🖤➕ Desastre en México, el escalofriante incendio que acaba de suceder hac… Ver más

🖤➕ Desastre en México, el escalofriante incendio que acaba de suceder hac… Ver más

 

¡ALERTA ROJA NACIONAL! ¡PAREN TODO! MÉXICO ESTÁ DE LUTO Y ARDE EN LLAMAS. ¡EL INFIERNO EN LA TIERRA TIENE NOMBRE Y APELLIDO EN UNA TRAGEDIA QUE NOS PARTE EL ALMA!

¡IMÁGENES DANTESCAS! UN APOCALIPSIS DE FUEGO, GRITOS Y DESESPERACIÓN DEVORA UN GIGANTESCO COMPLEJO COMERCIAL Y HABITACIONAL. ¿QUÉ ES LO QUE NOS OCULTABA ESE MALDITO “VER MÁS”? LA VERDAD ES MÁS ATERRADORA QUE LA FICCIÓN.

[REDACCIÓN CENTRAL / MINUTO A MINUTO / COBERTURA ESPECIAL DE URGENCIA]

Raza, agárrense de donde puedan y siéntense si están parados, porque la noticia que les traemos hoy no es un chisme de lavadero, es una puñalada directa al corazón de nuestro México lindo y herido. Si sentiste el olor a quemado, si viste la columna de humo que parecía tapar el sol hace apenas unas horas, entonces ya sabes que la “huesuda” anda suelta y con hambre.

Esa notificación que te llegó al celular, ese titular cortado que decía “Desastre en México, el escalofriante incendio que acaba de suceder hac… Ver más”, no era clickbait barato, ¡era el aviso del inicio del caos! Nosotros le dimos clic al “Ver más”, nosotros nos metimos al epicentro del desastre mientras todos corrían en dirección contraria, y aquí te traemos la crónica cruda, la neta del planeta, de una tarde que jamás vamos a olvidar.

CRÓNICA DE UNA PESADILLA EN VIVO: “¡SE SIENTE COMO SI SE ABRIERA EL PISO DEL INFIERNO!”

Eran poco después de las 4:00 PM. Una tarde cualquiera de martes, con la gente saliendo de la chamba, los niños regresando de la escuela y el tráfico de la gran metrópoli a reventar. El punto cero: el megacomplejo comercial y de bodegas “San Lázaro Industrial”, ubicado en esa frontera difusa y caótica entre la Ciudad de México y el Estado de México, una zona donde se mueven toneladas de mercancía… y toneladas de peligro.

De repente, el rugido. No fue una explosión seca, cuentan los testigos que todavía tiemblan del susto, sino un bramido profundo, como si un monstruo se despertara bajo el asfalto. Segundos después, el cielo se pintó de negro. Una columna de humo tóxico, denso, aceitoso, se elevó cientos de metros, visible desde casi cualquier punto del Valle de México.

“¡No manches, güey, yo pensé que era un terremoto!”, nos cuenta con la cara tiznada y los ojos rojos por el humo ‘El Beto’, un diablero que se gana la vida moviendo cajas en la zona. “Estaba cargando un viaje de plásticos cuando se oyó el tronido y luego, ¡pum!, la llamarada. Se sintió el calorón en la cara a dos cuadras. La gente empezó a correr como loca, pisándose unos a otros. ¡Fue el caos total, carnal, una estampida humana!”.

EL FUEGO SE SALE DE CONTROL: BOMBEROS REBASADOS Y HÉROES SIN CAPA

Lo que comenzó en una bodega de solventes y pinturas (según las primeras versiones extraoficiales que la autoridad no quiere confirmar) se convirtió en minutos en una bestia indomable. El fuego, alimentado por plásticos, textiles y químicos, saltó de nave en nave con una voracidad espeluznante.

Las imágenes son desgarradoras. Familias que viven en las unidades habitacionales pegaditas a la zona industrial salieron con lo puesto, cargando a los abuelitos, jalando a los perros, dejando atrás el patrimonio de toda una vida que se consumía en segundos. “¡Mi casa! ¡Se está quemando mi casa y nadie hace nada!”, gritaba una señora, Doña Rosa, hincada en el asfalto, viendo cómo las lenguas de fuego lamían su ventana.

¡Y aquí es donde se ve de qué estamos hechos los mexicanos! Antes de que llegaran los camiones de bomberos (que, como siempre, tuvieron que pelear contra el tráfico infernal y la falta de cultura vial de los que no abren paso), la raza se organizó.

Se formaron cadenas humanas. Con cubetas de agua que sacaban de donde podían, con mangueras de jardín, la gente intentaba frenar al monstruo. “¡Aquí nadie se raja!”, gritaba un grupo de jóvenes que, arriesgando el pellejo, se metieron a sacar a gente atrapada en una vecindad contigua. Héroes anónimos, de esos que no salen en la tele, jugándose la vida por el vecino.

Pero el fuego era demasiado fuerte. Las explosiones secundarias —tanques de gas de los puestos de comida, tambos de químicos— retumbaban cada diez minutos, lanzando proyectiles de metal ardiendo al aire. El sonido de las sirenas de ambulancias, patrullas y bomberos se mezclaba con los gritos de auxilio y el llanto de los niños perdidos en el tumulto.

LA VERDAD INCÓMODA DETRÁS DEL “VER MÁS”: ¿NEGLIGENCIA CRIMINAL?

Ahora sí, agárrense, porque aquí viene lo feo. Lo que ese titular cortado te quería decir y que las autoridades están tratando de maquillar. ¿Por qué un incendio se sale de control tan rápido en una zona que supuestamente debería tener protocolos de seguridad?

Nuestras fuentes, esas que hablan bajito en los pasillos del poder porque tienen miedo, nos soltaron la bomba: EL LUGAR ERA UNA TRAMPA MORTAL.

El “Ver más” escondía la podredumbre de la corrupción. Se dice, y suena fuerte, que esa bodega donde inició todo operaba sin los permisos adecuados de Protección Civil. Que almacenaban cantidades industriales de precursores químicos altamente inflamables al lado de textiles, una combinación que solo necesitaba una chispa para volar en pedazos.

“Ya se había reportado, oiga. Ya habíamos ido a la delegación a decir que ahí olía mucho a thinner y que entraban camiones raros en la madrugada”, nos dijo un líder vecinal que prefiere el anonimato. “Pero ya sabe cómo es esto, llega el inspector, le dan su ‘mordida’ y aquí no pasó nada. Hasta que pasa esto. ¡Son unos asesinos!”.

La falta de hidrantes funcionales en la zona fue otro clavo en el ataúd. Los heroicos bomberos, cuando llegaron, se encontraron con que no había presión de agua. Tuvieron que esperar pipas, perdiendo minutos valiosos, minutos que costaron techos, patrimonios y, Dios no lo quiera, quizás vidas.

SALDO PRELIMINAR: EL DOLOR SE CUENTA POR DOCENAS

Al cierre de esta edición de emergencia, el panorama es desolador. La noche ha caído y el resplandor naranja del fuego sigue iluminando el cielo como un recordatorio macabro de la tragedia.

Las autoridades, rebasadas y nerviosas, no han querido dar una cifra oficial de víctimas mortales, pero los paramédicos de la Cruz Roja y el ERUM no se dan abasto. Se habla de al menos 50 personas intoxicadas por el humo denso, decenas de heridos por quemaduras de segundo y tercer grado, y hay reportes desgarradores de personas no localizadas que podrían haber quedado atrapadas en el corazón del infierno.

Los hospitales de la zona están en Código Rojo, saturados. Se pide a la población que no se acerque a la zona, que dejen trabajar a los equipos de rescate que seguirán luchando toda la madrugada.

¿HASTA CUÁNDO, MÉXICO?

Esta no es la primera vez y, tristemente, sabemos que no será la última. Hoy lloramos por San Lázaro Industrial, como ayer lloramos por otras tragedias causadas por la negligencia, la corrupción y el “ahí se va”.

Ese “Ver más” en la noticia no era solo morbo; era la entrada a la realidad que nos negamos a ver hasta que nos explota en la cara. Hoy hay familias que dormirán en la calle, si es que pueden dormir. Hoy hay preguntas que exigen respuestas contundentes, no discursos políticos vacíos.

¿Quién dio los permisos? ¿Quién no hizo las inspecciones? ¿Quién se embolsó el dinero de la seguridad de miles de personas?

Manténganse conectados. Seguiremos informando minuto a minuto desde el lugar de los hechos, tragando humo si es necesario, para traerte la verdad de este desastre que ha marcado para siempre esta jornada. ¡Fuerza, México! ¡Hoy más que nunca, necesitamos estar unidos y exigir justicia!