Estados Unidos ha impuesto visa a los mexicanos durante más de 100 años. Humillaciones en consulados, rechazos arbitrarios, familias separadas, millones de dólares gastados en trámites. Y durante todo ese tiempo, cualquier estadounidense podía entrar a México simplemente mostrando su pasaporte, sin visa, sin preguntas, sin humillaciones. Eso acaba de terminar.
México anunció que a partir de enero de 2026 los ciudadanos estadounidenses necesitarán visa para entrar al país. Y lo que está pasando en Washington en este momento es puro pánico. Hoy les voy a explicar por qué esta decisión cambia todo el balance de poder en Norteamérica. Bienvenidos. Soy Pierce Morgan.
Durante décadas he analizado las relaciones de poder entre naciones. He visto imperios caer por errores que parecían pequeños. He estudiado como las grandes potencias pierden su hegemonía, no en grandes batallas, sino en decisiones que subestimaron. Y lo que estoy viendo ahora mismo en diciembre de 2025 es exactamente ese tipo de momento histórico, un momento que los libros de historia van a recordar como el día en que México dejó de pedir permiso.
Déjenme ponerles contexto de lo que está pasando. Hace apenas tres semanas, la presidenta Claudia Shainba anunció una medida que nadie en Washington esperaba. A partir del 15 de enero de 2026, todo ciudadano estadounidense que quiera entrar a territorio mexicano necesitará tramitar una visa, no una visa electrónica simple, una visa completa, con entrevista en consulado, con comprobante de ingresos, con carta de motivos de viaje.
Exactamente el mismo proceso humillante que México ha sufrido durante generaciones. La reacción en Estados Unidos fue inmediata. Y les voy a decir algo que quizás no esperan escuchar. No fue de indignación, fue de pánico, porque los estrategas en Washington saben algo que el público estadounidense no sabe. México tiene cartas que ellos nunca calcularon.
Quiero que entiendan algo fundamental. Esta decisión no salió de la nada. No es un berrinche, no es una reacción emocional, es el resultado de meses de planificación estratégica y tiene un objetivo muy claro que les voy a explicar, pero primero déjenme contarles cómo llegamos hasta aquí, porque para entender por qué esta visa cambia todo, necesitan entender la historia de humillación que la precede.
En 1917, Estados Unidos implementó el sistema de visas moderno y desde ese momento los mexicanos han sido tratados como sospechosos en su propio continente. Les voy a dar algunos números que el Departamento de Estado no quiere que conozcan. Cada año los consulados estadounidenses en México rechazan aproximadamente 400,000 solicitudes de visa.
Esos son 400,000 familias que pagaron entre 160 y 190 solo por el derecho a ser rechazadas. Sin explicación, sin apelación, sin dignidad. Hagan el cálculo conmigo. 400,000 rechazos multiplicados por $160 mínimo. Son 64 millones de dólares al año que los mexicanos pagan solo para escuchar la palabra denegada. Y eso sin contar las visas aprobadas.
El negocio total de visas mexicanas genera más de 500 millones de dólares anuales para el gobierno estadounidense. Medio billón de dólares por trámites burocráticos, por humillaciones sistematizadas. Pero el dinero no es lo peor. Lo peor son las historias. Y aquí es donde quiero que presten atención, porque esto explica la furia acumulada que México acaba de liberar.
En mi investigación encontré casos documentados que les van a revolver el estómago. Madres mexicanas a las que se les negó visa para asistir a la graduación de sus hijos en Estados Unidos. Abuelos que nunca conocieron a sus nietos porque un funcionario de 25 años decidió que no demostraban suficientes lazos con México, empresarios con millones de dólares en inversiones rechazados porque el oficial tuvo un mal día.

Médicos reconocidos internacionalmente tratados como criminales potenciales. Les cuento un caso específico que encontré en los registros. Un cirujano cardiovascular de Monterrey con más de 30 años de experiencia fue rechazado cinco veces consecutivas para una visa de turista. Quería visitar a su hija en Houston cinco veces.
un hombre que literalmente salva vidas todos los días, tratado como si fuera una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Y mientras todo esto pasaba, cualquier estadounidense podía cruzar a México mostrando su pasaporte, sin preguntas, sin humillaciones, sin pagar cientos de dólares en trámites. Simplemente entraban como si fuera su derecho divino, como si México fuera una extensión de su patio trasero.
Esa asimetría duró más de un siglo y Washington estaba absolutamente convencido de que duraría para siempre. Se equivocaron. Ahora, déjenme explicarles qué detonó esta decisión, porque el momento exacto importa mucho para entender lo que viene. En noviembre de 2025, hace apenas un mes, Donald Trump anunció aranceles del 25% a todoslos productos mexicanos.
La razón oficial fue el fentanilo y la migración, pero la razón real era otra. Trump quería demostrar poder, quería humillar a Shan Bound públicamente, quería que México se arrodillara. Lo que Trump no entendió es que Claudia Shainbound no es Enrique Peña Nieto. No es alguien que va a bajar la cabeza y aceptar insultos a cambio de migajas comerciales.
Es una científica, una estratega y llevaba meses preparando exactamente esta respuesta. Tres días después del anuncio de los aranceles, Shaineba convocó una conferencia de prensa. Todos esperaban que anunciara represalias comerciales, aranceles mexicanos a productos estadounidenses, quizás alguna medida simbólica sobre automóviles o agricultura. Nadie esperó lo que dijo.
Les voy a contar exactamente sus palabras porque son históricas. Dijo, “Durante más de 100 años, los mexicanos hemos sido tratados como ciudadanos de segunda clase por nuestro vecino del norte. Hemos aceptado humillaciones que ningún otro país aceptaría. Eso termina hoy. A partir del 15 de enero de 2026, los ciudadanos estadounidenses requerirán visa para ingresar a México.
La reciprocidad no es venganza, es dignidad. El silencio en esa sala de prensa duró varios segundos. Los reporteros no sabían qué preguntar. Nadie había anticipado esto. Y en Washington les aseguro que el pánico comenzó en ese mismo instante. Ahora quiero explicarles por qué esta medida es tan devastadora para Estados Unidos.
Y aquí es donde mi análisis difiere de lo que van a escuchar en los medios tradicionales. La mayoría de los analistas se están enfocando en el turismo. Dicen que 40 millones de estadounidenses visitan México cada año. Dicen que esto va a afectar a Cancún y Los Cabos. Dicen que es un golpe al turismo, todo eso es cierto, pero es la punta del iceberg.
Lo que nadie está calculando es el impacto en los negocios transfronterizos. Déjenme darles números reales. Cada día más de un millón de personas cruzan legalmente la frontera entre México y Estados Unidos. No son turistas, son ejecutivos, ingenieros, técnicos, compradores, vendedores, personas que mantienen funcionando la cadena de suministro más integrada del planeta.
Con el nuevo requisito de visa, cada uno de esos cruces se vuelve complicado. Imaginen a un gerente de planta de General Motors que necesita cruzar tres veces por semana a revisar la producción en Saltillo. Ahora necesita visa, necesita demostrar el propósito de cada viaje, necesita renovar documentos periódicamente. Lo que antes era un trámite de 20 minutos, ahora puede tomar semanas de preparación.
Y aquí viene lo que el Departamento de Estado está calculando con terror. México procesa aproximadamente 200,000 visas estadounidenses al año para sus ciudadanos. Con el nuevo sistema de reciprocidad, México tendría que procesar más de 40 millones de solicitudes. Es físicamente imposible. No tienen la infraestructura, no tienen el personal y Shane Bund lo sabe perfectamente.
Esto significa que millones de estadounidenses simplemente no van a poder entrar a México cuando quieran. Van a tener que esperar, van a tener que planificar con meses de anticipación, van a tener que experimentar exactamente lo que los mexicanos han experimentado durante generaciones. Pero déjenme contarles algo que descubrí en mi investigación y que cambia completamente el análisis.
México no implementó esta medida sin prepararse. Durante los últimos 6 meses, el gobierno de Shainbound estuvo trabajando en silencio en un sistema de visas completamente nuevo. Encontré información de fuentes dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores que revela el plan. México va a implementar un sistema de visa diferenciada.
No todos los estadounidenses serán tratados igual y aquí es donde la estrategia se vuelve brillante. Los ciudadanos estadounidenses de origen mexicano, aquellos compadres o abuelos nacidos en México, van a tener un proceso simplificado. Visa electrónica, aprobación en 48 horas, costo mínimo. Es un reconocimiento a las raíces.
Es un mensaje a los 40 millones de méxicoamericanos. Ustedes son bienvenidos en casa. Los turistas regulares van a tener un proceso intermedio. Visa electrónica con validación, aproximadamente dos semanas de procesamiento, costo de $100, incómodo pero manejable. Pero aquí viene el golpe maestro. Los empresarios estadounidenses, los ejecutivos de grandes corporaciones, van a necesitar visa presencial, entrevista en consulado, demostración de propósito, exactamente el mismo proceso humillante que han sufrido los empresarios
mexicanos durante décadas. Piensen en lo que esto significa. El CEO de una empresa del Fortune 500 que quiera visitar sus operaciones en México va a tener que hacer fila en un consulado. Va a tener que demostrar que tiene lazos suficientes con su país para garantizar que regresará.
va a tener que justificar su viaje ante un funcionario mexicano.La humillación sistemática ahora funciona en ambas direcciones y Washington no sabe cómo responder. Ahora, déjenme explicarles la reacción de Trump porque es reveladora del pánico real que existe en la Casa Blanca. La mañana siguiente al anuncio de Shane Baum, Trump publicó una serie de mensajes furiosos.
Amenazó consecuencias devastadoras. Habló de traición mexicana. mencionó la posibilidad de cerrar completamente la frontera y luego, curiosamente, se quedó en silencio por 48 horas. Lo que pasó en esas 48 horas es fascinante. Según información que obtuve de fuentes cercanas al Departamento de Comercio, hubo reuniones de emergencia, no con estrategas militares, no con expertos en seguridad, con ejecutivos corporativos.
Los SEO de las principales empresas estadounidenses con operaciones en México pidieron audiencias urgentes. General Motors, Ford, Caterpillar, Walmart, Amazon. Todos querían saber lo mismo, cómo iba a afectar esto a sus negocios. Y les voy a contar lo que los números les dijeron, porque estos números son la verdadera razón del pánico en Washington.
La industria automotriz estadounidense depende en un 40% de componentes mexicanos. Eso no es algo que se pueda cambiar en meses, ni siquiera en años. Las cadenas de suministro están tan integradas que separar la producción estadounidense de la mexicana costaría miles de millones de dólares y tomaría al menos una década.
Si el flujo de ejecutivos y técnicos se interrumpe por las nuevas visas, la producción se afecta. Y aquí viene el dato que más asusta a Washington. México no necesita cerrar la frontera a los productos, solo necesita hacer incómodo el cruce de personas. El efecto económico es similar, pero la culpa recae en Estados Unidos por haber creado el precedente con su propio sistema de visas.
Es judo geopolítico usar la fuerza del oponente en su contra. Y Shain Bom lo ejecutó perfectamente. Pero hay algo más profundo que quiero que entiendan. Esta medida no es solo visas, es sobre el fin de un paradigma que ha definido las relaciones entre México y Estados Unidos durante casi dos siglos. Déjenme darles contexto histórico porque es crucial para entender la magnitud de lo que está pasando.
En 1848, Estados Unidos le arrebató a México 2.4 millones de kmet cuad de territorio. No fue una venta, no fue un acuerdo justo, fue un robo a mano armada disfrazado de Tratado de Paz. California, Texas, Arizona, Nuevo México, Nevada y Utah, la mayor parte de Colorado. Más de la mitad de lo que era México pasó a manos estadounidenses.
El Tratado de Guadalupe Hidalgo estableció una dinámica que duró 177 años. Estados Unidos era el poder dominante. México era el subordinado. Washington mandaba. México obedecía. Los estadounidenses entraban a México cuando querían. Los mexicanos pedían permiso para cruzar la frontera. Esa dinámica se reforzó con cada década que pasaba con el sistema de visas, con las políticas migratorias, con los aranceles, con las presiones diplomáticas.
México aprendió a aceptar su papel de vecino menor, de socio subordinado, de país que pedía en lugar de exigir lo que Shane Baum acaba de hacer es romper esa dinámica. Por primera vez en 177 años, México está tratando a Estados Unidos como un igual, no como un superior, no como un poder hegemónico al que hay que obedecer, como un igual.
Y Washington no sabe cómo procesar esto porque todo su aparato diplomático, toda su estrategia hemisférica está construida sobre la premisa de que México siempre cederá, siempre negociará desde la debilidad, siempre necesitará más a Estados Unidos que lo que Estados Unidos necesita a México. Esa premisa acaba de morir.
Ahora quiero explicarles las consecuencias inmediatas que estamos viendo, porque esto no es especulación sobre el futuro. Esto está pasando ahora mismo, en diciembre de 2025. El sector turístico estadounidense está en pánico. Las aerolíneas que operan rutas a México están reportando cancelaciones masivas de reservaciones para enero y febrero de 2026.
Los estadounidenses no saben si van a poder entrar, no saben cuánto va a tardar su visa, no quieren arriesgarse. Encontré datos de American Airlines y United que muestran una caída del 60% en reservaciones a destinos mexicanos para el primer trimestre de 2026, 60%. En menos de un mes desde el anuncio, pero esto es solo el principio, las empresas que dependen del cruce constante de personal están haciendo cálculos de emergencia.
¿Cuántos de sus empleados necesitan visa? ¿Cuánto tiempo va a tomar procesarlas? ¿Qué pasa si las visas son rechazadas? Les cuento algo específico que descubrí. Una empresa manufacturera de Arizona que opera tres plantas en Sonora tiene 47 ejecutivos y técnicos que cruzan la frontera regularmente. Con el nuevo sistema necesitan tramitar 47 visas.
Si el proceso toma el tiempo estándar que México está anunciando para visas corporativas, podrían pasar entre 6 y 8semanas sin poder enviar personal a supervisar la producción. Multipliquen eso por miles de empresas. El impacto económico es incalculable. Y aquí viene lo que más preocupa al Pentágono, porque sí, el Pentágono está involucrado en esto. Déjenme explicarles por qué.
La cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos depende de un flujo constante de personal. agentes de la DEA que operan en territorio mexicano, asesores militares, personal de inteligencia, técnicos de la patrulla fronteriza que necesitan coordinar operaciones. Con el nuevo sistema de visas, cada uno de esos cruces requiere autorización mexicana explícita.
México ahora tiene el poder de decidir cuántos agentes estadounidenses operan en su territorio. Puede negar visas, puede retrasar procesos, puede, en efecto, expulsar la presencia de seguridad estadounidense de manera gradual y burocrática. Un general retirado que entrevisté me lo explicó de forma muy clara.
Dijo, “México acaba de conseguir más control sobre nuestra presencia en su territorio que cualquier cosa que pudiéramos haber negociado en décadas de diplomacia.” Y tiene razón, esta no es solo una medida sobre turistas, es una renegociación fundamental de quién tiene poder sobre qué. Ahora, déjenme contarles sobre las respuestas que se están discutiendo en Washington, porque el gobierno de Trump no se va a quedar de brazos cruzados y lo que están considerando es revelador de su desesperación.
La primera opción que se discutió fue obvia, represalias, endurecer aún más el sistema de visas para mexicanos, hacer el proceso más largo, más caro, más humillante. Pero esa opción fue descartada casi inmediatamente. ¿Saben por qué? Porque ya no tienen mucho más que endurecer. El sistema actual ya es tan restrictivo y humillante que añadir más obstáculos tendría impacto mínimo.
Y lo más importante, México ya absorbió ese costo. Los mexicanos ya están acostumbrados a ser maltratados. Añadir más maltrato no cambia la ecuación estratégica. La segunda opción fue más interesante. Aranceles específicos sobre productos turísticos mexicanos, sanciones a aerolíneas mexicanas, restricciones a inversiones mexicanas en Estados Unidos.
Esta opción también fue descartada. ¿Por qué? Porque México no depende del turismo estadounidense tanto como Estados Unidos depende del turismo hacia México. Los estadounidenses gastan más de 25,000 millones de dólares al año en México. Los mexicanos gastan menos de 10,000 millones en Estados Unidos. Si hay guerra de turismo, México pierde menos.
La tercera opción es la que más me preocupa y es la que aparentemente se está tomando más en serio. Hay voces en Washington pidiendo una revisión completa del TEMEC, el Tratado de Libre Comercio. Quieren usar el Tratado como palanca. Amenazar con retirarse si México no elimina el requisito de visa. El problema con esta estrategia es que subestima completamente a Shain Baum.
Ella sabe que Estados Unidos no puede retirarse del Timex sin causarse un daño económico masivo. Las cadenas de suministro están demasiado integradas, las inversiones son demasiado grandes, la interdependencia es demasiado profunda. Es como amenazar con cortarte tu propia mano para castigar a alguien que te pisó el pie.
Puedes hacerlo, pero el daño que te causas es mucho mayor que el daño que le causas al otro. Déjenme explicarles algo sobre la psicología del poder que Washington parece haber olvidado. Las amenazas solo funcionan si son creíbles. Si amenazas con algo que claramente te daña más a ti que al otro, pierdes credibilidad.
Y cuando pierdes credibilidad, pierdes poder. Trump amenazó con cerrar la frontera. No lo hizo. Amenazó con aranceles devastadores. Los implementó de forma limitada. amenazó consecuencias terribles por la visa. Todavía no ha hecho nada significativo. Cada amenaza vacía refuerza la percepción de que Estados Unidos tiene menos poder real del que proyecta. Y Shainbow lo sabe.
Por eso actuó porque calculó correctamente que las amenazas estadounidenses eran mayormente teatro. Ahora quiero hablarles de algo que nadie está discutiendo públicamente, pero que es crucial para entender el futuro de esta crisis. China. En los últimos 3 años, China ha incrementado dramáticamente su presencia comercial en México.
Las inversiones chinas en manufactura mexicana crecieron más del 200% desde 2022. Empresas chinas están construyendo fábricas en el norte de México, fábricas que producen componentes que luego se ensamblan en productos vendidos a Estados Unidos. Washington lo sabe y está furioso. Llaman a estos circunvalación arancelaria, productos chinos que entran a Estados Unidos disfrazados de productos mexicanos y tienen razón, es exactamente lo que está pasando.
Pero aquí es donde la visa se vuelve una herramienta geopolítica brillante. México acaba de demostrar que puede tomar decisiones que afectan a EstadosUnidos sin pedir permiso y China está tomando nota. Un diplomático chino que contacté me dijo algo revelador. Dijo, “México demostró que la intimidación estadounidense tiene límites.
Eso cambia el cálculo para todos los países que comercian con ambos. Lo que esto significa es que México acaba de aumentar su valor estratégico para China y para cualquier otro país que quiera acceso al mercado estadounidense, pero esté cansado de las presiones de Washington. Piénsenlo desde la perspectiva de Pekín.
México comparte frontera con Estados Unidos, tiene acceso privilegiado al mercado más grande del mundo a través del TEMEC y acaba de demostrar que tiene la voluntad de confrontar a Washington cuando es necesario. Para China, México se convierte en un aliado estratégico potencial de primer orden, un país que puede servir como plataforma de entrada a Norteamérica, un país que puede diversificar las opciones de Pekín en caso de que las tensiones con Washington escalen.
Y Shane Baum está perfectamente consciente de este valor estratégico. En las semanas posteriores al anuncio de la visa ha tenido más llamadas con funcionarios chinos que con funcionarios estadounidenses. No es coincidencia. Ahora, déjenme contarles algo que va a pasar en los próximos 90 días, porque esto no termina con la visa, esto apenas comienza.
En enero de 2026, cuando el requisito de visa entre en vigor, vamos a ver el primer test real de voluntades. Miles de estadounidenses van a llegar a la frontera sin visa. Algunos porque no sabían, otros porque no creyeron que México realmente lo implementaría, otros simplemente por costumbre. México tiene dos opciones.
Puede hacer excepciones, permitir entradas con advertencias, dar un periodo de gracia o puede aplicar la ley estrictamente, rechazar entradas, deportar a estadounidenses. Todo lo que se sugiere que Shainbound va a elegir la segunda opción. Va a haber estadounidenses rechazados en la frontera. Va a haber estadounidenses deportados de aeropuertos mexicanos.
Va a haber imágenes en televisión de ciudadanos estadounidenses tratados exactamente como los mexicanos han sido tratados durante generaciones. Y esas imágenes van a cambiar la conversación en Estados Unidos de una manera que ningún discurso político podría lograr. Porque una cosa es saber abstractamente que los mexicanos son humillados en consulados.
Otra cosa es ver a tu vecino, a tu compañero de trabajo, a tu familiar rechazado en un aeropuerto mexicano porque su visa tenía un problema. La empatía funciona cuando la experiencia se vuelve personal y México está a punto de hacer que millones de estadounidenses experimenten personalmente lo que significa ser tratado como ciudadano de segunda clase.
Pero hay algo más que quiero que entiendan. Esta medida no es solo castigo, no es solo venganza, tiene un objetivo estratégico muy claro. México quiere renegociar el sistema de visas bilateral. quiere que Estados Unidos elimine el requisito de visa para mexicanos o al menos que lo simplifique dramáticamente.
La visa mexicana es una herramienta de presión para conseguir esa renegociación y aquí es donde el cálculo de Shane Baum es brillante porque sabe que Estados Unidos no puede eliminar la visa mexicana unilateralmente. Hay demasiados intereses políticos invertidos en mantenerla. Los republicanos la ven como herramienta de control migratorio.
Los demócratas no quieren parecer blandos con México. Pero si la presión de los empresarios es suficiente, si las pérdidas económicas son suficientes, si la humillación de ciudadanos estadounidenses es suficiente, eventualmente Washington va a tener que negociar. Y cuando negocien, México va a estar en la mesa no como subordinado, sino como igual.
No pidiendo concesiones, sino ofreciendo intercambios, no rogando por migajas, sino demandando reciprocidad. Ese cambio de posición negociadora vale más que cualquier arancel, vale más que cualquier acuerdo comercial, porque cambia fundamentalmente la naturaleza de la relación entre los dos países. Ahora quiero hablarles de algo que me preocupa profundamente y que creo que todos deberían estar observando con atención.
La retórica en Washington se está volviendo peligrosa. Hay voces, voces serias, con influencia real, que están hablando de México como si fuera un enemigo. No un socio difícil, no un vecino complicado, un enemigo. He visto memorandos internos que circulan en el Departamento de Defensa, documentos que discuten opciones militares para asegurar la frontera sur, propuestas para designar a los carteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que permitiría operaciones militares unilaterales en territorio mexicano.
Quiero ser muy claro sobre lo que esto significa. Estados Unidos está considerando seriamente considerando tratar a México como trató a Irak o Afganistán, como un territorio donde puede operar militarmente sin permiso del gobierno local. Esto sería un errorestratégico de proporciones históricas. Y déjenme explicarles por qué.
México no es Irak, no es Afganistán, no es un país del otro lado del mundo donde Estados Unidos puede cometer errores y luego retirarse cuando las cosas se complican. México es el vecino inmediato. Comparte 345 km de frontera. 40 millones de mexicanos viven en Estados Unidos. Millones de familias estadounidenses tienen raíces mexicanas.
Las economías están entrelazadas de formas que tomaría décadas deshacer. Si Estados Unidos ataca a México, no puede retirarse después. No puede declarar victoria e irse a casa. tiene que vivir con las consecuencias todos los días por generaciones y las consecuencias serían devastadoras. Imaginemos por un momento que Estados Unidos lanza operaciones militares en territorio mexicano sin autorización.
¿Qué pasa después? México rompe relaciones diplomáticas. El comercio bilateral de 800,000 millones de dólares se paraliza. Millones de trabajadores estadounidenses pierden sus empleos porque las cadenas de suministro colapsan. Los 40 millones de méxicoamericanos se radicalizan contra su propio gobierno. La frontera se convierte en zona de guerra permanente y el resto de América Latina observa y toma nota y decide que Estados Unidos es un vecino peligroso del que hay que protegerse.
La hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental construida durante 200 años colapsaría en meses. Esto es lo que el Pentágono sabe, pero algunos políticos en Washington no quieren escuchar. México es intocable, no porque sea militarmente poderoso, sino porque la interdependencia es tan profunda que atacar a México es atacarse a sí mismo. Y Shainbound lo sabe.
Por eso actuó con tanta confianza, porque calculó correctamente que Estados Unidos tiene menos opciones reales de las que proyecta. Ahora quiero contarles algo personal, algo que me llevó a analizar esta situación con tanta profundidad. He estudiado las relaciones entre grandes potencias durante toda mi carrera.
He visto cómo imperios ascienden y caen. He documentado los errores estratégicos que aceleran esas caídas. Y lo que estoy viendo con México me recuerda a otros momentos históricos cruciales, momentos donde una potencia dominante subestimó a un vecino que consideraba inferior. Momentos que marcaron el inicio del fin.
Piensen en el imperio británico y la India. Durante siglos, Londres consideró a la India como una colonia permanente, una fuente de recursos, un mercado cautivo. Nunca imaginaron que los indios podrían organizarse efectivamente para expulsarlos. Y luego Gandy llegó, no con ejércitos, no con armas, con resistencia pacífica, con dignidad, con la voluntad de aceptar el sufrimiento para demostrar la injusticia del sistema.
Lo que Shainbaum está haciendo tiene ecos estrategia. No está confrontando a Estados Unidos militarmente. Eso sería suicidio. Está confrontándolo moralmente. Está demostrando la hipocresía de un sistema que predica libertad, pero practica humillación selectiva. Y la historia nos enseña que las confrontaciones morales, cuando se ejecutan correctamente, pueden derrotar a los imperios más poderosos.
No estoy diciendo que México vaya a derrotar a Estados Unidos. Eso sería absurdo. Lo que estoy diciendo es que la relación entre los dos países está cambiando fundamentalmente y que Washington no tiene las herramientas para detener ese cambio. Déjenme explicarles cómo veo los próximos meses desarrollándose, porque esto es importante para que entiendan qué vigilar.
En enero de 2026, cuando la visa entre en vigor, habrá caos inicial. Turistas rechazados, empresarios frustrados, presión mediática enorme. Trump va a responder con retórica agresiva. Probablemente anuncie nuevas sanciones o aranceles. Va a amenazar consecuencias terribles. Pero Shainbaum no va a ceder. Va a mantener la visa. Va a seguir procesando solicitudes a ritmo deliberadamente lento.
Va a dejar que la presión económica sobre Washington crezca para febrero o marzo de 2026. Las empresas estadounidenses van a empezar a presionar seriamente a la Casa Blanca, no con declaraciones públicas, con lobing privado, con donaciones condicionadas, con la amenaza de mover operaciones fuera de la zona de conflicto, esa presión va a ser mucho más efectiva que cualquier cosa que Shainbound pudiera decir públicamente, porque en Washington el dinero habla más fuerte que los principios.
Para el verano de 2026 predigo que habrá negociaciones serias sobre un nuevo sistema de visas bilateral. No lo van a llamar así públicamente. Van a inventar algún nombre que permita a ambos lados declarar victoria, pero la sustancia va a ser clara. Reciprocidad real. Los mexicanos van a conseguir acceso más fácil a Estados Unidos.
Los estadounidenses van a mantener acceso fácil a México y la humillación asimétrica que definió la relación durante un siglo va a terminar. Pero eso es solo el principio, porque esta crisisreveló algo más profundo que las visas. Reveló que México tiene poder, poder que no sabía que tenía o que sabía, pero no se atrevía a usar.
Y una vez que descubres que tienes poder, no vuelves a la subordinación voluntaria. Lo que vamos a ver en los próximos años es un México más asertivo en todos los frentes, en comercio, en energía, en política regional, en relaciones con China y otros actores globales. Washington va a tener que acostumbrarse a tratar con un vecino que exige respeto en lugar de pedirlo.
Un vecino que tiene opciones en lugar de depender exclusivamente de la buena voluntad estadounidense. un vecino que actúa como país soberano en lugar de como estado satélite, eso va a ser incómodo para muchos en Estados Unidos. Van a sentir que están perdiendo a México, van a buscar culpables, van a inventar narrativas sobre interferencia china o gobiernos radicales, pero la realidad es más simple.
México está haciendo exactamente lo que cualquier país haría en su situación. está usando el poder que tiene para conseguir respeto. Está rechazando una relación asimétrica que nunca debió existir. Y Estados Unidos, si es inteligente, va a aceptar esta nueva realidad y construir una relación más equilibrada con su vecino. Una relación basada en respeto mutuo en lugar de dominación.
Si no es inteligente, va a resistir, va a escalar, va a convertir a México en enemigo y va a descubrir como tantos imperios antes, que los vecinos convertidos en enemigos son los más peligrosos de todos. Quiero cerrar con una reflexión sobre lo que esta crisis nos enseña sobre el poder en el siglo XXI.
Durante décadas, Estados Unidos operó bajo la premisa de que su poder era tan abrumador que nadie se atrevería a desafiarlo, especialmente no un vecino dependiente como México. Esa premisa era correcta durante mucho tiempo, pero las condiciones cambiaron. La economía global se diversificó. China emergió como alternativa. Las cadenas de suministro crearon interdependencias que limitaron las opciones de presión.
La información fluye de manera que hace visible la hipocresía que antes se ocultaba fácilmente. En este nuevo mundo, el poder absoluto importa menos que el poder relativo y México, sin ser una potencia global, tiene suficiente poder relativo para hacer la vida difícil a Estados Unidos, especialmente cuando se trata de la frontera y el comercio.
La lección para Washington es clara, pero incómoda. Ya no puede tratar a sus vecinos como subordinados. Ya no puede asumir que la intimidación siempre funcionará. Ya no puede ignorar las humillaciones que sus sistemas causan, porque eventualmente esas humillaciones generan resistencia. La lección para México es igualmente importante.
El poder solo funciona cuando se está dispuesto a usarlo. Durante décadas México tuvo cartas que no jugaba, tuvo opciones que no ejercía, tuvo dignidad que no defendía. Shane Bound cambió eso y al cambiarlo cambió fundamentalmente la ecuación de poder entre los dos países. Lo que viene ahora es incierto. Puede haber escalación, puede haber negociación, puede haber una nueva normalidad que ninguno de los dos países anticipó.
Pero lo que es seguro es que la vieja relación terminó. México dejó de ser el vecino sumiso. Estados Unidos dejó de ser el hegémon incuestionable. Y el futuro de Norteamérica va a ser definido por cómo ambos países se adaptan a esta nueva realidad. Les voy a pedir que presten atención a tres cosas en las próximas semanas.
Primero, observen las reacciones empresariales, no los discursos políticos, los movimientos de dinero, las decisiones de inversión. Ahí es donde van a ver la presión real sobre Washington. Segundo, observen las comunicaciones entre México y China. Cada reunión, cada acuerdo, cada declaración conjunta. Ahí es donde van a ver el nuevo posicionamiento estratégico de México.
Tercero, observen la retórica militar. Si empiezan a escuchar más sobre opciones militares y terrorismo en relación con México, preocúpense, porque eso indica que Washington está perdiendo el argumento económico y está buscando alternativas peligrosas. Lo que está pasando ahora mismo es histórico. No exagero al decir que estamos viendo el nacimiento de una nueva era en las relaciones México Estados Unidos, una era que va a definir la política norteamericana por generaciones y ustedes están viviendo ese momento, observándolo en tiempo real, viendo como
el poder cambia de manos, no en campos de batalla, sino en consulados y mesas de negociación. Manténganse informados, manténganse críticos, no acepten las narrativas simplistas que van a escuchar de ambos lados. La realidad es compleja, las motivaciones son múltiples, las consecuencias son inciertas.
Pero una cosa es clara, el mundo que conocíamos, el mundo donde Estados Unidos mandaba y México obedecía, ese mundo terminó. Y lo que viene después depende de lasdecisiones que se tomen en los próximos meses. Soy Pierce Morgan. Manténganse atentos. El balance de poder está cambiando ante nuestros ojos y apenas estamos viendo el principio.