Atrapan esta mujer teniendo relaciones int…Ver más

¡PAREN LAS PRENSAS Y AGÁRRENSE DE LA SILLA! ¡EL CHISME QUE ESTÁ DERRITIENDO EL INTERNET Y QUE HA DEJADO A MEDIO MÉXICO CON EL OJO CUADRADO!
¡LA ATRAPARON CON LAS MANOS EN LA MASA… Y CON TODO LO DEMÁS AL AIRE! EL VIDEO DEL “VER MÁS” QUE NADIE PODÍA CREER Y QUE TERMINÓ EN UN ZAFARRANCHO MONUMENTAL EN PLENO CENTRO COMERCIAL.
[CDMX, MÉXICO – REDACCIÓN DE ESPECTÁCULOS Y NOTA ROJA]
¡Ay, nanita! Si ustedes pensaban que ya lo habían visto todo en este México mágico, surrealista y a veces bastante “calenturiento”, prepárense un bolillo pal’ susto porque la historia que les traemos hoy supera cualquier telenovela de horario estelar. El internet colapsó hace unas horas, los grupos de WhatsApp de las tías están echando humo y no se habla de otra cosa en la oficina, en el metro y hasta en la fila de las tortillas.
Todo comenzó con una imagen, una simple captura de pantalla que circuló como pólvora en Facebook y Twitter (ahora X, pero nadie le dice así). Una foto borrosa, tomada con un celular tembloroso, acompañada de un titular que era una trampa mortal para curiosos: “Atrapan esta mujer teniendo relaciones int… Ver más”.
¡Ah, caray! Ese maldito “Ver más”. Ese botoncito azul que es la puerta al morbo nacional. Millones de mexicanos, con el dedo índice temblando de la ansiedad, le dieron clic. ¿Qué esperaban encontrar? ¿Un chisme de vecindad? ¿Una parejita fogosa en un parque oscuro? ¡NO! Lo que encontraron fue la crónica de una vergüenza nacional que escaló niveles épicos.
Nosotros, valientes reporteros del mitote, sí le dimos clic, investigamos, metimos las narices donde no nos llamaban y aquí les traemos la historia completa, sin censura, con pelos y señales, de lo que realmente pasó después de esos tres puntos suspensivos que escondían el pecado.
LA CRÓNICA DEL DESEO DESENFRENADO… ¡EN ZONA PÚBLICA!
Resulta y resalta que la protagonista de este bochornoso episodio no es ninguna jovencita inexperta. No, señor. Se trata de una respetable señora de unos 45 años, a quien llamaremos “Doña Cuca” para proteger su identidad (aunque a estas alturas ya todo el barrio la conoce por los videos). Doña Cuca, conocida en su colonia por ser la presidenta de la junta de vecinos y la primera en organizar las posadas, decidió que la rutina le estaba quedando chica.
El escenario del crimen pasional: nada más y nada menos que los probadores de una conocidísima tienda departamental (de esas que te venden desde un calzón hasta una lavadora en pagos chiquitos) ubicada en una plaza comercial al norte de la Ciudad de México, un sábado de quincena, a las 5 de la tarde. ¡El peor lugar y el peor momento para ponerse creativos!
Según los testigos presenciales, que ahora venden su testimonio por una recarga de 50 pesos, Doña Cuca entró al probador número 3 con un montón de ropa. Segundos después, entró un sujeto, más joven que ella, un tipo con aspecto de “chavorruco” fortachón, que supuestamente iba a “darle su opinión” sobre cómo le quedaban los jeans.
¡Sí, cómo no!
Al principio, todo era silencio. Luego, se empezaron a escuchar risitas nerviosas. Pero la cosa subió de tono rápidamente. Los clientes que estaban en los probadores contiguos empezaron a notar que las paredes de tablaroca vibraban con una intensidad sospechosa. Los susurros se convirtieron en jadeos que ni con la música ambiental de Luis Miguel a todo volumen se podían tapar.
“Oiga, joven, yo estaba probándome una faja y de repente sentí que se me venía el techo encima de los zangoloteos que traían ahí al lado. Se oía como si estuvieran matando puercos, con todo respeto”, declaró Doña Lupita, una testigo clave que estaba en el probador 2.
EL MOMENTO DEL “¡TE CAÍSTE!”
El verdadero caos se desató cuando la encargada de la zona de probadores, una señorita llamada Britany, harta del escándalo y pensando que se estaban peleando o robando mercancía, decidió intervenir. Tocó la puerta una vez. Nada. Tocó la segunda vez, más fuerte. ¡Y se armó la de Dios padre!
Al parecer, en el frenesí de la pasión, la parejita no aseguró bien el pestillo de la puerta. Con el segundo toquido de Britany y el empuje de los cuerpos al interior… ¡LA PUERTA SE ABRIÓ DE PAR EN PAR!
¡NO MANCHES!
La escena que vieron Britany, tres clientas más y un señor que iba pasando con su esposa, fue digna de una pintura renacentista, pero clasificación C. Doña Cuca y el “chavorruco” estaban, como diría mi abuelita, “en pleno acto carnal”, “dándole vuelo a la hilacha”, “echando pata” con una energía envidiable, pero sin una pizca de vergüenza. La ropa que supuestamente se iban a probar estaba regada por el suelo, sirviendo de alfombra para su nido de amor improvisado.
El grito que pegó Britany se escuchó hasta el estacionamiento subterráneo. “¡SEGURIDAAAAAD! ¡ESTÁN COGI… ECHANDO PASIÓN AQUÍ ADENTRO!”, berreó la pobre muchacha, roja como un tomate.
EL ZAFARRANCHO, LOS CELULARES Y LA HUIDA FALLIDA
En cuestión de segundos, la zona de probadores se convirtió en el epicentro del morbo. Decenas de curiosos, con el instinto periodístico que caracteriza al mexicano promedio, sacaron sus celulares. Flashes, videos en vivo de Facebook, TikToks al momento.
La pareja, al verse descubierta, intentó lo imposible: vestirse en tiempo récord mientras medio mundo los grababa y les gritaba cosas. “¡Qué oso!”, “¡Súbale, súbale, hay lugares!”, “¡Consíganse un hotel, codos!”.
El hombre, más ágil, logró ponerse los pantalones a medias y salió corriendo, empujando gente, dejando a Doña Cuca a su suerte. ¡Qué poco hombre! La pobre mujer quedó ahí, con la blusa al revés, intentando taparse con una cortina que no tapaba nada, mientras los guardias de seguridad (esos señores panzones con tolete que nunca hacen nada) llegaban tarde y mal, pitando sus silbatos como locos.
EL GIRO INESPERADO: ¡LLEGÓ EL MARIDO!
Pero si creían que esto no podía ponerse peor, ¡agárrense! Porque el destino es cruel y caprichoso. Resulta que el marido de Doña Cuca, Don Regino, un señor serio y trabajador que pensaba que su esposa estaba en el súper, andaba casualmente en la misma plaza comprando unos tornillos en la ferretería de al lado.
Al ver el tumulto y escuchar los gritos, Don Regino se acercó. Y ahí, frente a las cámaras de cincuenta celulares, vio a su amada Cuca siendo escoltada por la seguridad, semidesnuda, llorando de vergüenza.
¡Se le bajó la presión al pobre Don Regino! Se puso pálido, se llevó las manos al pecho y gritó un: “¡MARTA, ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?!” (Resulta que Cuca se llama Marta, pero le dicen Cuca de cariño… o le decían).
El encuentro fue épico. Ella lloraba pidiendo perdón, él le reclamaba en medio del centro comercial, la gente aplaudía como si fuera el final de temporada de una serie, y los guardias no sabían si detener a la señora por faltas a la moral o llamar a una ambulancia para el marido engañado.
LAS REDES SOCIALES NO PERDONAN: NACE #LADYPROBADOR
Como era de esperarse, el internet hizo lo suyo. En menos de una hora, Doña Cuca ya tenía apodo: #LadyProbador. Los memes inundaron la red. Fotos de ella saliendo con la cortina, videos con música de “La Rosa de Guadalupe” de fondo, teorías de conspiración sobre quién era el amante fugitivo.
Hubo quienes la defendieron, diciendo que “el amor no tiene horario ni lugar”, y hubo quienes la crucificaron digitalmente por “inmoral” y por hacer el ridículo en sábado de quincena.
EL DESENLACE (POR AHORA)
Al final, llegó la patrulla. Doña Cuca fue remitida al juez cívico por “faltas a la moral en la vía pública y escándalo”. Tuvo que pagar una multa para salir, y dicen las malas lenguas que Don Regino ni siquiera le contestó el teléfono para ir a pagar la fianza; tuvo que ir una hermana de ella.
El amante sigue prófugo de la justicia social, aunque ya hay un ejército de “detectives de internet” tratando de identificarlo por los tatuajes que se le vieron en el video mientras corría con los pantalones abajo.
Así que ya lo saben, raza. Esa imagen cortada que vieron en Facebook escondía la historia más bochornosa del año. Tengan mucho cuidado con dónde les agarra la calentura, porque en la era del smartphone, ¡siempre hay alguien listo para balconearlos y convertirlos en la comidilla de todo México! ¡Qué pinche oso, me cae!