Hombre fue as3sin4d0 a b@la junto a su cuerpø fue dejado un panfl… Ver más

¡BAÑO DE SANGRE AL AMANECER! LO COSIERON A PLOMO Y LE DEJARON UN “RECADITO” DEL INFIERNO: EL PANFLETO QUE TIENE TEMBLANDO A TODO EL BARRIO Y QUE LAS AUTORIDADES NO QUIEREN QUE VEAS
[REDACCIÓN/LA NOTA ROJA AL MOMENTO]
CIUDAD DE MÉXICO.– La huesuda madrugó hoy y se presentó con su guadaña afilada en las calles de nuestra ciudad, cobrándose una vida más de la manera más brutal y despiadada posible. El rugir de las armas de fuego rompió el silencio de la madrugada, despertando a los vecinos con el sonido inconfundible de la muerte tocando a la puerta. Un hombre, hasta el momento no identificado, fue literalmente “cosido” a balazos en un ataque directo que huele a ajuste de cuentas de alto nivel, dejando un escenario dantesco que ha conmocionado incluso a los policías más curtidos en este tipo de tragedias.
Pero el horror no terminó con el último casquillo percutido humeando en el frío asfalto. No, señores. Lo que realmente ha desatado el pánico, lo que tiene a las autoridades con los pelos de punta y a los vecinos encerrados a piedra y lodo en sus casas, es lo que los sicarios dejaron junto al cadáver. Un mensaje. Un “panfleto” del terror.
La imagen que encabeza esta nota, censurada por los algoritmos de las redes sociales que no soportan la cruda realidad de nuestro México bárbaro, apenas nos deja ver el inicio de la tragedia: “Hombre fue as3sin4d0 a b@la junto a su cuerpø fue dejado un panfl… Ver más”. Nosotros, que no tenemos miedo de contarte la neta del planeta, te traemos los detalles escalofriantes de ese “Ver más” que te helará la sangre.
CRÓNICA DE UNA EJECUCIÓN ANUNCIADA
Eran aproximadamente las 4:30 de la madrugada cuando el diablo se soltó en la colonia [Nombre ficticio de colonia popular], una zona que, seamos honestos, ya está acostumbrada a que las balas zumben más seguido que los mosquitos. Según los pocos valientes que se atrevieron a asomar la nariz tras las cortinas, se escuchó primero el rechinido de llantas, probablemente de una camioneta o un vehículo de alto cilindraje, frenando de golpe.
Acto seguido, la tormenta de plomo. No fueron dos ni tres tiros. Testigos aseguran que se escuchó una ráfaga intensa, el tableteo inconfundible de armas largas, seguido de varios disparos secos, de esos que llaman “el tiro de gracia”, para asegurar que el trabajo estuviera bien hecho.
La víctima, un masculino de aproximadamente 30 a 35 años de edad, de complexión robusta y que vestía pantalón de mezclilla y una sudadera oscura con capucha, no tuvo ni media oportunidad. Cayó fulminado sobre la banqueta, su cuerpo absorbiendo el impacto de múltiples proyectiles de grueso calibre. La vida se le escapó en segundos, dejando un charco carmesí que se extendía lentamente, manchando la acera.
EL MANTO AZUL DE LA MUERTE Y LA LEY DEL SILENCIO
Minutos después, como suele suceder, cuando ya el olor a pólvora se mezclaba con el sereno de la mañana, llegaron las primeras patrullas. Las torretas azules y rojas iluminaban la escena del crimen de forma intermitente, dándole un aspecto casi irreal, macabro.
Los elementos de la policía municipal, primeros respondientes, procedieron a realizar el protocolo de siempre: confirmar que el sujeto ya no tenía signos vitales (algo evidente por la brutalidad del ataque) y colocar esa sábana o manta azul quirúrgica sobre el cuerpo, ese manto que se ha convertido en el sudario urbano de miles de víctimas en este país. Acordonaron la zona con la infame cinta amarilla que dice “PRECAUCIÓN – PROHIBIDO EL PASO”, estableciendo un perímetro para que los curiosos no contaminaran la escena, aunque el daño ya estaba hecho.
Y ahí, en ese momento, comenzó a operar la “Ley del Silencio”. Cuando los oficiales preguntaban “¿Alguien vio algo? ¿Vieron el carro? ¿Cuántos eran?”, la respuesta fue el mutismo absoluto. Nadie vio nada. Nadie oyó nada. El miedo es el verdadero dueño de estas calles. “Oiga, jefe, yo nomás oí los truenos y me metí abajo de la cama, no quiero broncas”, es la frase estándar.
EL “PANFLETO”: LA VERDADERA BOMBA DE TIEMPO
Pero volvamos al punto crucial, a lo que la imagen cortada nos insinuaba. Mientras los peritos de la Fiscalía comenzaban a marcar los decenas de casquillos percutidos que quedaron regados como confeti de la muerte (se habla de calibres .223 y 9mm), uno de ellos se agachó cerca de la cabeza de la víctima.
Ahí, a escasos centímetros del charco de sangre, fijado quizás con una piedra o simplemente tirado con desprecio, estaba el objeto que ha cambiado la narrativa de este crimen de un simple homicidio a una alerta roja de seguridad.
Un panfleto. Una cartulina. Un “narcomensaje”.
El contenido exacto no ha sido revelado oficialmente por las autoridades, que buscan desesperadamente “no generar psicosis” (como si la realidad no fuera suficiente). Sin embargo, fuentes extraoficiales cercanas a la investigación, de esas que no se callan la boca, nos han filtrado la esencia de ese mensaje aterrador.
No era una simple amenaza. Era una declaración de guerra. Escrito con letras chuecas, con plumón negro grueso y una ortografía que denota rabia y urgencia, el mensaje no solo se adjudicaba la ejecución de este hombre —a quien señalaban con apodos denigrantes relacionados con el “chapulineo” (cambio de bando) o la venta de “cristal” en zona prohibida— sino que iba mucho más allá.
El panfleto contenía una “lista negra”. Nombres, apodos y hasta direcciones de los siguientes objetivos. Anunciaba una “limpia” en la zona, amenazando con que la sangre correría como río si los grupos rivales no abandonaban la plaza. Y lo peor: lanzaba advertencias directas contra mandos policiacos que, según los autores del mensaje, estarían protegiendo al bando contrario.
LA ESPERA DEL SEMEFO Y EL DOLOR DE UNA FAMILIA
Mientras el sol comenzaba a salir, iluminando la cruda escena, llegó la temida camioneta blanca del Servicio Médico Forense (SEMEFO). Los “levantamuertos”, con sus trajes blancos y rostros impasibles, procedieron a realizar la penosa tarea de destapar el cuerpo para las fotos periciales de rigor, antes de meterlo en la bolsa negra y subirlo a la unidad.
Fue entonces cuando el drama humano se hizo presente. Unos gritos desgarradores rompieron la tensa calma del lugar. Una mujer, presuntamente madre o esposa de la víctima, llegó corriendo, intentando romper el cerco policial. “¡Es mi hijo! ¡Déjenme verlo, maldita sea, es mi muchacho!”, gritaba entre sollozos, mientras dos oficiales intentaban contenerla sin mucho tacto. Sus lamentos se clavaban en el alma, recordándonos que detrás de cada “ejecutado” hay una familia destrozada.
¿QUÉ SIGUE AHORA? LA INCERTIDUMBRE REINA
El cuerpo ha sido trasladado al anfiteatro para la necropsia de ley, donde espera ser reclamado oficialmente. Mientras tanto, el “panfleto” ya está en los laboratorios de dactiloscopia, aunque todos sabemos que esos mensajes rara vez traen huellas útiles; son obra de profesionales del terror.
La pregunta que todos se hacen en el barrio es: ¿Y ahora qué? ¿Cumplirán las amenazas del panfleto? ¿Comenzará la cacería humana que anunciaron? Las autoridades han prometido reforzar la seguridad, enviar más patrullas, lo mismo de siempre. Pero la gente sabe que cuando cae la noche, están solos.
Este crimen no es solo una estadística más. El mensaje dejado junto al cuerpo es un recordatorio brutal de que en ciertas zonas de México, el Estado de Derecho es una fantasía, y la única ley que vale es la del plomo y la violencia más salvaje. Hoy cayó uno, pero el panfleto promete que la cuenta apenas comienza. ¡Dios nos agarre confesados!