El carro terminó arropado por las llamas …ver más

El carro terminó arropado por las llamas …ver más

 

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS, MI GENTE! ¡SUELTEN EL TACO, EL CHESCO Y AGÁRRENSE DE DONDE PUEDAN PORQUE ESTO ESTÁ QUE ARDE, LITERALMENTE!

TÍTULO EXPLOSIVO: ¡INFIERNO SOBRE RUEDAS EN PLENO PERIFÉRICO! LO QUE COMENZÓ COMO UN RUGIDO DE MOTOR TERMINÓ EN UNA BOLA DE FUEGO QUE TIENE A MEDIO MÉXICO CON EL JESÚS EN LA BOCA. ¿ACCIDENTE O “CALENTADITA” DEL CRIMEN? ¡DESTAPAMOS LA CLOACA DETRÁS DE LA IMAGEN QUE TE HELÓ LA SANGRE!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Esa notificación que te llegó al celular, esa foto granulada donde se ve un fierro retorcido escupiendo lumbre con la frasecita inocente “El carro terminó arropado por las llamas …ver más”, ES PURA CORTINA DE HUMO. Nosotros le dimos al “clic” prohibido, nos metimos hasta la cocina del diablo y te traemos la neta del planeta, cruda y sin censura, de la tragedia que huele a gasolina, traición y plomo.


POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA METROPOLITANA DESDE EL ASFALTO CALIENTE.

¡Qué tranza, banda chismosa y ávida de la verdad que duele!

Si hace rato sentiste que el tráfico se puso más pesado que de costumbre, que las sirenas aullaban como lobos en celo y que el aire de la capirucha olía más a chamuscado que puesto de garnachas quemadas, no estabas alucinando. La ciudad, nuestra jungla de concreto, acaba de ser testigo de una escena digna de Rápido y Furioso, pero en versión mexa, trágica y sin dobles de acción.

Todos vimos la foto. Un coche —o lo que quedaba de él— convertido en una antorcha humana, “arropado por las llamas” como dicen los poetas de la nota roja. Pero, ¿qué hay detrás de ese fuego purificador? ¿Quién iba adentro? Y lo más importante: ¿QUIÉN PRENDIÓ EL CERILLO?

Agárrense los calzones, porque la historia detrás del “ver más” está más densa que el humo negro que cubrió el segundo piso.

CRÓNICA DE UN ZAFARRANCHO ANUNCIADO: EL RUGIDO ANTES DEL SILENCIO

Todo pintaba para ser una tarde de martes cualquiera, con el godín promedio regresando a su cantón y el transporte público atascado. Pero el destino, ese que tiene un humor muy negro, tenía otros planes para el conductor de un BMW color negro mate, de esos que cuestan lo que tú y yo no vamos a ganar en diez vidas.

Eran las 6:30 PM, hora pico del desmadre. Testigos —la doñita de los dulces que todo lo ve, y el taxista que se la sabe de todas, todas— aseguran que el BMW no venía solo. No, señor. Venía “tendido como bandido”, zigzagueando entre los carriles como si trajera al mismísimo Chamuco pisándole los talones.

Detrás de él, dos camionetas Suburban, negras y sin placas (¡qué raro, verdad!), le venían haciendo corte de pastel. No era un paseo dominical; era una cacería en plena vía rápida. Se escucharon detonaciones. ¡PUM, PUM, PUM! No eran cohetes de la feria del pueblo, mi raza, era plomo caliente volando entre los coches de familias que nomás querían llegar a cenar.

EL MOMENTO CERO: CUANDO LA SUERTE SE ACABA Y LA GASOLINA SE ENCIENDE

El conductor del BMW, a quien en el bajo mundo de la maña apodaban “El Kike Fendi” (un alucín conocido por presumir pacas de billetes y botellas caras en Instagram), intentó una maniobra desesperada. Quiso meterse a la salida de San Antonio a más de 160 kilómetros por hora.

¡Grave error, papá! El control de tracción no hace milagros cuando el miedo te maneja. El coche derrapó, pegó contra el muro de contención con un estruendo que cimbró los edificios aledaños y rebotó como pinball.

Y ahí vino el infierno.

Dicen los expertos que el impacto rompió el tanque de gasolina. Otros, más malpensados, dicen que desde una de las Suburban aventaron algo… una “molotov”, una granada, quién sabe. El punto es que, en fracción de segundos, el lujo alemán se convirtió en una pira funeraria.

¡FUUUUM! Una bola de fuego naranja y negra se elevó al cielo. El calor era tan intenso que los coches de atrás tuvieron que frenar en seco, con los conductores tapándose la cara. Los gritos de horror de la gente se mezclaron con el crepitar de las llamas devorando la tapicería de piel y los plásticos caros.

LO QUE EL FUEGO NO PUDO ESCONDER: LA VERDAD INCÓMODA

Aquí es donde la puerca tuerce el rabo y donde el titular de “accidente” se cae a pedazos.

Cuando llegaron los heroicos bomberos, los “tragahumo”, a echarle agua al asunto, ya no había nada que hacer por “El Kike”. El coche estaba “arropado”, sí, pero por la muerte misma.

Sin embargo, lo interesante vino cuando enfriaron los fierros retorcidos. Los peritos de la Fiscalía, esos que llegan tarde pero con guantes blancos, encontraron algo en la cajuela que el fuego no alcanzó a consumir del todo, gracias a que estaba en una caja metálica de seguridad.

¿Qué había? No eran refacciones, mi gente.

Se habla, extraoficialmente (porque ya saben que la autoridad se hace la loca), de una fuerte suma de dinero en dólares, varios “ladrillos” de esos que no sirven para construir casas, y una lista. Una lista con nombres muy pesados de la política y la policía local.

LA TEORÍA DEL BARRIO: TRAICIÓN Y COBRO DE PISO

En las calles se dice que “El Kike Fendi” quiso jugar al vivo. Se dice que “chapulineó”, que quiso quedarse con una mercancía que no era suya o que le quiso ver la cara a un patrón muy pesado del norte. Y en este negocio, mi raza, la traición se paga con fuego.

Esas Suburban no lo querían detener; lo querían rostizar para mandar un mensaje claro: “Con la plaza no se juega”. El coche en llamas en pleno Periférico no fue un error de cálculo, fue un espectacular macabro, un aviso para todos los que andan en malos pasos.

EL SALDO ROJO Y EL MIEDO QUE SE QUEDA

Hoy, una familia llora a un hijo que prefirió el dinero fácil y la vida rápida. Hoy, el asfalto de nuestra ciudad tiene una mancha negra más, una cicatriz de la violencia que no nos suelta.

Ese “ver más” que te llegó al celular era la entrada a esta realidad cruda. No era solo un coche quemado por una falla mecánica. Era el síntoma de una ciudad que hierve, donde las cuentas se ajustan a plena luz del día y donde cualquiera de nosotros puede quedar atrapado en el fuego cruzado.

Así que ya saben, mis valedores. Pónganse truchas, manejen con cuidado y, sobre todo, fíjense bien en qué pasos andan. Porque en esta selva, cuando menos te lo esperas, el destino te alcanza y terminas como “El Kike”: arropado por las llamas y siendo la nota roja del día.

Seguiremos informando, si es que el olor a quemado nos deja respirar. ¡Cambio y fuera, y que Dios nos agarre confesados!