Hay que orar! 😭😭 Muchachita dejó este mundo y nadie puede creer que algo tan…Ver mas

Hay que orar! 😭😭 Muchachita dejó este mundo y nadie puede creer que algo tan…Ver mas

 

¡PAREN LAS ROTATIVAS, SUELTEN EL CHESCO Y AGÁRRENSE DEL CORAZÓN PORQUE SE NOS VA A SALIR DEL PECHO! ¡ESTO NO ES UN SIMULACRO, RAZA! ¡MÉXICO ENTERO ESTÁ DE RODILLAS Y CON EL ALMA HECHA PEDAZOS!

¡LA NOTICIA QUE NADIE QUERÍA LEER, PERO QUE TODOS TEMÍAMOS, ACABA DE ESTALLAR EN NUESTRAS CARAS! EL MISTERIOSO Y ATERRADOR “VER MÁS” QUE TE HELÓ LA SANGRE EN EL CELULAR HACE UNOS MINUTOS POR FIN REVELA SU VERDAD MÁS CRUDA, MÁS INJUSTA Y MÁS ESTÚPIDA. ¿ESTÁS SENTADO? PORQUE LO QUE VIENE TE VA A SACUDIR HASTA LOS HUESOS.

[REDACCIÓN URGENTE / ALERTA ÁNGEL CAÍDO MX – DESDE EL CORAZÓN DE UN BARRIO QUE HOY LLORA SANGRE]

¡Qué tranza, mi querida banda chilanga, norteña, costeña y de todo este México mágico y a veces tan pinchemente trágico!

Seguramente a ustedes también les pasó hace ratito. Estaban ahí, bien Agustín Lara en el sillón, a punto de darle el trago a la coquita bien fría, quizás cabeceando en el microbús de regreso a la casa después de la friega diaria, o simplemente scrolleando en el “Feis” para matar el tiempo. Y de repente… ¡ZAS, CULEBRA! El celular les vibró con esa furia que solo anuncia desgracias mayúsculas.

Y ahí estaba. Esa notificación maldita en la pantalla de bloqueo. Un fondo negro de luto, un emoji de manitas rezando que no presagiaba nada bueno, y ese titular cortado por el algoritmo traicionero de Zuckerberg que parecía una sentencia de muerte para nuestra fe en la humanidad:

“Hay que orar! Muchachita dejó este mundo y nadie puede creer que algo tan…Ver mas”

¡Ay, nanita! ¡No mames, güey! ¡Admítelo! Se te bajó la presión hasta los talones. Sentiste el frío recorrerte la espalda como si la misma Llorona te hubiera soplado en la nuca y se te subieron los tompiates a la garganta. Ese “tan…” incompleto era la puerta al infierno de la incertidumbre.

¿Qué demonios significaba ese “tan…”? Nuestra mente mexicana, curtida en mil batallas contra la violencia y la tragedia, empezó a volar a los peores escenarios. ¿Tan… violento? ¿Tan… cruel? ¿Fue el crimen organizado otra vez? ¿Un accidente horrible?

Todos sabíamos, en el fondo de nuestra alma azteca, que la respuesta no iba a ser fácil de digerir. Ese “Ver más” era el abismo.

La mayoría le sacó al parche. Vieron los miles de comentarios de “Amén” y caritas llorando y pensaron: “Nel, pa’ qué me amargo la noche, seguro es algo muy gacho”. Les dio pavor picarle a ese botón por miedo a confirmar que la maldad o la estupidez humana no tienen límites.

Pero nosotros, aquí en su portal de confianza, los que no le tenemos miedo ni al diablo y nos metemos hasta la cocina del dolor ajeno para traerles la neta del planeta (aunque nos cueste lágrimas), SÍ le picamos. Nos arriesgamos a que se nos rompiera el corazón.

Y lo que encontramos detrás de ese enlace, familia, nos tiene temblando, con el nudo en la garganta, los ojos aguados y una rabia que no nos cabe en el cuerpo. ¡Agárrense fuerte, compadres y comadres, porque la verdad que estaba escondida es más dolorosa porque fue TOTALMENTE INNECESARIA!

¡Se acabó el misterio y empezó el velorio nacional! La frase completa, la que nos explica por qué “hay que orar” con tanta urgencia, es esta bomba de realidad que nos escupe en la cara:

“¡HAY QUE ORAR! MUCHACHITA DEJÓ ESTE MUNDO Y NADIE PUEDE CREER QUE ALGO TAN… ¡ESTÚPIDO, TAN ABSURDO Y TAN EVITABLE COMO UN ‘RETO VIRAL’ DE TIKTOK LE HAYA ARREBATADO LA VIDA A UNA INOCENTE QUE APENAS IBA A CUMPLIR SUS XV AÑOS!”

¡TÓMALA, BARBÓN! ¡Qué poca madre! ¡No fue una bala perdida, no fue una enfermedad terminal! ¡Fue la maldita obsesión por los likes!


CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA DIGITAL: CUANDO EL CELULAR SE CONVIERTE EN ARMA MORTAL

Para que dimensionen el tamaño del hoyo en el que estamos metidos como sociedad, nuestros reporteros se movieron en chinga a una colonia popular, de esas bravas pero solidarias, en los límites del Estado de México, para conocer la historia de quien hoy llamaremos “Lupita” para proteger su identidad, aunque su caso ya es el dolor de todos.

Lupita era una niña de luz. 14 añitos. La alegría de su casa. Su jefecita, Doña Rosa, se partía el lomo doble turno vendiendo quesadillas para juntar para el vestido de quinceañera. Lupita quería que fuera color rosa pastel, ampón, como de princesa. Ya tenían apartado el salón.

Pero Lupita, como millones de nuestros morros, vivía pegada al celular. Y en ese mundo oscuro de las redes, se topó con el famoso “Blackout Challenge” o el “Reto del Apagón”. ¿En qué consiste esta pendejada mayúscula? En aguantar la respiración o ahorcarse con algo hasta desmayarse, grabarlo y subirlo para ver cuántos “me gusta” te dan tus supuestos amigos virtuales.

¡Hazme el chingado favor! ¡Arriesgar el pellejo por un corazón digital!

EL GRITO QUE DESGARRÓ AL BARRIO

Todo pasó ayer por la tarde-noche. Doña Rosa llegó de trabajar, cansada pero con la ilusión de cenar con su niña. Le gritó desde la entrada: “¡Mija, ya llegué! ¿Qué hiciste de tarea?”. Silencio.

Pensó que estaba dormida o con los audífonos puestos. Subió a su cuartito. La puerta estaba cerrada. Al abrirla… ¡Diosito santo, por qué permites estas cosas!

La escena que vio Doña Rosa es algo que ninguna madre debería ver jamás. Lupita no estaba dormida. Estaba en el suelo, recargada contra la base de la cama. Tenía el cable del cargador de su propio celular enredado en el cuellito. El teléfono estaba enfrente, en un tripié improvisado, todavía grabando.

El grito de Doña Rosa se escuchó hasta tres cuadras a la redonda. Un grito de animal herido, de dolor puro que te congela la sangre.

Los vecinos, esa raza que siempre salta cuando hay bronca, corrieron a ver qué pasaba. Tumbaron la puerta de la entrada. Don Chuy, el paramédico jubilado de la cuadra, intentó darle reanimación. “¡Respira, mi niña, respira por favor!”, le rogaba mientras le daba masaje en el pechito.

Pero ya era tarde. La huesuda, disfrazada de reto de internet, ya se la había llevado. El celular seguía parpadeando, esperando a ser subido a la nube.

EL DOLOR SE TRANSFORMA EN RABIA: ¡YA BASTA!

Ahorita mismo, la calle donde vivía Lupita está cerrada con cinta amarilla. Pero no la puso la policía, la pusieron los vecinos. Hay un altar improvisado en la banqueta con cientos de veladoras que iluminan la noche triste. Huele a incienso y a lágrimas.

La gente está encabronada, raza. No contra Lupita, ¡jamás! Ella fue una víctima de esta época podrida. Están encabronados contra esas plataformas que permiten que estas cochinadas se vuelvan virales. Están encabronados porque la inocencia de nuestros chavos está siendo devorada por un algoritmo hambriento de tragedia.

“¡No es justo, carajo! ¡Se iba a poner su vestido de quince años, no un sudario!”, gritaba una tía de Lupita, inconsolable, abrazada a un poste de luz.

EL LLAMADO A LA ORACIÓN Y A LA ACCIÓN: ¡PÓNGANSE TRUCHAS CON LOS MORROS!

Ahí está, mi gente. Esa era la terrible verdad que escondía el botón de “Ver más”. Por eso el titular decía que “Hay que orar”. Hay que orar por el descanso eterno de Lupita, sí, pero también hay que orar para que Dios nos dé tantito cerebro a los padres y a la sociedad para parar este tren del mame que nos está matando a los hijos.

Este mensaje en tu celular no fue solo un chisme morboso, fue una cachetada de realidad. Un aviso de que el peligro ya no solo está en la calle oscura con un ratero, ahora el peligro duerme en la recámara de al lado, conectado al Wi-Fi.

¿QUÉ VAS A HACER TÚ HOY MISMO?

  1. ¡Suelta el pinche celular un rato y ve a abrazar a tus hijos! Habla con ellos, neta. Pregúntales qué ven, qué retos pendejos están de moda.

  2. ¡Revisa sus redes! No es ser chismoso, es ser papá responsable. Hay depredadores y retos mortales a un clic de distancia.

  3. ¡Eleva una oración por Doña Rosa! Esa mujer necesita ahorita toda la fuerza del universo para sobrevivir a esto.

¡Comparte esta nota! No por el morbo, sino para que el caso de Lupita sirva de algo. ¡Que todo México se entere de que un “jueguito” de internet mató a una de nuestras princesas! ¡Que la vergüenza caiga sobre quienes inventan y comparten estas estupideces!

Hoy el barrio llora, pero también se levanta para decir: ¡NI UNA MÁS VÍCTIMA DEL TIKTOK!

SEGUIREMOS INFORMANDO DESDE EL VELORIO, DONDE UN VESTIDO ROSA DE XV AÑOS SE QUEDARÁ ESPERANDO EN EL ROPERO PARA SIEMPRE. ¡QUÉ DIOS NOS AGARRE CONFESADOS Y CUIDE A NUESTROS CHAVOS!