Aparece mujer en la orilla de la carretera sin vida… Ver Más

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¡ALERTA ROJA! ¡MACABRO AMANECER TEÑIDO DE SANGRE EN LA “CARRETERA DE LA MUERTE”! LO QUE PARECÍA UN ATROPELLAMIENTO ESCONDE UNA VERDAD QUE TE HELARÁ LA SANGRE. ¡IMÁGENES FUERTES Y UN MISTERIO QUE HUELE A PODREDUMBRE!

[REDACCIÓN/LA NOTA SANGRIENTA MX] – ¡Raza, agárrense de donde puedan y siéntense si están parados porque la noticia que les traemos hoy está para enchinarle el cuero al más valiente! Si ustedes fueron de los miles que vieron esa notificación maldita en el celular hace unas horas, esa que con letras frías decía: “Aparece mujer en la orilla de la carretera sin vida… Ver Más”, y sintieron el impulso morboso y el hueco en el estómago de darle clic, prepárense. Porque lo que se escondía detrás de esos tres puntitos suspensivos no es una nota más; es la cruda, violenta y desgarradora realidad que nos azota en este México nuestro.

Nosotros no nos andamos con rodeos ni con medias tintas. Nosotros fuimos hasta el lugar de los hechos, donde el diablo parece que sentó sus reales, para traerles la neta del planeta, por más dolorosa que sea.

EL HALLAZGO QUE PARALIZÓ LA AUTOPISTA

Todo comenzó cuando el sol apenas intentaba pintar de naranja el horizonte, en el kilómetro 666 de la temida autopista México-Querétaro, esa lengua de asfalto que ya se ha tragado tantas almas y que la raza conoce bien como “La Ruta del Infierno”.

Eran pasaditas las 5:30 de la madrugada. La neblina estaba densa, de esa que no te deja ver ni la punta de tu nariz, calando los huesos. Don “Chuy”, un trailero de esos de colmillo retorcido que llevan años rifándose el físico en las carreteras federales, venía bajando la velocidad con su monstruo de 18 ruedas. El café del Oxxo ya se le había enfriado y los ojos le pesaban, cuando vio algo que lo hizo volantear y pisar el freno a fondo, haciendo chillar las llantas de su tráiler.

Ahí, en el acotamiento, entre la grava suelta y la hierba quemada por el frío, había un bulto. No era un perro atropellado, compas. No era una llanta reventada. La silueta era inconfundiblemente humana.

“¡Chale! Pensé que era alguien pidiendo raite, pero estaba muy quieta, carnal, demasiado quieta”, relató Don Chuy a nuestros micrófonos, todavía con el temblor en las manos y el rostro pálido como papel.

El trailero, con el corazón en la garganta, se bajó con su linterna. El haz de luz rompió la oscuridad para revelar una escena dantesca que difícilmente podrá borrar de su memoria. Boca abajo, con el cabello oscuro esparcido como un abanico trágico sobre la tierra húmeda, yacía una mujer.

¡NO FUE ACCIDENTE, FUE UN CRIMEN ATROZ!

Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga brava, mi gente. Cuando llegaron las primeras patrullas de la Guardia Nacional —que, para variar, se tardaron sus buenos cuarenta minutos en aparecer, ¡qué raro!—, el primer reporte oficial, ese que les gusta dar para no calentar la plaza, fue “femenina fallecida por aparente atropellamiento”.

¡MENTIRA! ¡PURA PANTALLA!

Nuestros reporteros, que se meten hasta la cocina y que tienen oídos en todos lados, lograron hablar con uno de los paramédicos de la Cruz Roja que llegó a confirmar el deceso. Y lo que nos dijo off the record, pidiéndonos el anonimato para no meterse en broncas con sus jefes, cambia toda la jugada.

“Mira, güey, la neta es que esto no cuadra”, nos confesó el paramédico mientras se fumaba un cigarro con manos nerviosas lejos de la cinta amarilla. “La chava no tiene los golpes típicos de un atropellamiento a alta velocidad. No hay fracturas expuestas, no está… tú sabes, ‘desparramada’ por el impacto. Ella tiene marcas en el cuello y las muñecas. A esta pobre mujer no la mató un coche, la mataron en otro lado y la vinieron a tirar aquí como si fuera basura. ¡Qué poca madre!”.

¡Zas, culebra! Así como lo leen. El escenario del “accidente” era un montaje macabro. El acotamiento de la carretera no fue donde dio su último suspiro, sino el tiradero que usaron unos monstruos para deshacerse de la evidencia.

LA VÍCTIMA: ¿QUIÉN ERA ELLA? EL DOLOR TIENE ROSTRO

El lugar se llenó rápido de curiosos, de esos mirones que nunca faltan, y de los peritos de la Fiscalía, que llegaron con sus trajes blancos de astronauta a levantar polvo y tomar fotos. El rugir de las sirenas y el destello de las torretas azules y rojas pintaban de tragedia la mañana.

La víctima, una mujer joven, de unos 25 a 30 años, vestía pantalón de mezclilla azul claro, una sudadera rosa y tenis blancos desgastados. Ropa de trabajo, ropa de una mujer que se levanta temprano a chingarle para llevar el pan a la mesa. No traía identificaciones visibles. Era, hasta ese momento, una “Desconocida N”.

Pero el chisme corre rápido en los pueblos cercanos. Y el dolor corre más rápido aún. Alrededor de las 8:00 AM, una escena desgarradora rompió el cerco policial. Una señora mayor, con el rostro desencajado por la angustia y apoyada en el brazo de otro joven, llegó preguntando a gritos si la que estaba ahí tirada era su “Lupita”.

Los gritos de esa madre al reconocer los tenis de su hija… ¡Ay, Diosito santo! Esos gritos no se le desean a nadie. Retumbaron en la carretera y le sacaron las lágrimas hasta a los policías federales más curtidos.

Se presume, aunque falta la confirmación oficial del ADN, que se trata de Guadalupe “N”, una madre soltera de dos niños pequeños, trabajadora de una maquiladora en el parque industrial cercano, que había sido reportada como desaparecida apenas ayer por la noche cuando no llegó a recoger a sus hijos con la vecina.

EL DETALLE ESCALOFRIANTE QUE LA FISCALÍA QUIERE OCULTAR

Y aquí viene lo mero bueno, raza, el dato que los medios “fresas” no se atreven a publicar. ¿Por qué tanto hermetismo? ¿Por qué acordonaron un área tan grande?

Resulta y resalta que fuentes internas del Servicio Médico Forense (SEMEFO) nos filtraron un dato que nos dejó helados. Cuando levantaron el cuerpo, los peritos notaron que la víctima tenía la mano derecha cerrada con una fuerza brutal, producto del rigor mortis.

Tuvieron que usar fuerza para abrirle los dedos. ¿Y qué creen que encontraron? No era dinero, no era una joya. Era un pequeño pedazo de tela arrancado, como de una camisa, y un botón metálico muy peculiar. ¡Una pista clave! ¡Lupita luchó hasta el final! En su último aliento, logró arrancarle algo a su verdugo.

¿HASTA CUÁNDO, MÉXICO? UN GRITO DE JUSTICIA

La indignación se siente en el aire. La carretera sigue abierta, los coches pasan a toda velocidad mirando de reojo la mancha de cal donde estuvo el cuerpo, indiferentes a la tragedia. Pero nosotros no podemos ser indiferentes.

Otra mujer asesinada. Otra madre que no vuelve a casa. Otros huérfanos que crecerán preguntando por qué. Y mientras tanto, las autoridades salen con sus comunicados tibios diciendo que “se abrirá una carpeta de investigación hasta llegar a las últimas consecuencias”. ¡Puro choro mareador! Ya nos sabemos ese cuento.

Hoy, una familia humilde está destrozada. Hoy, un o unos feminicidas andan sueltos, quizás lavando la sangre de sus manos, quizás planeando su siguiente ataque, pensando que en este país no pasa nada.

¡Exigimos respuestas! No queremos carpetazos. Queremos saber quién mató a Lupita y por qué la fueron a tirar como un animal en la orilla de la carretera.

Manténganse pegados a nuestras redes sociales. No vamos a soltar este hueso. Nuestros reporteros están investigando quién es el dueño de ese botón metálico encontrado en la mano de la víctima. ¡Esto apenas comienza y va a arder Troya!

Comparte esta nota si tú también estás hasta la madre de la inseguridad. ¡Justicia para Lupita! ¡Ni una más!


[FIN DE LA NOTA ROJA]