÍAS Y LE ENTRARON CON TOD0 EN UNA BATALLA CAMPAL QUE HIZO TEMBLAR A LA “TIRA”!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Lo que comenzó como una “fiestecita tranqui” banquetera terminó en un infierno de botellazos, piedras y correderas. Los uniformados, superados en número 20 a 1, tuvieron que pedir esquina mientras la plebe enardecida les demostraba que esa noche, la ley no traía placa. ¡Tenemos la crónica roja, cruda y sin censura de la trifulca que tiene a media ciudad con el Jesús en la boca!


POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA POLICIACA URBANA

CIUDAD DE LA FURIA, MÉXICO.– ¡Ay, nanita! Si ustedes pensaban que ya lo habían visto todo en este México mágico y caótico, agárrense de donde puedan porque la noche de ayer se escribió un nuevo capítulo en el libro de la anarquía urbana. Esa notificación que les llegó al celular, esa imagen granulada que prometía el caos con la frase “J0venes desafiar0n a p0licías y le entraron con tod0… Ver más”, no era un simple clickbait, mis valedores. Era la punta del iceberg de un verdadero desmadre que se vivió en las entrañas de una de las colonias más bravas de la periferia.

Aquí no venimos a dorarles la píldora. Aquí les traemos la neta del planeta, el chisme caliente directo del asfalto donde todavía huele a pólvora quemada, cerveza derramada y miedo azul.

EL CALDO DE CULTIVO: CALOR, CAGUAMAS Y REGGAETÓN A TODO VOLUMEN

Todo pintaba para ser un sábado cualquiera en la colonia “El Polvorín” (nombre cambiado pa’ proteger a los inocentes… y a los culpables). El calor estaba perro, de ese que te pega la camisa al cuerpo, y la banda había decidido que la mejor forma de combatirlo era sacando las bocinas a la banqueta y destapando unas “caguamones” bien helodias.

Eran eso de las 11:00 de la noche. El perreo estaba en su punto máximo, el humo de dudosa procedencia nublaba el ambiente y la “jovenada” –una mezcla explosiva de chacales, fresas de barrio y morritos que apenas les sale el bigote– estaba en pleno apogeo. Se calcula que había más de 150 almas (y varios cartones de chela) reunidos en ese cruce de calles que se había convertido en pista de baile clandestina.

La cosa estaba “a gusto”, dirían algunos. Pero ya saben, en este país la felicidad del pobre dura poco. Algún vecino amargado, de esos que no les gusta que la raza se divierta (o que ya no aguantaba el “Tusa” por vigésima vez), se le ocurrió la brillante idea de echarle un fonazo al 911. ¡Grave error, mi compa!

EL DETONANTE: LLEGA “LA JUSTICIA” Y SE ARMA LA GORDA

A eso de las 11:45 PM, las luces rojas y azules de una patrulla solitaria de la policía municipal pintaron las fachadas de las casas. Eran la unidad MX-404, tripulada por dos oficiales que, la neta, no sabían en la boca del lobo en la que se estaban metiendo.

Según los testigos (Doña pelos la de las quesadillas, que nunca cierra), los oficiales bajaron con esa actitud de “aquí mando yo”. El oficial al mando, un veterano con cara de pocos amigos, se acercó al grupo principal y les ordenó, con un tono que no invitaba al diálogo, que apagaran la música y “le llegaran a sus cantones”.

¿Y qué creen que pasó, mi gente? ¿Que los muchachos dijeron “sí, señor oficial, ahorita nos vamos”? ¡JA! ¡No mames!

La respuesta fue un silencio tenso de tres segundos, seguido de una rechifla monumental que se escuchó hasta la otra colonia. Un chavo, de no más de 18 años, con la gorra de lado y los ojos inyectados por el alcohol, se le puso al brinco al oficial.

— “¡Bájale de huevos, mi ‘poli’! Aquí no estamos haciendo nada malo, es la vía pública, ¡ese!”, le soltó el morro, mientras sus compas empezaban a hacer bolita alrededor de los uniformados.

El ambiente se puso más tenso que calzón de luchador. Los policías, sintiéndose acorralados y viendo que los superaban gacho en número, cometieron el segundo error de la noche: intentar detener al bocón. Sacaron las esposas y ahí fue cuando Troya ardió.

¡SE SOLTÓ EL DIABLO! LLUVIA DE PROYECTILES Y PATADAS VOLADORAS

El grito de guerra fue unánime: “¡A LOS PUERCOS NO SE LES RESPETA HOY!”.

La frase del clickbait se quedó corta, banda. “Le entraron con todo” es poco. Aquello se convirtió en una escena de película de guerra medieval, pero con botellas de vidrio en lugar de flechas.

El cielo se oscureció con una lluvia de envases vacíos de caguama, piedras arrancadas del pavimento, latas llenas y hasta un gato que pasaba por ahí salió volando (afortunadamente el michi cayó de pie y se peló). Los dos policías, superados por la turba iracunda, intentaron replegarse a la patrulla, pero ya era tarde.

Las imágenes que circulan en redes –esas que la tele fifí no te quiere pasar completas– muestran el caos absoluto. Un grupo de jóvenes, envalentonados por la masa, se subió al cofre de la patrulla y empezó a saltar como si fuera brincolín, aboyando la lámina mientras otros le reventaban los vidrios a pedradas.

Los oficiales, atrincherados detrás de la unidad, pedían refuerzos por el radio con la voz quebrada: “¡Central, nos están madreando! ¡Manden apoyo urgente a El Polvorín, esto se salió de control! ¡Repito, código rojo, nos están linchando!”.

Hubo intercambio de golpes. Algunos jóvenes, con más valor que cerebro, se liaron a puñetazo limpio con los agentes, que repartían macanazos a diestra y siniestra intentando defenderse. Se escucharon detonaciones. ¿Fueron cohetes o plomo? Hasta el momento nadie sabe, pero el olor a pólvora se mezcló con el de la adrenalina pura.

EL RESCATE: OPERATIVO TIPO “RAPIDO Y FURIOSO”

Fueron 20 minutos de terror para los uniformados. 20 minutos donde la autoridad no valió un cacahuate y la ley de la calle se impuso a base de madrazos.

Finalmente, el sonido de las sirenas inundó el barrio. No llegó una, ni dos patrullas. Llegó la caballería completa. Camionetas de la Guardia Nacional, patrullas estatales y hasta los de tránsito se sumaron al “rescate”. Un convoy de más de 30 unidades entró a la colonia con las torretas a todo lo que daban, como si fueran a detener al Chapo.

Al ver el tamaño del operativo, el valor de la “chaviza” se esfumó más rápido que la quincena. La turba se disolvió en segundos. Empezó la corredera por los callejones, azoteas y patios traseros.

Se soltaron un par de bombas de gas lacrimógeno para dispersar a los más necios, y la fiesta terminó entre tos, ojos llorosos y el sonido de las botas militares corriendo por el asfalto.

EL SALDO ROJO: CRUDA MORAL Y FÍSICA

Cuando el humo se disipó, la escena era dantesca. La calle parecía zona de desastre después de un huracán. Vidrios rotos por doquier, una patrulla municipal que parecía acordeón y el orgullo de la corporación policiaca por los suelos.

El saldo oficial, según el comunicado escueto de la Secretaría, fue de:

  • Dos policías municipales con contusiones severas, descalabrados y el uniforme hecho garras. Afortunadamente, la libraron.

  • Una patrulla pérdida total (que pagaremos nosotros con nuestros impuestos, claro está).

  • 15 detenidos, la mayoría menores de edad que ahorita están crudos y llorando en los separos, esperando a que sus mamás vayan a pagar la multa y a darles la chancliza de su vida.

  • Y un barrio que amaneció con el ojo morado y la pregunta en el aire: ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Esta es la crónica de la noche en que los jóvenes decidieron que ya no tenían miedo. La noche en que el respeto a la charola se perdió entre el alcohol y la furia colectiva. Una noche triste pa’ la ley, pero una noche que el barrio no va a olvidar pronto.

¡Pónganse truchas, mi raza! Que la calle está caliente y la mecha está muy corta. ¡Seguiremos informando desde donde se genera la noticia, aunque nos lluevan los botellazos! ¡Ahí nos vidrios!