Acaban de encontrar a una mujer MU3TA en plena vía pública y lo peor es que… Ver más

¡PAREN LAS ROTATIVAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO PORQUE LO QUE LES VAMOS A CONTAR ESTÁ MÁS FRÍO QUE UN MUERTO EN LA MORGUE! ¡ESTO NO ES UN SIMULACRO, RAZA!
¡ALERTA ROJA EN LA CIUDAD! EL HORROR TIENE NUEVA CARA Y APARECIÓ AL AMANECER.
¿LES LLEGÓ LA NOTIFICACIÓN? ¿SINTIERON ESE HUECO EN EL ESTÓMAGO AL LEER EL TITULAR A MEDIAS? “ACABAN DE ENCONTRAR A UNA MUJER MU3TA EN PLENA VÍA PÚBLICA Y LO PEOR ES QUE…”
¡Admítanlo! Se les heló la sangre. A todos nos pasó. Ese maldito “Ver más” que esconde las verdades que el gobierno no quiere que sepas, ese suspenso que te carcome el alma mientras el dedo tiembla sobre la pantalla del celular. ¿Qué podía ser peor que encontrar a una pobre alma desgraciada tirada en el asfalto frío de esta jungla de concreto? ¿Qué podía superar el hecho de que la violencia nos arrebató a otra?
Nosotros, aquí en la redacción de La Verdad Sangrienta, no le sacamos al parche. Nos fuimos directo al lugar de los hechos, esquivando el tráfico y el miedo, para traerles la neta, la puritita verdad sin censura, esa que te va a quitar el sueño esta noche. Y déjenme decirles, compas, que lo que vimos supera cualquier pesadilla de película gringa.
¡AGÁRRENSE, PORQUE AQUÍ VIENE LA VERDAD DETRÁS DEL CLICKBAIT!
LA CRÓNICA DE UNA MADRUGADA DANTESCA
Eran las 5:30 de la mañana en la colonia Doctores, una de esas zonas bravas donde hasta el diablo pide permiso para entrar de noche. El frío calaba los huesos y la neblina apenas dejaba ver las luces parpadeantes de los semáforos.
Doña Chole, la que vende tamales en la esquina de Doctor Vértiz y Eje Central, estaba apenas poniendo el bote vaporero cuando vio algo que pensó que era un bulto de basura mal amarrado. “Pinche gente cochina”, pensó la doña, según nos contó con el rebozo apretado en la boca para no vomitar del susto.
Pero no era basura.
Al acercarse el primer rayo de luz, el “bulto” tomó forma humana. Era una mujer. Joven, quizás unos 25 años. No parecía de la zona. Iba bien vestida, no como quien anda en malos pasos, sino como quien salió de una oficina en Polanco y nunca llegó a casa. Estaba boca arriba, con los ojos abiertos mirando al cielo gris de la CDMX, como preguntando “¿Por qué?”.
El grito de Doña Chole despertó a media cuadra. En minutos, el lugar era un hervidero. Llegaron los curiosos, los taxistas morbosos, y finalmente, con esa lentitud desesperante de siempre, “la tira”. Las patrullas pintaron de azul y rojo las fachadas despintadas de los edificios viejos. Acordonaron la zona con esa cinta amarilla que ya es parte del paisaje urbano: “PRECAUCIÓN – ESCENA DEL CRIMEN”.
Hasta ahí, mis valedores, una tragedia más en la estadística diaria de esta ciudad monstruo. Triste, sí. Indignante, también. Pero, ¿qué era “LO PEOR”? ¿Qué era eso que hacía que los policías más viejos, esos que han visto de todo, se persignaran y voltearan la cara?
EL SECRETO MACABRO QUE TE VA A HELAR LA SANGRE
Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Aquí es donde el titular se queda corto.
Cuando los peritos del forense, esos “pitufos” vestidos de blanco que recogen lo que queda de nosotros, se acercaron al cuerpo, notaron algo que no cuadraba. La posición. No era natural. No había caído ahí producto de un forcejeo o un atropellamiento.
La mujer había sido colocada.
Estaba acostada perfectamente recta, con las manos cruzadas sobre el pecho, en una pose casi religiosa, como si estuviera en un ataúd invisible en medio del Eje Central. Su ropa estaba impecable, ni una arruga, ni una mancha de tierra, a pesar de estar en el suelo mugriento. Quien la mató, se tomó el tiempo de “arreglarla”.
Y ahí viene el golpe, raza. Lo que Doña Chole no vio por la falta de luz, pero que las linternas de los peritos revelaron con un brillo macabro:
LO PEOR ES QUE LA VÍCTIMA NO ESTABA SOLA EN SU ABRAZO MORTAL.
Entre sus manos frías y rígidas, apretado contra su pecho inerte, la mujer sostenía un objeto que ha desatado el pánico absoluto entre las autoridades, aunque ahorita mismo lo estén negando en sus conferencias de prensa mañaneras.
Sostenía una muñeca.
Pero no cualquier muñeca. No era una Barbie ni un Nenuco. Era una muñeca de porcelana antigua, de esas que dan miedo nomás de verlas en casa de la abuela. Tenía un vestido de encaje idéntico al que llevaba la víctima, hecho a la medida. La muñeca tenía una rajada pintada con pintura roja en el cuello, exactamente igual a la herida casi invisible, pero letal, que la mujer real tenía bajo la barbilla.
¡NO MAMES! ¡Es una réplica exacta de la muerte!
Y si creían que eso era todo, espérense. Porque atada a la muñeca con un listón negro, había una nota. Una simple tarjeta de papel grueso, escrita con una caligrafía elegante, casi artística, que decía una sola frase que ahora retumba en los pasillos de la Fiscalía:
“LA PRIMERA DE LA COLECCIÓN. PRONTO SEREMOS MÁS. ATTE: EL JUGUETERO.”
¿UN ASESINO SERIAL ANDA SUELTO EN LA CDMX?
¡Se prendieron las alarmas, señores! Esto no es un ajuste de cuentas entre narquillos de esquina. Esto no es un crimen pasional de un novio celoso. Esto huele a psicópata de grandes ligas, de esos que salen en las series de Netflix, pero ahora caminando entre nosotros, en el metro, en el pesero.
Las autoridades están mudas. El MP llegó, levantó el acta y se llevó el cuerpo más rápido que un rayo, llevándose también la muñeca y la nota como si fueran secretos de Estado. No quieren que cunda el pánico. Quieren manejarlo como “un caso aislado”. ¡MIS HUEVOS QUE ES AISLADO!
Hablamos off the record con un “compa” que trabaja dentro de la Fiscalía, un perito que ya no puede con la carga de conciencia. Con la voz temblorosa y pidiéndonos que ni de pedo dijéramos su nombre, nos soltó la sopa:
“Esto está cabrón, carnal. No es la primera vez que vemos algo raro, pero sí la primera vez que es tan descarado. La muñeca… la muñeca tenía cabello humano real. Y la nota… el papel es importado, pluma fuente cara. Este tipo no es un improvisado. Tiene lana, tiene tiempo y está muy enfermo de la cabeza. Nos está retando.”
EL MIEDO SE APODERA DE LAS CALLES
La noticia ya corrió como pólvora en el barrio. En los mercados, en las oficinas, el chisme se convirtió en terror puro. Las chavas ya no quieren salir solas ni a la tienda. Los padres están yendo por sus hijas hasta la puerta de la universidad.
¿Quién era ella? Todavía no hay nombre oficial. “Jane Doe” le dicen los gringos, aquí es una “Desconocida N”. Una hija, una hermana, una amiga que hoy no regresó a casa porque se cruzó en el camino de un monstruo que juega a ser Dios con vidas humanas.
¿Quién es “El Juguetero”? ¿Dónde está ahora? ¿Está preparando su próxima “muñeca” mientras tú lees esto cómodamente en tu celular?
La ciudad que nunca duerme hoy tiene una razón más para mantener los ojos abiertos. El mensaje está claro: ya no basta con cuidarte de que te roben el celular o la cartera. Ahora hay alguien allá afuera que te ve como parte de su retorcida colección.
¡ALERTA MÁXIMA, RAZA!
Esto apenas empieza. No se crean la versión oficial de que “ya están investigando”. Si este “Juguetero” cumple su amenaza, la de hoy fue solo el prólogo de una historia de terror que nos va a salpicar a todos.
Cuídense mucho. Cuiden a las suyas. Si ven algo raro, ¡corran y denuncien, aunque la tira no haga nada! Porque en esta selva de asfalto, parece que ha llegado un nuevo depredador, y es el más sádico que hemos visto en años.
Manténganse conectados a La Verdad Sangrienta. Nosotros sí les vamos a decir si aparece la segunda muñeca. ¡Que Dios nos agarre confesados!