Amigos, si creían que habían visto todo en cuanto a giros geopolíticos en América Latina, prepárense porque lo que acaba de ocurrir en Bogotá en las últimas 72 horas no es simplemente un movimiento diplomático, es la reconfiguración más radical del equilibrio de poder en el hemisferio occidental desde la crisis de los misiles de 1962.
Y déjenme explicarles por qué esto, que parece una simple disputa comercial entre Colombia y Estados Unidos, es en realidad el momento preciso en que el sur global dejó de pedir permiso y empezó a construir su propio sistema de seguridad económica, dejando a Washington en una posición que ningún estratega del Pentágono había contemplado en sus peores escenarios, porque Gustavo Petro acaba de hacer algo que ningún líder latinoamericano se había atrevido a hacer en un siglo, convertir la agresión económica estadounidense en
una oportunidad para acelerar la integración con las potencias emergentes de Asia y lo ha hecho de una manera tan brillante, tan quirúrgicamente precisa, que ha dejado a la Casa Blanca sin ninguna respuesta viable. que no implique autodestruirse en el proceso. Para entender la magnitud de lo que está sucediendo, necesitamos retroceder apenas una semana cuando Donald Trump, en su típico estilo de matón de patio escolar decidió que iba a castigar a Colombia por su negativa a aceptar vuelos de deportación sin garantías de derechos humanos. Y la
respuesta de Washington fue inmediata y brutal. bloqueo total a las importaciones colombianas, congelamiento de cuentas en bancos estadounidenses, prohibición de exportar dólares a Colombia y la amenaza implícita de sanciones secundarias a cualquier país que comerciara con Bogotá. Era el manual clásico de la asfixia económica que Estados Unidos ha usado exitosamente durante décadas contra Cuba, contra Venezuela, contra Irán.
La receta siempre había funcionado porque el poder del dólar como moneda de reserva mundial significaba que cuando Washington cerraba el grifo financiero, el país objetivo entraba en pánico, su moneda se desplomaba, la inflación se disparaba. aparecía el desabastecimiento y en cuestión de semanas o meses el gobierno acorralado tenía que capitular y aceptar las condiciones que le impusieran desde el norte, pero algo ha cambiado fundamentalmente en la arquitectura económica global y Gustavo Petro lo entendió con una claridad que
ha tomado por sorpresa a toda la comunidad de inteligencia estadounidense porque en lugar de entrar en pánico, en En lugar de enviar emisarios a Washington a suplicar por misericordia, el gobierno colombiano hizo exactamente lo contrario. Convocó una cumbre de emergencia con China, Brasil, México y los países de la CELAC.
Y en menos de 48 horas había construido lo que están llamando la Alianza del Escudo Logístico Soberano, un mecanismo de integración comercial y financiera. que básicamente saca a Estados Unidos de la ecuación y lo reemplaza con actores que están más que felices de ocupar ese espacio. Déjenme explicarles cómo funciona esto porque es absolutamente genial desde el punto de vista de la economía política y demuestra que alguien en Bogotá ha estado estudiando muy bien las lecciones de la multipolaridad emergente.
El primer componente de esta alianza es la activación inmediata del corredor interoceánico seco, que es básicamente una red de ferrocarriles de alta velocidad y autopistas que conectan el puerto de Buenaventura en el Pacífico colombiano con los puertos del Caribe como Cartagena y Barranquilla. Pero aquí está la parte brillante.
Esta infraestructura no va a ser operada solo por Colombia, va a ser operada bajo una jurisdicción especial compartida con empresas estatales chinas, específicamente Costco Shipping, que es el gigante naviero del gobierno chino. Y bajo este acuerdo, cualquier carga que entre o salga por estos puertos queda automáticamente bajo la protección legal y logística de la bandera china.
Lo que significa que si Estados Unidos quisiera bloquear físicamente estos barcos, estaría iniciando un acto de guerra no contra Colombia, sino contra la República Popular China. Ahora piensen en las implicaciones estratégicas de esto por un momento. Estados Unidos tiene la marina más poderosa del mundo.
Tiene bases militares rodeando el planeta. tiene la capacidad de proyectar fuerza en cualquier océano, pero todo ese poder militar se vuelve completamente inútil. Cuando el adversario es una potencia nuclear con la que no puedes entrar en guerra abierta sin desatar un armagedón global, Petro ha tercerizado efectivamente la defensa de sus rutas comerciales a una superpotencia rival y lo ha hecho usando las propias reglas del libre mercado y la soberanía comercial que Estados Unidos dice defender. Es judo geopolítico en su
forma más pura. usar el peso y el impulso del oponente para neutralizarlo, pero la alianza no se detiene ahí. Y aquí es donde se pone realmenteinteresante desde la perspectiva económica, porque el segundo componente es un acuerdo de intercambio comercial masivo, donde China se compromete a comprar por adelantado toda la producción de café, flores, carbón y frutas que Estados Unidos acaba de rechazar.
Y no estamos hablando de un acuerdo de papel, sino de barcos chinos que ya están navegando hacia Buenaventura para recoger la carga. Colombia literalmente no va a perder un solo peso de ingresos por el bloqueo estadounidense porque simplemente cambió de cliente, reorientó su producción del mercado norteamericano al mercado asiático que tiene cuatro veces más consumidores y una clase media en expansión que está hambrienta de productos premium como el café colombiano de alta calidad.
Y para los que están pensando, pero eso va a tomar tiempo, la economía colombiana va a sufrir en el proceso de transición. Déjenme contarles lo que pasó en los mercados financieros en las últimas 24 horas cuando se anunció la alianza. El peso colombiano que había empezado a caer por el pánico inicial se estabilizó inmediatamente y hasta se apreció ligeramente.
¿Por qué? Porque el Banco Popular de China activó una línea de swap de divisas por 30,000 millones de yuanes para respaldar la liquidez del sistema financiero colombiano. Esto significa que los importadores colombianos ya no necesitan conseguir dólares para comprar maquinaria, tecnología o productos manufacturados. Ahora pueden pagar directamente en yuanes y el Banco Central Colombiano tiene las reservas para respaldar esas transacciones.
Es la desdolarización acelerada. no por ideología, sino por necesidad práctica y está funcionando. Ahora quiero que entiendan el nivel de pánico que esto está generando en Washington, porque déjenme explicarles algo fundamental sobre cómo funciona realmente el poder estadounidense en el mundo. Estados Unidos no es la economía más grande porque produce más cosas.
De hecho, gran parte de su base industrial se desindustrializó hace décadas. El verdadero poder de Estados Unidos en la economía global viene de dos fuentes, el dólar como moneda de reserva mundial y el control de las instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Mientras todos los demás países tengan que conseguir dólares para comerciar internacionalmente, mientras tengan que mantener reservas en dólares para estabilizar sus monedas, mientras necesiten acceso al sistema Swift para hacer transferencias bancarias
internacionales, Washington tiene el poder de estrangular económicamente a cualquier país que se salga de la línea, simplemente cortando su acceso a ese sistema. Pero lo que Colombia acaba de demostrar es que ese poder ya no es absoluto, que existe una infraestructura alternativa construida pacientemente por China durante las últimas dos décadas.
El sistema de pagos internacionales SIPS, que es la alternativa china a Swift, el Yan digital, que permite transacciones sin pasar por el sistema bancario occidental, los acuerdos de swap bilateral entre bancos centrales que eliminan la necesidad del dólar como intermediario. Todas estas piezas ya estaban en su lugar esperando el momento adecuado para activarse.
Y el bloqueo de Trump a Colombia fue exactamente el catalizador que se necesitaba para demostrar al resto del mundo que el sistema funciona, que no es teoría, sino práctica operativa. Richard Wolf ha estado advirtiendo sobre esto durante años en sus análisis que el imperio estadounidense no va a caer por una revolución violenta ni por una derrota militar tradicional, sino por obsolescencia económica, por la construcción de sistemas paralelos que simplemente hacen irrelevante el poder de Washington. Y eso es exactamente lo
que estamos viendo desplegarse en tiempo real. Cada país que observa lo que está pasando en Colombia está tomando notas. Están viendo que un país mediano de América Latina pudo resistir el poder económico completo de Estados Unidos y no solo sobrevivir, sino prosperar cambiando de socios comerciales. Y si Colombia puede hacerlo, entonces cualquiera puede hacerlo.
Pero déjenme llevarlos más profundo en el análisis, porque hay una dimensión energética en esta crisis que es absolutamente crucial. y que los medios corporativos están ignorando completamente. Colombia es un productor importante de petróleo, específicamente de crudo pesado que las refinerías de la costa del Golfo de Texas necesitan para mezclar con el crudo ligero desquisto que producen en Estados Unidos.
Sin ese crudo colombiano, las refinerías estadounidenses tienen que buscar alternativas más caras en el Medio Oriente o Venezuela. Pero aquí viene el golpe maestro. Petro ha anunciado que Colombia va a dejar de exportar petróleo a Estados Unidos y en su lugar va a redirigir esos flujos hacia la India y China y a cambio va a recibir gasolina refinada y diésel de esos países.
Es un intercambio de crudopor productos refinados que elimina completamente la dependencia de las refinerías estadounidenses. Ahora, algunos dirán, “Pero eso no tiene sentido económico. Es más eficiente exportar crudo a tu vecino cercano que enviarlo al otro lado del mundo. Y en términos puramente de costos de transporte tendrían razón, pero aquí es donde entra la economía política.
Porque lo que Colombia está haciendo es diversificar deliberadamente sus relaciones de dependencia. Están dispuestos a pagar un poco más en costos logísticos. a cambio de seguridad estratégica, a cambio de tener múltiples clientes que compiten entre sí por su petróleo en lugar de un solo cliente que puede chantajearlos.
Y cuando tienes economías del tamaño de India y China compitiendo por tu crudo, los precios que obtienes son mejores de todas formas. Así que la pérdida en costos de transporte se compensa con ganancias en poder de negociación. Y esto nos lleva a un punto más amplio sobre la transformación del sistema económico global que estamos viviendo.
Durante el periodo de la Guerra Fría, el mundo estaba dividido en dos bloques, el capitalista liderado por Estados Unidos y el socialista liderado por la Unión Soviética. Y los países del tercer mundo tenían que elegir un lado o tratar de navegar entre ambos con el movimiento de países no alineados.
Pero ese sistema colapsó en 1991 con la caída de la URS y por tres décadas Estados Unidos ha operado como el poder hegemónico indiscutido el momento unipolar donde Washington podía imponer su voluntad en casi cualquier parte del mundo sin una potencia rival que lo contrarrestara. Pero ese momento unipolar está terminando y lo que estamos viendo emerger es algo diferente, tanto del mundo bipolar de la Guerra Fría como del mundo unipolar de las últimas tres décadas.
Estamos entrando en un mundo multipolar donde hay múltiples centros de poder económico y político, donde Estados Unidos sigue siendo una potencia importante, pero ya no puede dictar términos unilateralmente. donde China ha emergido como una alternativa económica real, donde Rusia proporciona un contrapeso militar, donde países medianos como Brasil, India, Sudáfrica, Turquía tienen suficiente peso para perseguir sus propios intereses sin alinearse completamente con ningún bloque.
Y en este nuevo mundo multipolar, los países pequeños y medianos tienen mucho más espacio de maniobra del que tenían antes. Pueden jugar a las grandes potencias una contra otra. pueden construir alianzas flexibles basadas en intereses específicos en lugar de alineamientos ideológicos permanentes. Y lo más importante, pueden decir no a las demandas de Washington sin enfrentar aniquilación económica inmediata, porque existen alternativas viables.
Eso es exactamente lo que Colombia está demostrando y por eso este momento es tan significativo históricamente. Ahora hablemos de las implicaciones para el resto de América Latina porque esto no se queda solo en Colombia. La la alianza del escudo logístico está diseñada desde el principio como una estructura expandible a la que otros países pueden unirse y ya hay señales de que México, Brasil, Argentina y Chile están en conversaciones exploratorias para integrarse al mecanismo.
Imaginen por un momento una alianza comercial que abarque desde México hasta Argentina con una población combinada de más de 400 millones de personas con recursos naturales que van desde petróleo hasta litio, cobre, soja y con acceso a ambos océanos. Esa sería una potencia económica regional capaz de negociar de igual a igual con cualquier bloque comercial del mundo.
Y esto es precisamente lo que le quita el sueño a los estrategas en Washington. Porque déjenme explicarles algo sobre la doctrina Monroe que ha guiado la política exterior estadounidense en este hemisferio desde 1823. La famosa frase América para los americanos nunca significó América para los latinoamericanos. significó América Latina como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos, donde ninguna potencia extrahemisférica podía tener presencia significativa.
Esa doctrina funcionó razonablemente bien durante dos siglos, con algunas excepciones como Cuba, pero ahora está siendo desmantelada sistemáticamente porque China no está invadiendo militarmente América Latina. está siendo invitada a entrar como socio comercial y de inversión por gobiernos que han calculado correctamente que sus intereses están mejor servidos diversificando sus relaciones que manteniéndose exclusivamente atados a Estados Unidos.
La respuesta de Washington a esta pérdida de control ha sido predecible y patética al mismo tiempo. Primero intentaron el bloqueo económico directo y eso fracasó porque Colombia encontró alternativas inmediatas. Luego intentaron presión diplomática enviando al secretario de Estado a Bogotá con un paquete de ayuda de 5000 millones de dólares si Colombia rompíael acuerdo con China.
Y Petro rechazó la oferta públicamente diciendo que ya había asegurado 50,000 millones en inversiones con sus socios asiáticos y que la soberanía nacional no estaba en su basta. Esa respuesta resonó en todo el sur global como una declaración de que el dinero de Washington ya no es suficiente para comprar lealtades cuando la alternativa es 10 veces mayor y viene sin amenazas militares adjuntas.
Entonces, la Casa Blanca ha recurrido a su manual de operaciones encubiertas. Y aquí es donde la situación se vuelve verdaderamente peligrosa, porque en las últimas 48 horas hemos visto señales inequívocas de que la CIA está activando sus redes de desestabilización interna en Colombia. Ha habido explosiones simultáneas en torres de transmisión eléctrica que alimentan la nueva línea férrea del corredor interoceánico.
Ha habido un ataque cibernético masivo contra el sistema de aduanas del puerto de Buenaventura, intentando borrar los registros de la carga china. Ha habido movilización de grupos paramilitares en la frontera con Venezuela con el objetivo aparente de crear incidentes de falsa bandera que puedan ser usados para justificar intervención internacional.
Estas no son teorías de conspiración, son patrones operativos bien documentados que Estados Unidos ha usado en Chile en 1973, en Nicaragua en los 80, en Venezuela en 2019, cuando no pueden ganar por medios legítimos, recurren a la guerra sucia, al sabotaje, al financiamiento de oposición violenta, a la creación de caos social.
que pueda ser luego presentado como justificación para una intervención humanitaria. Y si creen que estoy exagerando, les recuerdo que tenemos documentos desclasificados que prueban que la CIA hizo exactamente esto en docenas de países durante las últimas décadas. No es especulación, es historia documentada. Pero aquí es donde la alianza del escudo logístico muestra otra dimensión de su genialidad estratégica, porque no es solo un acuerdo comercial, sino también un acuerdo de seguridad cibernética y de inteligencia.
El gobierno colombiano ahora tiene acceso a las capacidades de guerra cibernética de China, a sistemas de vigilancia satelital, a inteligencia de señales que les permite detectar y neutralizar operaciones encubiertas con una efectividad que nunca tuvieron antes. y también tienen presencia física de contratistas de seguridad chinos que son básicamente unidades desmovilizadas del Ejército Popular de Liberación, custodiando la infraestructura crítica del corredor ferroviario.
Esto significa que los saboteadores financiados por la CIA ya no se enfrentan a policías locales mal equipados, sino a operadores profesionales de fuerzas especiales con orden de proteger la inversión china usando fuerza letal si es necesario. Y esto eleva el riesgo de escalada a niveles extremadamente peligrosos, porque ahora tenemos una situación donde proxis estadounidenses están en conflicto directo con personal de seguridad chino en suelo latinoamericano.
Es una guerra fría que se está calentando rápidamente y el campo de batalla es Colombia. Richard Wolf ha llamado a esto la internacionalización del conflicto de clases. Ya no es simplemente el Estado colombiano contra insurgentes internos o contra oligarcas locales, es el capital estadounidense intentando mantener su hegemonía contra el capital chino y el Estado desarrollista colombiano, intentando construir infraestructura para acelerar su desarrollo.
Y esa contradicción no se puede resolver con diálogo, sino solo con la victoria de uno de los dos modelos. Ahora quiero hablar sobre las implicaciones de esto para el canal de Panamá, porque aquí es donde la situación se complica geopolíticamente de manera exponencial. El canal de Panamá ha sido durante más de un siglo el punto de control estratégico fundamental para el comercio entre el Atlántico y el Pacífico en el hemisferio occidental.
Estados Unidos construyó el canal, controló su operación hasta 1999 y aunque formalmente lo devolvió a Panamá, mantiene tratados que le dan derecho de intervención si considera que la seguridad del canal está amenazada y ahora con barcos chinos fluyendo regularmente entre los puertos colombianos del Pacífico y del Caribe, Washington está presionando brutalmente al gobierno panameño para que cierre el paso a esos barcos bajo el argumento de que representan una amenaza a la seguridad nacional.
El dilema para Panamá es imposible. Si cierran el canal a los barcos chinos, violan su propia Constitución, que garantiza neutralidad del canal para todos los países, destruyen su economía porque China es el segundo mayor usuario del canal y el principal inversor en la zona libre de Colón y se ganan la enemistad permanente de la potencia económica que está configurando el comercio del siglo XXI.
Pero si se niegan a cerrar el canal, enfrentan la posibilidad real de una reocupación militar estadounidense y nocrean que eso es imposible. Ya hay marines en estado de alerta en bases de Florida listos para desplegarse a las escruas en menos de 4 horas, según mis fuentes en el Comando Sur. Pero aquí es donde el corredor interoceánico colombiano vuelve a ser absolutamente crucial estratégicamente, porque al crear una ruta alternativa entre el Pacífico y el Atlántico que no pasa por Panamá, Colombia ha roto el
monopolio geográfico que hacía el canal indispensable. Ahora, si Estados Unidos bloquea Panamá, la carga simplemente se desvía a Colombia. Sale de Buenaventura en el Pacífico, viaja por tren de alta velocidad a través de los Andes y llega a Cartagena en el Caribe en menos de 12 horas.
Es más rápido que esperar para cruzar el canal y evita completamente el punto de control estadounidense. Eh, esto devalúa dramáticamente el activo estratégico más importante que Estados Unidos ha tenido en el hemisferio desde 1914. Y es algo que el establishment de seguridad nacional simplemente no puede aceptar.
Por eso estamos viendo una escalada retórica tan agresiva desde Washington con halcones del Congreso hablando abiertamente de usar fuerza militar para proteger intereses estratégicos en la región con Think Tanks, produciendo documentos que argumentan que la presencia china en puertos latinoamericanos es una amenaza existencial que justifica respuesta militar con medios corporativos bombeando propaganda sobre narcoterrorismo.
y estados fallidos que necesitan intervención para proteger al pueblo estadounidense, están construyendo la narrativa que justifique la guerra y lo están haciendo a plena luz del día para cualquiera que esté prestando atención. Pero aquí está el problema fundamental con esa estrategia de escalada. Estados Unidos ya no tiene la capacidad de pelear y ganar una guerra convencional en América Latina sin destruir completamente su propia economía en el proceso. Déjenme explicarles por qué.
Primero, porque cualquier bloqueo naval de los puertos colombianos significaría bloquear barcos con bandera china, lo que autorizaría a Beijín a tomar represalias en el mar del sur de China o en el estrecho de Taiwán. Y Estados Unidos definitivamente no puede pelear dos guerras navales simultáneas en hemisferios opuestos.
Segundo, porque Brasil ha dejado claro que cualquier ataque a Colombia será considerado un ataque a la soberanía sudamericana y ha activado su sistema de defensa aérea en la Amazonía con capacidad de derribar cualquier avión. No autorizadu. Tercero, porque el 40% de las importaciones de la costa este estadounidense pasan por el canal de Panamá.
Y si ese canal se cierra en medio de un conflicto, la economía estadounidense entra en depresión inmediata. Entonces tenemos una situación de jaque mate mutuo donde ningún lado puede usar fuerza militar sin autodestruirse, pero donde la escalada retórica continúa aumentando, porque el establishment estadounidense no puede aceptar psicológicamente la pérdida de su patio trasero.
Es una crisis de hegemonía en su forma más pura. El momento donde un imperio en decbe se da cuenta de que ya no puede imponer su voluntad, pero todavía no ha aceptado emocionalmente esa nueva realidad. Y esos momentos históricamente son extremadamente peligrosos porque imperios heridos y humillados a veces prefieren la destrucción mutua antes que aceptar la derrota.
Por eso creo que estamos entrando en el periodo más peligroso de esta crisis, la fase donde al haber fallado la coerción económica y siendo inviable la intervención militar directa, Washington all in en la guerra híbrida. Sabotaje masivo de infraestructura, financiamiento de paramilitares, operaciones de falsa bandera diseñadas para crear caos social que justifique intervención humanitaria, guerra cibernética contra sistemas financieros y de comunicaciones, campañas de desinformación masiva eh a través de redes sociales para dividir a
la población colombiana y latinoamericana en general, van a intentar destruir desde dentro lo que no pueden controlar desde fuera. Y la pregunta crucial es si la alianza del escudo logístico puede resistir esa ofensiva, si tienen la resiliencia institucional, la unidad política, la capacidad de seguridad para mantenerse firmes bajo un ataque multidimensional diseñado específicamente para romperlos.
Y honestamente no tengo una respuesta definitiva a esa pregunta porque estamos en territorio histórico inexplorado. Nunca antes un grupo de países latinoamericanos había intentado algo de esta magnitud con este nivel de apoyo de una potencia extrahemisférica. No sabemos si el modelo va a funcionar hasta que sea probado bajo fuego real.
Pero lo que sí puedo decirles es que, independientemente del resultado inmediato en Colombia, el genio ya salió de la lámpara y no va a volver a entrar, porque todos los demás países del sur global están observando este experimento con atención absoluta. están viendo queexiste una alternativa operativa al sistema de dominación estadounidense, que puedes decir no a Washington y no solo sobrevivir, sino potencialmente prosperar si tienes los socios correctos y la voluntad política para aguantar la presión inicial. Y esa elección va a ser
replicada una y otra vez en las próximas décadas, a medida que más países calculen que los beneficios de la autonomía superan los costos de la sumisión. Déjenme explicarles algo sobre cómo funcionan los imperios históricamente, porque hay un patrón muy claro que se repite una y otra vez.
Los imperios no caen de repente en un solo colapso dramático. Caen gradualmente a medida que van perdiendo control sobre sus periferias. Primero pierden a los territorios más lejanos, luego a los que están en la periferia media y eventualmente solo retienen el núcleo central antes de que ese también se fragmente y el proceso no es lineal, sino que tiene aceleraciones súbitas cuando ocurren eventos que demuestran públicamente la incapacidad del poder imperial para mantener el orden.
Esos momentos de demostración de impotencia son cruciales porque destruyen la ilusión de invencibilidad que es fundamental para mantener el control. Y eso es exactamente lo que está pasando con la crisis Colombia Estados Unidos. No es solo que Colombia se está saliendo de la esfera de influencia estadounidense, es que lo está haciendo de una manera tan pública, tan dramática, tan obviamente exitosa que está inspirando a otros a hacer lo mismo.
Es un momento de demostración de impotencia imperial que va a ser estudiado en las escuelas de relaciones internacionales durante generaciones. momento donde el sur global dejó de tener miedo y empezó a organizarse colectivamente para construir un sistema alternativo. Y quiero que entiendan las implicaciones económicas de esto para el ciudadano estadounidense promedio, porque hay una desconexión masiva entre los intereses de la élite imperial y los intereses de la clase trabajadora estadounidense.
Las guerras económicas y potencialmente militares que Washington está librando en América Latina no benefician al trabajador de Michigan o Texas o California. De hecho, lo perjudican directamente porque causan inflación. Al interrumpir cadenas de suministro causan desempleo cuando las empresas no pueden conseguir insumos. Causan que los impuestos se desperdicien en aventuras militares.
En lugar de invertirse en infraestructura doméstica, educación, salud. El trabajador estadounidense no tiene ningún interés en que su gobierno mantenga control hegemónico sobre América Latina. Ese es un interés exclusivo de las corporaciones multinacionales que extraen recursos y de los contratistas de defensa que ganan billones con presupuestos militares inflados.
Pero esas corporaciones han capturado completamente el proceso político estadounidense a través del financiamiento de campañas y el lobing. Entonces, las políticas exteriores se hacen para beneficiar a una minoría minúscula mientras se presentan al público como defensa de intereses nacionales o de valores democráticos. Es una mentira sistemática que se está volviendo cada vez más difícil de mantener a medida que las consecuencias económicas domésticas se vuelven imposibles de ignorar.
Y por eso estamos viendo dentro de Estados Unidos el surgimiento de un movimiento político que cuestiona fundamentalmente el imperio, no desde la izquierda tradicional únicamente, sino también desde sectores del movimiento obrero que están cansados de ver cómo se desperdician recursos en guerras mientras sus comunidades se desindustrializan y empobrecen.

Ese movimiento todavía es minoritario, pero está creciendo y crisis como la de Colombia lo fortalecen porque demuestran el punto central que el imperialismo no beneficia al pueblo estadounidense, beneficia exclusivamente a su clase capitalista. Ahora quiero hablar sobre el aspecto ambiental de esta crisis, porque es algo que se está discutiendo muy poco, pero que es absolutamente crucial para entender las dinámicas de largo plazo.
El corredor interoceánico colombiano está siendo diseñado desde el principio con tecnología ferroviaria eléctrica alimentada por la capacidad hidroeléctrica de Colombia. es infraestructura verde que va a reducir dramáticamente las emisiones de carbono del transporte de carga comparado con los barcos diésel que atraviesan el canal de Panamá.
Y esto no es casualidad, sino estrategia deliberada, porque China está posicionándose como el líder global en tecnología verde y está usando esa ventaja tecnológica para crear dependencias del mismo tipo que Estados Unidos creó con el petróleo durante el siglo XX. Piénsenlo de esta manera.
Durante las últimas décadas, el poder estadounidense basó en gran medida en controlar los flujos de petróleo, en asegurar que la energía que mueve la economía global fluyera a través de sistemas que Washington podía supervisary potencialmente cortar. Pero ese sistema se está volviendo obsoleto a medida que el mundo transiciona hacia energías renovables y vehículos eléctricos.
Y China ha invertido masivamente para asegurarse de que en ese nuevo mundo verde la dependencia tecnológica sea de Beijing, no de Washington, controlan la producción de paneles solares, de baterías de litio, de turbinas eólicas, de trenes eléctricos de alta velocidad y están usando esa ventaja tecnológica exactamente como Estados Unidos usó su control del petróleo para crear relaciones de dependencia que se traducen en influencia política.
Entonces, cuando ven el corredor interoceánico colombiano, no lo vean solo como infraestructura de transporte, véanlo como parte de una estrategia global china para construir el sistema de comercio del siglo XXI basado en tecnología verde que ellos controlan. están apostando a que el futuro es multipolar y verde y se están posicionando para ser el actor dominante en ese futuro.
Mientras Estados Unidos sigue aferrado a un modelo basado en combustibles fósiles y dominación militar que se está volviendo progresivamente obsoleto, tanto tecnológica como políticamente. Y esto nos lleva a una pregunta fundamental. sobre el tipo de mundo que queremos construir. Porque no se trata simplemente de reemplazar la hegemonía estadounidense con la hegemonía china.
Eso sería simplemente cambiar de amo, no liberarse. La visión que países como Colombia están articulando, al menos en retórica, es de un mundo genuinamente multipolar. donde múltiples centros de poder se balancean mutuamente y donde los países medianos tienen espacio para perseguir sus propios modelos de desarrollo sin ser forzados a alinearse completamente con ningún bloque.
Ahora, ¿va a funcionar esa visión en la práctica o vamos a terminar simplemente con una nueva forma de dependencia de Beijín en lugar de Washington? Esa es la pregunta del billón de dólares y honestamente nadie lo sabe todavía. Va a depender de cuánta autonomía real puedan mantener países como Colombia en su relación con China, de si pueden evitar caer en las trampas de deuda que han caracterizado a algunos de los proyectos de la franja y la ruta en África y Asia, de si pueden construir capacidades industriales y tecnológicas propias en lugar de
simplemente convertirse en proveedores. de materias primas para la máquina industrial china. Pero lo que es claro es que el estatu quo donde América Latina era simplemente el patio trasero estadounidense se ha roto irreversiblemente y eso crea un espacio de posibilidades políticas y económicas que no existía antes.
Un espacio que puede ser usado para construir modelos de desarrollo más equitativos y sostenibles o que puede ser capturado por nuevas formas de dominación externa. Y cuál de esos caminos se tome, depende fundamentalmente de las luchas políticas internas en cada país, de si los movimientos populares pueden mantener presión sobre sus gobiernos para que usen esta nueva autonomía en beneficio de las mayorías, o si las élites locales simplemente van a negociar su integración subordinada al sistema chino? Les voy a ser honesto, como alguien que
ha estudiado economía política durante décadas, estoy simultáneamente esperanzado y preocupado por lo que estoy viendo, esperanzado, porque finalmente estamos viendo grietas reales en un sistema de dominación imperial que ha causado sufrimiento masivo en el sur global durante más de un siglo, esperanzado, porque La multipolaridad emergente crea espacios para experimentar con modelos económicos alternativos que no sean ni el capitalismo neoliberal estadounidense ni el capitalismo de estado autoritario chino. Eh, esperanzado porque veo
movimientos sociales en América Latina que entienden estas dinámicas y están luchando por direccionar el proceso hacia resultados emancipatorios. Pero también estoy preocupado porque los imperios en declive son extremadamente peligrosos, porque la historia muestra que a menudo prefieren destruir lo que no pueden controlar.
preocupado porque China, aunque alternativa al dominio estadounidense, no es ningún modelo de democracia participativa o derechos laborales preocupado porque las élites latinoamericanas han demostrado históricamente una capacidad increíble para traicionar a sus propios pueblos a cambio de preservar sus privilegios, preocupado porque la ventana para actuar en la crisis climática se está cerrando y todo este conflicto geopolítico está retrasando la acción coordinada que necesitamos desesperadamente.
Entonces, la pregunta no es si deberíamos estar celebrando o lamentando lo que está pasando en Colombia. La pregunta es, ¿qué podemos hacer como ciudadanos conscientes en nuestros respectivos países para influir en la dirección que tome este proceso? Y la respuesta depende de dónde estés. Si estás en Estados Unidos, tu responsabilidad es luchar contra elimperialismo de tu propio gobierno.
Presionar para que se detenga la guerra económica y las operaciones encubiertas. Exigir que los recursos masivos que se gastan en dominación externa se inviertan en lugar en las comunidades devastadas por décadas de neoliberalismo. Construir solidaridad con los movimientos en América Latina que están resistiendo la dominación estadounidense.
Si estás en América Latina, tu responsabilidad es presionar a tus gobiernos para que usen esta nueva autonomía estratégica en beneficio de las mayorías, no de las minorías privilegiadas para que la integración con China y otros actores no sea simplemente un nuevo modelo de extractivismo, sino parte de una estrategia real de desarrollo industrial y tecnológico para que se fortalezca la integración regional, de manera que ningún actor externo pueda dividirnos y dominarnos.
jugando con nuestras divisiones. Y si estás en Europa o Asia, tu responsabilidad es entender que este conflicto te afecta directamente porque el orden global que emerge de él va a determinar las condiciones bajo las cuales todos vivimos. Y para todos nosotros, independientemente de dónde estemos, la tarea crucial es educarnos sobre estas dinámicas de economía política global, porque el poder de los imperios y de las corporaciones multinacionales depende fundamentalmente de nuestra ignorancia, de que no entendamos cómo funciona realmente el sistema y por lo
tanto no podamos organizarnos efectivamente para cambiarlo. Por eso, canales como este son importantes, no porque yo tenga todas las respuestas, sino porque estamos creando espacios donde estas conversaciones pueden suceder, donde podemos aprender juntos, donde podemos romper el monopolio informativo de los medios corporativos que sistemáticamente ocultan o distorsionan estas realidades.
Entonces, los invito a que se suscriban al canal si encuentran este contenido valioso, a que compartan estos videos con sus amigos y familiares, a que comenten abajo con sus propias perspectivas y análisis, porque estas son conversaciones que necesitamos estar teniendo colectivamente. No se trata de que yo les diga qué pensar, sino de que construyamos juntos una comprensión más profunda de las fuerzas que están reconfigurando nuestro mundo.
Y mientras más seamos los que entendemos estas dinámicas, más capacidad tendremos de influir en su dirección. La crisis entre Colombia y Estados Unidos que estamos analizando hoy no es un evento aislado, sino un síntoma de una transformación sistémica mucho más amplia. El fin del momento unipolar estadounidense y el nacimiento doloroso de un orden mundial multipolar.
Y ese proceso va a definir las condiciones de vida de miles de millones de personas en las próximas décadas. va a determinar si tenemos un futuro donde la cooperación internacional puede abordar crisis existenciales como el cambio climático o uno donde las potencias rivales compiten destructivamente mientras el planeta arde va a determinar si los frutos del desarrollo tecnológico se distribuyen equitativamente o se concentran aún más obcenamente.
Estas no son preguntas académicas abstractas, sino cuestiones profundamente prácticas que afectan si la gente puede comer, si puede acceder a atención médica, si puede vivir con dignidad. Y la única manera de influir en las respuestas es organizándonos colectivamente basados en un entendimiento compartido de cómo funciona realmente el poder en el mundo.
Por eso el trabajo de educación política que estamos haciendo aquí importa. Por eso necesitamos seguir teniendo estas conversaciones, incluso cuando son incómodas o complicadas. Por eso no podemos permitir que el cinismo o la desesperanza nos paralicen. La historia no está predeterminada. El futuro está abierto a la lucha y la agencia humana y momentos de crisis sistémica como el que estamos viviendo son precisamente cuando las posibilidades de cambio transformador son mayores.
Cuando las viejas certezas se desmoronan y nuevas configuraciones de poder se vuelven posibles, nuestro trabajo es asegurarnos de que esas nuevas configuraciones sirvan a las mayorías, no a las minorías, que construyan un mundo más justo, no simplemente uno con diferentes amos. Entonces, mientras observamos lo que está pasando en Colombia, mientras vemos a un país mediano desafiar exitosamente al imperio más poderoso de la historia moderna, dejemos que eso nos inspire, pero también nos desafíe a pensar más profundamente sobre qué tipo de mundo
queremos construir en las ruinas del orden que se está desmoronando. Dejemos que nos motive a organizarnos en nuestras propias comunidades y países para luchar por ese mundo, porque al final del día los sistemas de poder no se transforman solos, se transforman cuando suficiente gente decide que el estatut quo es inaceptable y está dispuesta a hacer el trabajo duro de construir alternativas.
Y con eso, amigos, les agradezco por llegar hastael final de este análisis extenso pero necesario. Si tienen preguntas, comentarios, desacuerdos, los leo todos y trato de responder lo que puedo. Si quieren apoyar el canal, pueden hacerlo suscribiéndose, activando las notificaciones para no perderse los próximos análisis y compartiendo este contenido con otros que puedan beneficiarse de estas perspectivas.
Seguiremos analizando estos desarrollos a medida que evolucionen, porque esta historia está lejos de terminar, de hecho, apenas está comenzando. Nos vemos en el próximo video y recuerden que la única manera de cambiar el mundo es primero entenderlo y luego organizarse colectivamente para transformarlo.
Hasta la próxima. Yeah.