Hombre cae accidentalmente en un pozo de aproximadamente 30mts de…Ver mas

Hombre cae accidentalmente en un pozo de aproximadamente 30mts de…Ver mas

 

¡TRAGEDIA EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA! ¡UN HOMBRE ES TRAGADO VIVO POR UN POZO DEL INFIERNO DE 30 METROS Y VIVE PARA CONTARLO DE MILAGRO! ¡PÁNICO TOTAL EN EL PUEBLO!

¡HORROR BAJO TIERRA! LO QUE PARECÍA UNA TARDE TRANQUILA SE CONVIRTIÓ EN UNA ESCENA DE PELÍCULA DE TERROR CUANDO LA TIERRA SE ABRIÓ PARA RECLAMAR A UNO DE LOS NUESTROS. ¡AGÁRRENSE PORQUE ESTA HISTORIA ESTÁ PARA ENCHINARLE EL CUERO AL MÁS VALIENTE!

[REDACCIÓN/LA NOTA SANGRIENTA MX]

¡Híjole, mi raza! Agárrense bien de la silla y persígnense tres veces, porque la crónica que les traemos hoy está más cardiaca que final de telenovela en viernes. Si ustedes fueron de los que vieron esa notificación en el celular hace unas horas, esa imagen borrosa con un titular que se cortaba justo en la parte más fea: “Hombre cae accidentalmente en un pozo de aproximadamente 30mts de…Ver mas”, y sintieron que se les bajaba la presión del puro susto, prepárense. Porque nosotros no nos andamos con medias tintas y les vamos a contar la neta del planeta, lo que había detrás de esos tres puntitos suspensivos que nos tuvieron con el Jesús en la boca a todo México.

No fue un chapuzón en una alberca, no señores. Fue un clavado directo a la desesperación.

CRÓNICA DE UNA PESADILLA ANUNCIADA

Todo comenzó en la tranquila comunidad de San Judas Tadeo de las Tunas (nombre ficticio pa’ proteger a los inocentes, pero ustedes saben dónde es la movida). Eran pasaditas las 4 de la tarde, el sol estaba cayendo a plomo, de ese calorón que te hace sudar hasta las ideas.

El protagonista de este drama es nada más y nada menos que Don Jesús “Chuy” Mondragón, un hombre de 58 años, curtido por el sol, chambeador como pocos, de esos que no se rajan. Don Chuy andaba en su terrenito, como todos los días, limpiando la maleza cerca de la vieja noria que llevaba años abandonada en la parte trasera de su propiedad.

¡Ay, la confianza, parientes! Esa maldita confianza que mata más que las balas. Don Chuy, que se conocía su terreno como la palma de su mano, dio un mal paso. Un paso en falso sobre unas tablas podridas que algún irresponsable puso hace décadas para tapar el peligro.

Se escuchó un crujido seco, como hueso rompiéndose, y luego… el silencio.

EL DESCENSO AL ABISMO: 30 METROS DE TERROR PURO

¡No mames! Imagínense la escena. No le dio tiempo ni de gritar “¡Virgencita ayúdame!”. Don Chuy desapareció de la faz de la tierra en un segundo.

Aquí es donde entramos a lo que el titular no decía, lo que estaba después del “Ver más”. ¡Treinta metros, cabrones! Estamos hablando de la altura de un edificio de casi diez pisos. Una caída libre hacia la oscuridad absoluta.

¿Y qué había al fondo? ¿Agua fresca? ¡Ni maíz paloma! El pozo, seco desde la época de nuestros abuelos, era ahora una trampa mortal llena de lodo chicloso, piedras afiladas como cuchillos, raíces de árboles que parecían tentáculos del diablo y una fauna nociva que mejor ni les cuento. ¡Ay nanita!

El golpe fue brutal. Don Chuy rebotó contra las paredes de tierra inestable durante la caída, raspándose hasta el alma, antes de aterrizar de sentón en el fondo fangoso. El aire se le salió de los pulmones. Quedó ahí, enterrado hasta la cintura en el fango frío, a oscuras, con el olor a humedad y a muerte metiéndosele por las narices.

EL PUEBLO SE VUELCA: ¡HAY UN HOMBRE ENTERRADO VIVO!

Fue Doña Cuca, la vecina chismosa (que Dios la bendiga por metiche esta vez), la que escuchó los lamentos ahogados que salían de la tierra. Al principio pensó que era un alma en pena, pero luego reconoció la voz ronca de su vecino pidiendo auxilio.

¡Se armó el merequetengue en San Judas! En cuestión de minutos, el terreno de Don Chuy parecía romería. Llegaron los compadres con cuerdas, las señoras con rosarios, y los curiosos con el celular en mano para grabar la desgracia ajena. ¡Típico!

Llegaron las sirenas aullando. Protección Civil, Bomberos, Cruz Roja, hasta la Guardia Nacional se apersonó. Pero la cosa estaba pelada, peladísima.

El pozo era un tubo angosto, apenas de un metro de ancho. Las paredes estaban flojas; cualquier movimiento en falso allá arriba provocaba una lluvia de tierra que amenazaba con sepultar vivo a Don Chuy allá abajo. Los rescatistas se miraban unos a otros, sudando la gota gorda, sin saber cómo meterle mano al asunto sin empeorarlo.

HORAS DE ANGUSTIA: “LA HUESUDA” RONDABA EL POZO

Pasaban las horas y la noche empezó a caer, trayendo un frío que calaba los huesos. Allá abajo, a 30 metros, la temperatura era de refrigerador.

La esposa de Don Chuy, Doña Rosa, estaba al borde del colapso nervioso, agarrada de la reja, gritándole al agujero negro: “¡Viejo, no te me duermas! ¡Aguanta, Chuy, piensa en tus nietos!”. Y desde el fondo, solo se escuchaban gemidos cada vez más débiles. El oxígeno empezaba a escasear ahí abajo.

Los rescatistas intentaron bajar una cámara. Las imágenes eran dantescas: un hombre cubierto de lodo de pies a cabeza, temblando incontrolablemente, con la mirada perdida. Se le estaba yendo la vida, raza. Se estaba enfriando.

El jefe de bomberos, un tipo con más colmillo que un elefante, tomó la decisión más difícil. “No podemos meter maquinaria pesada porque derrumbamos el pozo. Alguien tiene que bajar a huevo”.

EL HÉROE SIN CAPA: UN VOLUNTARIO SE LA RIFA

Se necesitaban tamaños pantalones para meterse en esa garganta del diablo. Y el valiente fue “El Flaco” Martínez, un rescatista voluntario joven, correoso, que no le tiene miedo ni a su sombra.

Lo amarraron con arneses como si fuera chorizo de Toluca. Le pusieron un casco con lámpara, un tanque de oxígeno pequeño y le dieron la bendición. El descenso fue lento, agónico. Cada metro que bajaba “El Flaco” era un rezo arriba en la superficie. Las paredes crujían. Caían piedritas. El corazón de todos estaba en la garganta.

“¡Ya lo tengo! ¡Está vivo pero muy puteado!”, se escuchó por el radio. El pueblo entero contuvo la respiración.

EL MILAGRO EN LA SUPERFICIE: ¡VOLVIÓ A NACER!

La maniobra de extracción fue la parte más crítica. Tenían que subirlos a los dos, despacito, sin movimientos bruscos, cuidando que Don Chuy no se desmayara del dolor por las fracturas que seguramente traía.

Fueron los veinte minutos más largos en la historia de San Judas Tadeo de las Tunas. El motor de la grúa rechinaba, jalando la cuerda de la vida.

Y de repente… ¡Ahí estaba! Primero el casco del “Flaco”, y luego, como un bulto de lodo irreconocible, la figura de Don Chuy.

¡El griterío fue ensordecedor! ¡Aplausos, llantos, vivas! La gente se abrazaba sin conocerse. Doña Rosa rompió el cerco de seguridad para lanzarse sobre su viejo, que venía temblando como gelatina, con los ojos desorbitados por el trauma, pero RESPIRANDO.

¡Estaba vivo, cabrones! ¡Le había ganado la partida a la muerte en su propio terreno!

EL SALDO ROJO Y LA ADVERTENCIA FINAL

Don Chuy fue trasladado de urgencia al Hospital General en código amarillo. El reporte preliminar: hipotermia severa, múltiples contusiones, posible fractura de clavícula y un trauma psicológico que no se le va a quitar ni con cien limpias de huevo. Pero la libró.

Esta noche, en San Judas, nadie duerme tranquilo. Esta historia tuvo final feliz de puro milagro, pero estuvo a un pelito de ser una tragedia que enlutaría a todo el estado.

¡Ojo, mucho ojo, mi raza! Que esto sirva de lección para todos esos que tienen pozos, norias o agujeros “tapados” con maderas viejas en sus terrenos. No le jueguen al valiente, porque la tierra no perdona y la huesuda siempre anda buscando dónde meter la guadaña. ¡Tapen bien esos agujeros del diablo!

Hoy, Don Chuy puede decir que bajó al infierno y regresó para contarlo. ¡Qué susto nos metiste, viejón! ¡Ahora a recuperarse y a darle gracias al de arriba y al “Flaco” que se la rifó por ti! ¡Pura vida, raza!