México ACORRALA a EE.UU.: Sheinbaum Golpea Donde Más DUELE

México ACORRALA a EE.UU.: Sheinbaum Golpea Donde Más DUELE

Los abogados lo revisaron, los estrategistas lo analizaron. La conclusión es devastadora. México tiene todas las cartas ganadoras. Durante décadas hemos visto golpes de estado, intervenciones militares, bloqueos económicos, pero lo que ocurre ahora no tiene precedente. Por primera vez en la historia moderna, un país latinoamericano tiene a Estados Unidos contra las cuerdas.

México controla algo que Estados Unidos necesita desesperadamente. 100,000 barriles diarios que mantienen funcionando las refinerías de Texas, Luisiana y Mississippi. Pero para entender realmente por qué esto es tan crítico, necesitamos entender algo técnico que raramente se explica. No todo el petróleo es igual.

Existen dos tipos fundamentales de petróleo crudo, ligero y pesado. El petróleo ligero tiene baja viscosidad, es fácil de refinar, produce más gasolina por barril, el petróleo pesado es denso, viscoso, requiere procesos de refinación más complejos y costosos. Estados Unidos produce principalmente petróleo ligero de esquisto conocido como Shale Oil, pero sus refinerías del Golfo de México fueron diseñadas hace décadas para procesar petróleo pesado, especialmente el que viene de México y Venezuela.

Aquí está el problema estructural. No puede simplemente cambiar una refinería de petróleo pesado a petróleo ligero. Requiere inversiones de miles de millones de dólares y años de trabajo. Estamos hablando de reconstruir prácticamente toda la infraestructura de procesamiento, nuevos equipos de destilación, diferentes sistemas de craqueo catalítico, modificaciones en los sistemas de hidrotratamiento.

Las refinerías de Texas no pueden simplemente decidir mañana que van a procesar solo petróleo estadounidense. Técnicamente es inviable, económicamente es prohibitivo. Entonces, cuando México cierra el grifo o impone condiciones, Estados Unidos no tiene alternativas inmediatas. No es ideología, es ingeniería, no es política, es física aplicada.

Y esto le da a México un poder de negociación estructural que va más allá de cualquier tratado o acuerdo diplomático. Las nuevas reformas que Shain Bound firmó establecen que el 80% de la producción petrolera mexicana debe ser procesada por Pemex o empresas estatales mexicanas. Las corporaciones estadounidenses que invirtieron miles de millones de dólares ahora enfrentan una realidad brutal o aceptan ser socios minoritarios del gobierno mexicano o se van del país con las manos vacías.

Y aquí es donde necesitamos entender el marco legal. ¿Por qué México puede hacer esto sin violar tratados comerciales internacionales? Porque existe un principio fundamental en el derecho internacional llamado soberanía permanente sobre los recursos naturales. Este principio fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1962, reforzado en múltiples resoluciones desde entonces.

Establece que cada estado tiene el derecho soberano e inalienable de disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del estado de que se trate. Este no es un concepto abstracto. Es la base legal sobre la cual países pueden nacionalizar industrias extractivas sin estar violando obligaciones comerciales.

El tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como TEMEC, reconoce explícitamente este principio. México no está expropiando sin compensación, no está violando contratos arbitrariamente, está ejerciendo su derecho soberano a establecer las condiciones bajo las cuales se explotan recursos que están dentro de su territorio.

Los abogados estadounidenses pueden revisar cada cláusula, pero no encontrarán una base legal para objetar porque el derecho internacional está del lado de México. Pero esto es solo el principio. México no solo está cerrando la puerta a las petroleras estadounidenses. México está abriendo la puerta a China. En noviembre de 2025, una delegación china visitó Ciudad de México en secreto.

Ejecutivos de Sinopec, la petrolera estatal China, se reunieron con funcionarios de la Secretaría de Energía Mexicana. el tema un acuerdo petrolero de 20 años por valor de $50,000,000000. Ahora entendamos qué significa realmente un acuerdo de este tipo y por qué tiene sentido económico para México. Más allá de cualquier consideración geopolítica, los contratos petroleros tradicionales con empresas occidentales funcionan bajo lógica de mercado spot o contratos de corto plazo.

Los precios fluctúan según el mercado global. Los riesgos son altos. La planificación a largo plazo esdifícil. China, en cambio, ofrece algo estructuralmente diferente. Contratos de largo plazo con precios garantizados o con mecanismos de estabilización de precio. Esto no es caridad, es racionalidad económica china. China necesita seguridad energética para sostener su economía.

prefiere pagar un precio ligeramente superior pero estable durante 20 años que estar expuesta a la volatilidad del mercado petrolero global. Para México esto significa ingresos predecibles que permiten planificación a largo plazo. Significa poder presupuestar inversiones en infraestructura, educación, salud, sabiendo exactamente cuánto ingreso petrolero habrá disponible.

Es la diferencia entre administrar un hogar con ingresos estables versus con ingresos impredecibles. Además, China ofrece algo que las empresas occidentales no ofrecen. Transferencia tecnológica real, no solo inversión financiera, sino acceso a tecnología de perforación en aguas profundas, sistemas de refinación avanzados, capacitación de técnicos e ingenieros mexicanos.

Esto es estratégico porque México no solo quiere vender petróleo crudo, México quiere desarrollar capacidad industrial completa en el sector energético. Trump acababa de asumir su segundo mandato prometiendo dominar la energía del hemisferio. De repente descubre que México está a punto de firmar el acuerdo petrolero más grande de su historia con su rival geopolítico número uno.

¿Qué opciones tiene Estados Unidos? Hace dos semanas, en una reunión clasificada del Consejo de Seguridad Nacional, les presentaron un informe de 120 páginas analizando respuestas posibles. Cada opción terminaba en el mismo lugar. Fracaso garantizado. Primera opción, aranceles del 25% a productos mexicanos. Problema, dispararía la inflación cuando los votantes ya están furiosos por los precios altos.

El costo promedio de un automóvil subiría $8,000. El precio de los aguacates se triplicaría políticamente suicida. Pero aquí hay algo más profundo que necesitamos entender. La economía estadounidense no funciona de manera aislada. Las cadenas de suministro manufactureras entre Estados Unidos y México están tan integradas que un producto puede cruzar la frontera múltiples veces durante su fabricación.

Un componente se fabrica en Michigan, se ensambla en Nuevo León, se termina en Texas, se empaca en Jalisco. Los aranceles no afectarían solo a productos mexicanos finales, afectarían a toda la cadena de producción integrada. Las empresas estadounidenses que tienen operaciones en México no son víctimas de competencia desleal.

Son las mismas corporaciones estadounidenses que decidieron operar en México para reducir costos. Ford General Motors, Boeing, Honeywell tienen inversiones masivas en territorio mexicano. Aranceles a México son aranceles a empresas estadounidenses. Es dispararse en el propio pie, económicamente hablando. Segunda opción, bloquear las exportaciones de gasolina refinada a México.

Problema: México ya lo anticipó. La refinería de Dos Bocas puede procesar 340,000 barriles diarios. En 2 años podrían ser completamente autosuficientes. Y aquí hay que entender la visión de largo plazo. Dos bocas no es solo una refinería, es parte de una estrategia de soberanía energética que comenzó hace años.

México importaba casi la mitad de la gasolina que consumía, principalmente de Estados Unidos. Esto era una dependencia estratégica peligrosa. Cualquier tensión política podría traducirse en desabastecimiento de combustible. Dos bocas cambia esa ecuación. No importa si es rentable en términos de mercado inmediato, lo que importa es que elimina un punto de vulnerabilidad estructural.

Estados Unidos entendió tarde lo que estaba pasando cuando protestaron contra la construcción de Dos Bocas, argumentando que era económicamente ineficiente, que México debería seguir importando gasolina estadounidense. Estaban pidiendo básicamente que México mantuviera voluntariamente una dependencia estratégica.

México dijo, “No.” Tercera opción, presión a través del tratado comercial. Los abogados del Departamento de Comercio revisaron cada cláusula durante 72 horas consecutivas. Resultado, México no está violando ninguna disposición. Tiene derecho soberano absoluto a definir su política energética. El TEMEC tiene un capítulo específico sobre energía, el capítulo 8o.

Ese capítulo fue negociado intensamente. Estados Unidos quería incluir cláusulas que limitaran la capacidad de México de revertir la reforma energética de 2013. México, bajo la negociación de López Obrador se aseguró de que el texto final reconociera explícitamente el derecho de cada país a establecer su propia política energética.

No fue un descuido, fue estrategia deliberada. Cuando los abogados estadounidenses revisan el tratado, ahora encuentran que México escribió las reglas a su favor desde el principio. Jugaron el juego a largo plazo, mientras Estados Unidos asumíaque México nunca se atrevería a ejercer esos derechos. Cuarta opción, presión diplomática internacional.

México presentó su caso ante la OEA, ante la ONU, ante organismos de arbitraje. Todos llegaron a la misma conclusión. México está ejerciendo legítimamente su soberanía sobre recursos naturales. Estados Unidos no tiene base legal para objetar. Cuando Trump escuchó todo esto, se quedó en silencio durante 3 minutos completos.

Luego preguntó lo obvio, ¿y si invadimos? La respuesta fue devastadora. México tiene 130 millones de habitantes, comparte 3,000 km de frontera con Estados Unidos. Una invasión crearía la crisis de refugiados más grande de la historia, desestabilizaría toda América Latina, destruiría lo que queda de credibilidad estadounidense y Paracolmo, México quemaría sus pozos petroleros antes de permitir que Estados Unidos los tome.

Es la doctrina Cárdenas establecida en 1938. Mejor destruir el petróleo que entregarlo al invasor. Pero más allá de consideraciones militares o humanitarias, hay una realidad económica que hace imposible cualquier intervención violenta. El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 600,000 millones de dólares anuales.

Más de un millón de personas cruzan la frontera legalmente cada día por negocios, trabajo, educación. Las economías no solo están integradas, están fusionadas a nivel estructural. Si Estados Unidos desestabiliza a México, desestabiliza sus propios estados fronterizos. Texas tiene más comercio con México que con cualquier otro socio. California depende de productos agrícolas mexicanos para alimentar a su población.

Arizona y Nuevo México tienen economías regionales completamente integradas con Sonora y Chihuahua. No es posible separar una economía de la otra sin causar daño masivo a ambos lados. Ahora entendamos la magnitud real de lo que está en juego. México tiene 6,000 millones de barriles de reservas probadas, pero hay algo que el gobierno mexicano ha mantenido en reserva durante años.

Los estudios geológicos en aguas profundas del Golfo de México indican reservas potenciales de 20,000 millones de barriles, uno de los yacimientos más grandes descubiertos en las últimas décadas. Para poner esto en perspectiva, 20,000 millones de barriles equivalen aproximadamente a las reservas totales actuales de Estados Unidos. Es comparable a las reservas de Libia antes de la guerra civil.

Es suficiente petróleo para abastecer el consumo actual de México durante más de 100 años y esto está en aguas territoriales mexicanas bajo jurisdicción indiscutible del Estado mexicano. Las empresas estadounidenses lo sabían, por eso presionaron a Peña Nieto para abrir el sector energético en 2013. No era por los 1,800,000 barriles diarios de producción actual.

Era por los 20,000 millones de barriles que están esperando ser extraídos. Y ahora ese tesoro está fuera de su alcance. La Jugada Maestra de México va más allá. No solo está cerrando la puerta a Estados Unidos, está construyendo alianzas con todos sus competidores, China, Rusia, Noruega, Brasil.

empresas petroleras europeas ansiosas por entrar al mercado mexicano. México está creando un sistema donde ningún país individual puede ejercer presión excesiva, diversificación perfecta. Esta es una estrategia que podríamos llamar neutralidad activa. México no está eligiendo un bloque sobre otro. está creando interdependencias múltiples que le dan márgenes de maniobra.

Si China presiona demasiado, México puede volverse hacia Europa. Si Europa exige condiciones inaceptables, México puede negociar con Brasil. Es una arquitectura de relaciones que maximiza autonomía, que es precisamente lo que define soberanía real en el siglo XXI. Y hay algo más revolucionario en el acuerdo con China.

Los chinos pagarían el petróleo mexicano no en dólares, sino en yuanes. Aquí es donde el tema deja de ser solo petróleo y se convierte en algo mucho más profundo, la estructura del poder económico global. Para entender por qué esto importa, necesitamos volver a 1944. En julio de ese año, representantes de 44 países se reunieron en Breton Woods, New Hampshire.

Estados Unidos acababa de ganar la Segunda Guerra Mundial, controlaba más de la mitad de la producción industrial global, poseía 2 tercios de las reservas de oro del mundo. En esa conferencia se estableció que el dólar estadounidense sería la moneda de reserva mundial respaldada por oro a razón de $5 por onza. Pero en 1971, Richard Nixon rompió unilateralmente el respaldo oro.

Teóricamente el dólar debería haber colapsado. No lo hizo. ¿Por qué? Porque en los años 70 Estados Unidos estableció acuerdos con Arabia Saudita y otros productores petroleros. El petróleo se vendería exclusivamente en dólares. Esto creó demanda artificial permanente de dólares. Cualquier país que quisiera comprar petróleo necesitaba tener reservas en dólares. El petrodólarreemplazó al patrón oro.

Este sistema le da a Estados Unidos un privilegio extraordinario. Puede imprimir dinero sin enfrentar las consecuencias inflacionarias que enfrentaría cualquier otro país. ¿Por qué? Porque hay demanda global constante de dólares. Puede financiar déficits comerciales masivos porque otros países necesitan acumular dólares para comprar energía.

puede imponer sanciones económicas devastadoras simplemente excluyendo países del sistema financiero en dólares. El dólar no se sostiene porque Estados Unidos tiene la economía más grande o más eficiente, se sostiene porque el petróleo se vende en dólares. Es un sistema de poder monetario basado en el control de un commodity esencial.

Ahora, si México comienza a vender en yuanes, algo cambia estructuralmente. China no necesita comprar dólares para comprar petróleo mexicano. Puede usar su propia moneda. Esto reduce demanda de dólares. Si Venezuela sigue el ejemplo, si Brasil hace lo mismo, si otros productores empiezan a aceptar monedas alternativas, la demanda de dólares comienza a erosionarse gradualmente.

No es un colapso inmediato, es erosión gradual. Pero esa erosión gradual es lo que realmente aterra a Washington, porque significa que el privilegio exorbitante del dólar, como lo llamó el ministro francés Valerie Giscard Danger. Estados Unidos tendría que empezar a comportarse como un país normal, que no puede imprimir dinero indefinidamente, que tiene que equilibrar sus cuentas, que no puede financiar déficits masivos sin consecuencias.

La desdolarización no es un evento, es un proceso y México acaba de acelerarlo significativamente. ¿Cómo llegamos aquí? Esto no comenzó con Shane Bund, comenzó hace 6 años cuando López Obrador llegó al poder en 2018. AMLO empezó silenciosamente a revertir la privatización petrolera, fortaleció Pemex, canceló contratos desfavorables, construyó la refinería de Dos Bocas contra todas las críticas.

Washington protestó, las petroleras amenazaron, pero AMLO no se dio, estaba preparando el terreno. Y aquí necesitamos entender algo crucial sobre planificación estratégica de largo plazo. AMLO no estaba improvisando, estaba ejecutando una política de estado diseñada para extenderse más allá de su sexenio. Esto es raro en América Latina, donde generalmente cada gobierno deshace lo que hizo el anterior, pero AMLO y Shane Baum representan continuidad ideológica y estratégica.

Cuando AMLO comenzó a fortalecer Pemex, muchos analistas dijeron que estaba tirando dinero a un agujero negro. Pemex tenía deudas masivas, era ineficiente, estaba plagada de corrupción, pero AMLO entendía algo que los analistas neoliberales no querían ver. Pemex no es solo una empresa, es un instrumento de soberanía nacional. No se mide solo por rentabilidad financiera inmediata, se mide por su capacidad de garantizar autonomía energética.

Fortalecer Pemex significaba reconstruir capacidad técnica, entrenar ingenieros, modernizar infraestructura, recuperar conocimiento institucional que se había perdido durante años de desmantelamiento. Era inversión a 10, 15 años. No era para que AMLO viera resultados inmediatos. Era para que el próximo gobierno y el siguiente tuvieran las herramientas para ejercer soberanía real.

Cuando Shinbaum asumió en octubre de 2024, muchos analistas pensaron que moderaría el rumbo, que sería más pragmática. se equivocaron completamente. Shin Baum es más radical que AMLO, es ingeniera, entiende perfectamente la industria petrolera y tiene una coalición política aún más fuerte y un momento geopolítico perfecto.

Trump acaba de regresar al poder con una agenda de confrontación con China. Europa está dividida y debilitada por la guerra en Ucrania. Oriente Medio está en constante tensión. En este contexto, México emerge como un jugador geopolítico crucial que puede inclinar la balanza hacia cualquier lado. Hace 3 días, Shinba dio un discurso en Palacio Nacional que fue ignorado por los medios estadounidenses.

México nunca más será colonia económica de ninguna potencia. Nuestro petróleo es nuestro. Nuestro futuro es nuestro y cualquiera que quiera hacer negocios con nosotros lo hará bajo nuestras condiciones o no lo hará en absoluto. El 87% de los mexicanos aprueban la nacionalización del petróleo. No es solo un proyecto de gobierno, es un proyecto nacional y eso le da a Shain Boa una legitimidad que ninguna presión externa puede erosionar.

Este apoyo popular no es accidental, es resultado de décadas de memoria colectiva sobre lo que significa entregar recursos naturales a corporaciones extranjeras. Los mexicanos recuerdan la expropiación petrolera de 1938, cuando Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera en respuesta a abusos de compañías británicas y estadounidenses.

Ese evento está grabado en la identidad nacional mexicana. Cada año, el 18 de marzo, se celebra como día de laexpropiación petrolera. es parte del imaginario nacional. Cuando Shinba invoca esa tradición, no está manipulando sentimientos, está conectando con una narrativa histórica profunda que tiene legitimidad real en la población.

Y eso es poder político que no se puede comprar ni destruir fácilmente con propaganda externa. ¿Qué va a pasar en los próximos meses? En febrero hay una reunión trilateral de ministros de energía de México, Estados Unidos y Canadá. Estados Unidos presionará, amenazará, intentará intimidar. México no cederá ni un milímetro.

Canadá atrapado en el medio probablemente se inclinará hacia México porque también está cansado de la arrogancia estadounidense. Canadá tiene sus propias tensiones con Estados Unidos sobre política energética. El oleoducto Keone XL fue cancelado por Biden afectando intereses canadienses. Canadá también ha expresado interés en diversificar sus mercados de exportación energética hacia Asia.

La posición de México no es aislada, resuena con intereses canadienses de mayor autonomía frente a Estados Unidos. En marzo, México formalizará el acuerdo con China. Será el acuerdo comercial más grande en la historia de América Latina. China construirá infraestructura portuaria, refinerías, oleoductos, traerá tecnología de perforación de última generación y ofrecerá precios garantizados que protegerán a México de la volatilidad del mercado petrolero.

Pero entendamos qué significa realmente esta infraestructura. No son solo instalaciones físicas, es transferencia de capacidad industrial. Cuando China construye una refinería en México con tecnología china, está transfiriendo conocimiento técnico que permite a México eventualmente construir sus propias refinerías sin dependencia tecnológica externa.

Cuando entrena ingenieros mexicanos en técnicas de perforación en aguas profundas, está creando capital humano que permanecerá en México décadas después de que termine el contrato. Esto es diferente de cómo operaban las corporaciones occidentales que mantenían el conocimiento técnico crítico en sus casas matrices, enviaban personal extranjero para operaciones clave y nunca desarrollaban capacidad local real.

China, por razones estratégicas propias, está dispuesta a transferir más tecnología, no por generosidad, sino porque su modelo de expansión económica se basa en crear socios capaces, no colonias dependientes. Para junio veremos los primeros resultados concretos. La producción mexicana aumentará, los ingresos petroleros del gobierno se dispararán.

Las inversiones en educación, salud e infraestructura se multiplicarán. México estará demostrando que su modelo funciona, que la soberanía económica no es un sueño romántico, sino una estrategia viable. Y aquí viene lo que realmente aterra a Washington. Si México tiene éxito, otros países lo imitarán. Venezuela ya está estudiando el modelo mexicano. Bolivia está interesada.

Ecuador está observando de cerca un bloque latinoamericano de países petroleros que controlan sus propios recursos, que venden en yuanes o en sus propias monedas que rechazan las condiciones del FMI y del Banco Mundial. Sería el fin del sistema que Estados Unidos construyó después de la Segunda Guerra Mundial.

Imaginemos ese escenario en 10 años, un bloque energético latinoamericano que incluye a México, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, posiblemente Argentina. Juntos controlan reservas petroleras comparables a las de Oriente Medio. Juntos tienen población de casi 500 millones de personas. Juntos representan mercados internos masivos.

Si actúan coordinadamente, tienen poder de negociación equivalente al de bloques como la Unión Europea. No necesitarían confrontar militarmente a Estados Unidos, solo necesitarían coordinarse económicamente, establecer precios mínimos para sus recursos, vender en monedas alternativas, exigir transferencia tecnológica real como condición de inversión extranjera, rechazar condiciones de ajuste estructural del FMI.

Esto cambiaría fundamentalmente el balance de poder en el hemisferio occidental. Por eso están desesperados. Pero tienen un problema. México ya no es el México de 1950 o 1980. Es una economía de casi 2 billones de dólar. La quinta economía del mundo. Tiene tratados comerciales con 46 países. Tiene una clase media de 50 millones de personas.

No pueden simplemente derrocar a un gobierno así sin consecuencias catastróficas. ¿Por qué Estados Unidos no puede hacer con México lo que hizo con otros países? México tiene algo único. Proximidad. Comparten 3,200 km de frontera. Hay 11 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos. El comercio bilateral supera los 600,000 millones de dólares anuales.

Las economías están tan entrelazadas que desestabilizar a México significaría desestabilizar a Estados Unidos. Normalmente, cuando Estados Unidos quiere derrocar un gobierno, elpaís está lejos. Irán, Venezuela, Cuba están a miles de kilómetros. Puedes aplicar sanciones, puedes financiar oposición, puedes esperar, pero con México todo es diferente.

Si México colapsa, Texas, California, Arizona, Nuevo México colapsarían con él. La crisis migratoria sería inimaginable. México lo sabe, Shane Baum lo sabe y está usando esa realidad como escudo. No necesitas armas nucleares cuando tu geografía te hace indispensable para tu vecino más poderoso. Esta interdependencia asimétrica es fascinante desde el punto de vista de relaciones internacionales.

Normalmente cuando un país pequeño tiene interdependencia con una superpotencia, la superpotencia puede usar esa interdependencia como herramienta de presión, pero cuando la interdependencia alcanza cierto nivel de profundidad estructural, se convierte en vulnerabilidad mutua. Estados Unidos no puede dañar seriamente a México sin dañarse a sí mismo. Eso es deterrencia.

económica, tan efectiva como de terrencia nuclear, pero mucho menos visible. Y las empresas petroleras que ya invirtieron en México, las reformas les ofrecen dos opciones. Pueden asociarse con Pemex como socios minoritarios. Seguirán ganando dinero, pero no controlarán las decisiones estratégicas.

O pueden vender sus operaciones a empresas mexicanas o chinas. Chevrón, que se jactaba de que México finalmente había entrado en razón con la reforma de 2013, ahora tiene que aceptar ser socio junior del gobierno mexicano. Exon Mobil, que soñaba con dominar el Golfo de México, ve como sus planes se evaporan.

Conoco Philips, que invirtió miles de millones en exploración, enfrenta la opción de compartir control o irse. La mayoría elegirá quedarse como socios minoritarios porque algo es mejor que nada, porque tienen inversiones hundidas que no pueden recuperar, porque salir significaría admitir derrota total ante sus accionistas, pero la humillación es innegable.

Estas corporaciones que durante un siglo dictaron términos a gobiernos latinoamericanos ahora tienen que aceptar condiciones impuestas por un gobierno latinoamericano. Es un cambio histórico en la correlación de fuerzas. En enero de 2025, justo antes de que Trump asumiera, un grupo de ejecutivos petroleros lo visitó.

Le explicaron la situación en México, le pidieron que hiciera del tema una prioridad absoluta. Trump prometió que obligaría a México a revertir las reformas. Tres semanas después, cuando sus asesores le explicaron que no había forma legal de hacerlo, tuvo que aceptar la realidad. México ganó esta batalla. Proyección a mediano y largo plazo.

En los próximos 5 años, México consolidará su control sobre el petróleo. Pemex se modernizará. La producción aumentará gradualmente, los ingresos se invertirán en infraestructura y desarrollo social. Surgirá una nueva clase de técnicos e ingenieros mexicanos especializados en petróleo. Pero proyectemos más lejos. En 10 años, México podría estar produciendo 2,5 de barriles diarios.

Las reservas en aguas profundas comenzarán a explotarse. México se convertirá en un jugador petrolero aún más importante. Sin embargo, hay condiciones necesarias para que este escenario se materialice. Primera, estabilidad política interna. México necesita mantener continuidad en su política energética más allá de cambios de gobierno.

Segunda, inversión sostenida en capital humano. Formar ingenieros petroleros de clase mundial toma décadas. Tercera, evitar corrupción masiva en Pemex, que históricamente ha sido un problema crónico. Cuarta, gestionar la transición energética global, porque el petróleo no será la fuente energética dominante por siempre. Este último punto es crítico.

El mundo está en transición hacia energías renovables. La demanda de petróleo alcanzará su pico en algún momento de las próximas dos décadas. México necesita usar los ingresos petroleros actuales para financiar esa transición, no para crear dependencia permanente de combustibles fósiles. México logra eso. Si usa su petróleo estratégicamente para construir industrias diversificadas, infraestructura de energía renovable y economía del conocimiento, entonces su estrategia actual será recordada como visionaria.

Si por el contrario México desperdicia sus ingresos petroleros en gasto corriente sin inversión productiva, si cae en la maldición de los recursos naturales que ha afectado a tantos países petroleros, entonces habrá ganado una batalla táctica, pero perdido la guerra estratégica. Los riesgos son reales.

Venezuela tenía las reservas petroleras más grandes del mundo y terminó en colapso económico, no por las reservas en sí, sino por mala gestión, corrupción y falta de diversificación económica. México necesita aprender de esos errores, pero hay razones para ser cautelosamente optimistas. México tiene una economía mucho más diversificada que Venezuela.

Tiene industria manufacturerarobusta, sector servicios desarrollado, integración en cadenas de valor globales más allá del petróleo. El petróleo representa aproximadamente el 10% de los ingresos del gobierno mexicano, no el 90% como en Venezuela en sus peores momentos. Eso da margen de maniobra. Además, la política energética actual está siendo implementada por tecnócratas competentes, no por ideólogos dogmáticos.

Shinbaum es científica, entiende modelos energéticos complejos, no está operando desde dogma, sino desde análisis técnico. Eso aumenta probabilidades de éxito y habrá demostrado que un país latinoamericano puede mantener soberanía económica en el siglo XXI. Esto inspirará a toda una generación. Jóvenes latinoamericanos que crecieron escuchando que no había alternativa al neoliberalismo, verán que sí la hay, que los recursos naturales pueden ser controlados por sus propios países, que la independencia económica es posible. Este es quizás el impacto

más profundo y duradero, cambiar el sentido común económico de una región. Durante décadas el consenso fue que los países en desarrollo debían abrir sus economías completamente, privatizar recursos naturales, atraer inversión extranjera sin condiciones. Ese consenso se está rompiendo. México está demostrando que hay alternativas viables. No significa cerrarse al mundo.

México no está proponiendo autarquía, está proponiendo interdependencia en términos más equitativos, está proponiendo que la globalización puede funcionar de manera diferente, donde países periféricos no son simplemente proveedores de materias primas baratas, sino socios que controlan sus propios recursos y exigen términos justos.

Por supuesto, habrá obstáculos. Estados Unidos intentará todo. Propaganda, financiamiento de oposición, presión a través de organismos internacionales, pero cada vez que fallen México saldrá fortalecido. Cada intento de intimidación que fracasa es una demostración de que el imperio tiene límites. El petróleo es poder.

Siempre lo ha sido. Las guerras del siglo XX fueron en gran medida guerras por petróleo. El Medio Oriente está destrozado por el petróleo. América Latina fue explotada por su petróleo. Quien controla el petróleo controla el destino de naciones enteras. Lo que México está haciendo es reclamar ese control.

está diciendo que su petróleo no es propiedad de corporaciones multinacionales, sino del pueblo mexicano. Es un acto de soberanía fundamental y por eso Washington está aterrorizado, porque si México puede hacerlo, cualquiera puede. Estamos presenciando un momento histórico, el momento en que un país latinoamericano dijo no a la hegemonía estadounidense y salió victorioso.

momento en que el equilibrio de poder comenzó a cambiar en el hemisferio occidental. Lo que está pasando en México no es solo petróleo, es sobre dignidad, sobre el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro, sobre romper las cadenas del colonialismo económico que han aprisionado a continentes enteros durante siglos.

México está demostrando que se puede hacer, que se puede enfrentar al imperio y ganar, no con armas, no con violencia, sino con determinación, con estrategia, con unidad nacional. M.