Desapareció hace 2 años en Mexic…Ver más

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¡PAREN LAS ROTATIVAS Y SUELTEN EL CHESCO! ¡EL ESCÁNDALO DEL AÑO ACABA DE EXPLOTAR Y TIENE A TODO MÉXICO CON LA BOCA ABIERTA Y LA SANGRE HIRVIENDO!

¡DE “VÍCTIMA” A VILLANO DE TELENOVELA! LA VERDAD OCULTA DETRÁS DEL CLICKBAIT QUE NOS ROMPIÓ EL CORAZÓN: EL HOMBRE QUE LLORAMOS POR DOS AÑOS NO ESTABA SECUESTRADO, ¡ESTABA DÁNDOSE LA GRAN VIDA A COSTILLAS DE NUESTRA LÁSTIMA!

[REDACCIÓN ALERTA ROJA MX / CIUDAD DE MÉXICO]

¡Ay, nanita! ¡Raza, chilangos, paisanos de norte a sur! Agárrense de donde puedan y siéntense si están parados, porque la historia que les traemos hoy supera cualquier guion bizarro de “La Rosa de Guadalupe”. Es la puritita prueba de que la realidad, a veces, tiene más veneno que una víbora de cascabel.

Seguramente a ustedes también les pasó. Iban tranquilos en el metro, o echándose un taco al pastor después de la chamba, cuando el celular les vibró con esa notificación que te hiela la sangre. Una foto borrosa de un hombre de mediana edad, con cara de buen padre de familia, y un texto cortado que activó nuestras peores pesadillas nacionales: “Desapareció hace 2 años en Mexic…Ver más”.

¡Admítelo! Se te hizo un hueco en el estómago. Todos pensamos lo mismo. En este México nuestro, tan golpeado por la violencia, esa frase suele ser el preludio de una tragedia. Pensamos en las madres buscadoras, en las fosas clandestinas, en otra familia destrozada por la maña. Picamos ese maldito botón de “Ver más” con el corazón en la mano, esperando leer la confirmación de un final triste, listos para poner nuestro emoji de “me entristece” y compartir la indignación.

PERO NO, MIS VALEDORES. LO QUE ENCONTRAMOS FUE UNA CACHETADA CON GUANTE BLANCO QUE NOS DEJÓ NOQUEADOS. ¡NOS VIERON LA CARA DE PAYASOS A TODOS!

El “Ver más” no escondía una tragedia. Escondía la farsa más cínica y descarada de la década. Prepárense para conocer la historia de Roberto “N”, alias “El Beto”, el hombre que nos dio gato por liebre y se burló de la buena fe de todo un país.

LA CRÓNICA DEL ENGAÑO: EL “MÁRTIR” DE ECATEPEC

Hagamos memoria, porque la indignación tiene que tener contexto. Hace dos años exactos, en octubre de 2021, la cara de Roberto “N” tapizó los postes de luz, las paradas de combi y los muros de Facebook en todo el Estado de México y la CDMX.

“El Beto”, un contador de 45 años, padre de tres hijos y esposo de la abnegada Doña Rosa, había salido un viernes por la noche a comprar cigarros a la tienda de la esquina en su colonia de Ecatepec. Nunca regresó.

Su coche, un Tsuru viejito pero cumplidor, apareció abandonado a unas cuadras, con la puerta del conductor abierta y las llaves pegadas. Parecía la escena de un “levantón” de libro de texto.

Doña Rosa, la pobre mujer, se convirtió en el rostro del dolor. La vimos llorar en los noticieros matutinos, la vimos marchando con las fotos de su marido, la vimos adelgazar 20 kilos consumida por la incertidumbre. “¿Dónde está mi Beto? Él no le debía nada a nadie, era un hombre bueno”, repetía la señora, y a todos se nos partía el alma. Se organizaron colectas para ayudarla a mantener a los chamacos, la gente rezaba por él. Roberto era, para todos nosotros, una víctima más de la inseguridad.

¡QUÉ POQUITA MADRE! ¡QUÉ INGENUOS FUIMOS!

EL HALLAZGO: ¡NI MUERTO, NI SECUESTRADO! ¡ANDABA DE PARRANDA!

El destino, que a veces es muy bromista, quiso que la verdad saliera a la luz de la forma más ridícula posible. No fue una investigación de la Fiscalía (ya saben que esas van a paso de tortuga), ni un pitazo anónimo de los malos. ¡NO! Fue el maldito TikTok el que hundió a este sinvergüenza.

Resulta que el pasado fin de semana, una influencer de viajes “fresita” andaba presumiendo sus vacaciones en un resort de lujo “All Inclusive” en Playa del Carmen. En uno de sus videos virales, mientras ella bailaba en primer plano, en el fondo, cerca de la barra libre, se veía a un sujeto pasándola bomba.

El tipo, bronceado, con camisa hawaiana abierta hasta el ombligo, unos kilos de más y una sonrisa de oreja a oreja, estaba bailando salsa con dos turistas gringas, con un mojito en cada mano.

Al principio nadie lo notó. Pero el internet es una jauría de detectives ociosos. Un vecino de Ecatepec, de esos que no tienen nada que hacer a las 3 de la mañana, vio el video. Hizo zoom. Le brillaron los ojos. “¿A poco ese no es el finado Beto?”, pensó.

El video empezó a rolar en los grupos de WhatsApp del barrio. Llegó a ojos de los hijos de Doña Rosa. Llegó a ojos de Doña Rosa.

¡Y SE ARMÓ LA DE DIOS ES CRISTO!

Era él. Sin duda alguna. El mismo lunar en la mejilla, la misma calvicie incipiente, pero con una actitud de “Mirrey” jubilado que nadie le conocía. El “desaparecido” estaba más vivo que todos nosotros juntos.

LA VERDAD DETRÁS DE LA FUGA: DEUDAS, AMANTES Y UNA MENTE MAQUIAVÉLICA

Cuando la Fiscalía del Estado de México (que ahora sí se puso las pilas por la presión mediática) rastreó al sujeto y lo detuvieron en el lobby del hotel mientras pedía otro daiquirí, la historia completa salió a flote como popó en alberca.

Roberto “N” no había sido víctima de nada, más que de su propia calentura y estupidez financiera. El tipo estaba hasta el cuello de deudas. Le debía a Coppel, a Elektra, a las tarjetas de crédito y, lo más peligroso, a un par de prestamistas “gota a gota” colombianos que ya le andaban pisando los talones.

Además, resulta que “El Beto” tenía una “casa chica”. Una novia 20 años menor que él, que le exigía un estilo de vida que su sueldo de contador de medio pelo no podía pagar.

Acorralado, el muy cobarde planeó su “muerte” durante meses. La noche de su desaparición, no fue por cigarros. Fue a vaciar la cuenta de ahorros de toda la vida de Doña Rosa (unos 200 mil pesitos que tenían para los XV años de la hija), dejó el Tsuru como señuelo y se subió a un autobús con destino al Caribe, donde su amante ya lo esperaba.

Durante dos años, mientras su familia vivía un infierno y comía de la caridad de los vecinos, este tipejo se gastaba el dinero en piñas coladas, bloqueador solar caro y noches de fiesta interminables, usando una identidad falsa que compró en Santo Domingo.

EL FINAL DE LA FIESTA: LA FURIA DE UNA NACIÓN ENGAÑADA

Hoy, Roberto “N” ya no está en la playa. Está en una celda fría del penal de Chiconautla, enfrentando cargos por fraude, abandono de hogar y lo que se acumule esta semana. Ya no tiene su bronceado caribeño; ahora tiene el color pálido del miedo porque sabe que en la cárcel no perdonan a los que traicionan a la familia.

Pero el daño ya está hecho. Doña Rosa pasó del dolor a la furia en cuestión de segundos. Dicen que cuando lo vio llegar esposado a la Fiscalía, tuvieron que detenerla entre tres policías porque se le fue encima a cachetadas y arañazos, gritándole todas las groserías que existen en el florido vocabulario mexicano. ¡Y CON Razón, JEFECITA! ¡DÉLE MÁS DURO!

Esta historia nos deja con un sabor de boca más amargo que la bilis. Nos duele porque jugaron con nuestra empatía. Nos duele porque por culpa de lacras como esta, cuando alguien desaparece de verdad, la gente empieza a dudar: “¿Y si se fue con la otra? ¿Y si anda de parranda?”.

El “Ver más” de esa noticia fue una lección brutal. Nos enseñó que en este México mágico, los muertos a veces resucitan no por milagro, sino por cínicos. Y que la próxima vez que veamos una alerta de búsqueda, tendremos que guardar un cachito de escepticismo en el corazón, gracias a Roberto, el contador que prefirió ser un cadáver falso en Ecatepec para ser un Don Juan de pacotilla en el Caribe.

¡Qué poca madre, Beto! ¡Qué poquita madre!