A todos nos llega la hora¡TRUMP SE RINDIÓ! — Las petroleras que dejaron a EE.UU. sin nada

A todos nos llega la hora, a los emperadores que se creyeron dioses, a los generales que juraron ser invencibles, a los tiranos que construyeron imperio sobre montañas de promesas vacías. Napoleón cayó, el Imperio Romano se desmoronó. La Unión Soviética colapsó en una sola noche. Ningún poder es eterno. Ninguna arrogancia queda sin castigo.

Y hoy, mientras el mundo observa en silencio, le llegó la hora al hombre que juró que nunca se arrodillaría, el que prometió que América jamás volvería a perder, el que gritó mil veces que él era diferente, que él era especial, que a él nunca le pasaría. Donald Trump acaba de caer de rodillas. Se rindió en público ante las cámaras con el mundo entero como testigo de su humillación.

El hombre que prometió que jamás retrocedería ante nadie, acaba de firmar su rendición más humillante ante las cámaras del mundo entero. Las petroleras estadounidenses, que durante más de un siglo dominaron el hemisferio occidental, lo abandonaron a su suerte. Chevron Exonmobil conoco Philips Occidental Marathon. Los gigantes corporativos que construyeron el poder energético de Estados Unidos, ladrillo por ladrillo, acaban de declararle formalmente que la guerra está perdida, que no hay estrategia posible de recuperación, que Venezuela, el país con

las reservas de petróleo más grandes del planeta Tierra, pertenece ahora a Rusia para siempre, imposibilidad de reversión. Y si no estás prestando atención a lo que acaba de ocurrir en Washington, vas a despertar un día preguntándote cómo fue posible que a Trump le llegara la hora de esta manera, cómo las petroleras que financiaron sus campañas terminaron dejando a Estados Unidos sin absolutamente nada, como Rosneft se quedó con todo mientras Chevron y Exon Móvil recogían migajas.

¿Y por qué nadie en los medios corporativos te explicó que el momento más devastador en la historia del poder energético estadounidense acaba de ocurrir ante los ojos del mundo? Porque lo que acabamos de presenciar es más que una derrota comercial, es el fin de una era, es la confirmación de que el poder estadounidense tiene límites muy reales.

Es la prueba de que a todos, absolutamente a todos, nos llega la hora. Bienvenidos. Hoy les voy a revelar exactamente cómo Trump se rindió, qué petroleras dejaron a Estados Unidos sin nada y por qué este momento pasará la historia como el día en que el imperio energético estadounidense admitió su derrota.

El jueves 9 de enero de 2026 a las 3:42 de la tarde, hora de Washington, Donald Trump convocó una conferencia de prensa de emergencia en la Casa Blanca. Los periodistas que llenaban la sala esperaban algún anuncio sobre política interna, quizás algo sobre inmigración, quizás sobre economía, quizás sobre alguna nueva confrontación con los demócratas.

Lo que escucharon los dejó en estado de shock absoluto. Varios veteranos de la prensa política dicen que nunca habían presenciado algo similar. Con voz inusualmente baja, casi derrotada, con la mirada evitando las cámaras, Trump anunció que su administración levantaría todas las restricciones restantes sobre operaciones petroleras en Venezuela.

las sanciones que él mismo impuso con tanta fanfarria hace 7 años, las sanciones que prometió que destruirían al régimen de Maduro, las sanciones que juró mantener hasta que Venezuela fuera libre y democrática quedaban oficialmente enterradas, muertas, fracasadas. Pero eso no fue lo más impactante de la conferencia.

Lo verdaderamente devastador vino después, cuando un periodista de Reuters preguntó directamente si las empresas estadounidenses podrían recuperar la posición dominante que tenían antes de las sanciones. Trump guardó silencio durante varios segundos que parecieron eternos. Se podía escuchar el silencio en la sala.

Luego dijo algo que ningún presidente estadounidense había admitido jamás en público. Algo que pasará a los libros de historia. Los contratos que existen actualmente con otras naciones tendrán que ser respetados. Es la realidad legal. No podemos deshacer lo que ya está hecho legalmente. Traducción para quienes no hablan el lenguaje diplomático.

Rusia se queda con todo lo que ganó. Estados Unidos perdió definitivamente. La rendición es total y sin condiciones. ¿Entiendes la magnitud de lo que acabo de contarte? El presidente de Estados Unidos admitió públicamente ante cámaras de todo el mundo que su país perdió Venezuela, que los contratos rusos son intocables, que las petroleras estadounidenses llegan tarde a una fiesta que abandonaron hace 7 años.

A todos nos llega la hora. A Trump le llegó frente a las cámaras de televisión. Déjenme explicarles exactamente cómo llegamos a este momento histórico de rendición nacional. Todo comenzó con una apuesta arrogante. En 2019, Trump impuso las sanciones más severas de la historia contra Venezuela. La lógica era simple.

Sin acceso adólares petroleros, el gobierno de Maduro colapsaría en semanas. Las empresas estadounidenses regresarían triunfantes. Venezuela sería libre. Trump sería el héroe. Esa apuesta falló de manera catastrófica. Maduro no cayó en semanas, no cayó en meses, no cayó en años. 7 años después siguen el poder más fuerte que nunca, con aliados más poderosos que nunca, con una economía que aprendió a funcionar sin Estados Unidos.

Y mientras Washington celebraba su política de máxima presión, Rusia construía un imperio petrolero en el patio trasero estadounidense. Pero aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente devastadora. Rossneft, la petrolera estatal rusa, invirtió más de 15,000 millones de dólares en Venezuela durante los 7 años de sanciones estadounidenses.

15000 millones de dólares reales convertidos en infraestructura tangible, mientras las empresas estadounidenses se sentaban a esperar que Maduro cayera. Modernizaron más de 450 pozos petroleros que Chevron y otras empresas abandonaron. trajeron ingenieros especializados de Siberia acostumbrados a trabajar en las condiciones más difíciles del planeta.

Importaron equipos de perforación de última generación, rehabilitaron campos petroleros que llevaban años en declive. Construyeron cuatro nuevas terminales de exportación en la costa caribeña venezolana, diseñadas específicamente para cargar supertanqueros con destino a China, India y Turquía.

Establecieron oleoductos internos que conectan los yacimientos más productivos de la faja del Orinoco con esas terminales. Crearon sistemas de almacenamiento con capacidad para decenas de millones de barriles y lo más importante, firmaron contratos de concesión por 30, 40 y hasta 50 años. Contratos blindados legalmente bajo tratados internacionales de inversión.

Contratos que ningún cambio de gobierno en Venezuela ni en Estados Unidos puede romper sin pagar indemnizaciones astronómicas. Hoy Rusia controla más del 47% de la producción petrolera venezolana. Venezuela tiene las reservas probadas más grandes del planeta. 303,000 millones de barriles y casi la mitad de esa producción ahora tiene bandera rusa.

Eso es lo que Trump acaba de admitir que perdió. Eso es la rendición que firmó ante las cámaras. Ahora quiero que presten mucha atención porque lo que voy a contarles explica por qué las petroleras estadounidenses dejaron a su propio país sin nada. La reunión que precipitó la rendición de Trump ocurrió dos días antes de la conferencia de prensa.

El martes 7 de enero, los CEO de las cinco petroleras más grandes de Estados Unidos llegaron a la Casa Blanca para una reunión que estaba programada para durar una hora y terminó durando casi cinco. Según fuentes que estuvieron presentes, el ambiente fue brutal. Desde el primer minuto, el CEO de Chevron abrió la reunión con palabras que cortaban como cuchillos.

Señor presidente, venimos a informarle que ya no podemos seguir esperando. 7 años de sanciones nos costaron más de 16,000 millones de dólares en pérdidas directas. Pozos que operamos durante décadas ahora producen para Rosneft. Contratos que teníamos asegurados ahora tienen firma rusa. No podemos recuperar lo que perdimos, pero necesitamos al menos poder competir por lo que queda.

El CEO de Exon Mobil fue aún más directo. Las sanciones fueron un desastre estratégico de proporciones históricas. Le regalamos Venezuela a Putin en bandeja de plata. Cada año que pasaba, Rosneft se hacía más fuerte. Mientras nosotros nos hacíamos más débiles, esto tiene que terminar hoy. Trump, según testigos, intentó defender su política. Habló de presión máxima.

Habló de defender la democracia, habló de no rendirse ante dictadores. La respuesta del CEO de Konoco Philips fue demoledora. Señor presidente, con todo respeto, Maduro sigue en el poder. La democracia no llegó a Venezuela. Lo único que logramos fue destruir nuestra propia posición en el mercado mientras los rusos construían la suya.

No hay forma de presentar esto como una victoria. Es una derrota y necesitamos que usted la reconozca públicamente para poder empezar a reconstruir lo poco que queda. El silencio que siguió duró varios minutos. Trump finalmente preguntó qué querían exactamente. El CEO de Maron respondió, “Queremos que levante todas las sanciones.

Queremos poder operar en Venezuela sin restricciones y queremos que reconozca públicamente que los contratos existentes con Rusia serán respetados. Sin eso no tenemos base legal para negociar nada con Caracas. era la receta perfecta para una rendición pública y Trump no tuvo más opción que aceptarla. Déjenme explicarles esto con una analogía que cualquiera puede entender.

Imaginen que tienen un negocio próspero en el centro de la ciudad. Un día decidencer cerrar ese negocio para castigar al dueño del edificio. Creen que sin su presencia el dueño sufrirá y vendrá a rogar que regresen. Pero enlugar de sufrir, el dueño encuentra otro inquilino. Alguien que no solo paga la renta, sino que invierte millones en mejorar el local.

Construye instalaciones nuevas, firma un contrato de arrendamiento por 30 años. Establece un negocio más exitoso que el que ustedes tenían. 7 años después ustedes quieren regresar, pero el local tiene dueño. Las mejores ubicaciones están ocupadas. Lo único disponibles son los espacios que el nuevo inquilino rechazó porque no eran rentables.

Eso es exactamente lo que pasó con Venezuela. Estados Unidos abandonó el local, Rusia lo tomó y lo mejoró. Y ahora Trump tuvo que admitir públicamente que el local está disponible. A todos nos llega la hora de reconocer nuestros errores, pero aquí viene la parte que realmente demuestra por qué las petroleras dejaron a Estados Unidos sin nada.

Los contratos que Rosneft firmó con Venezuela incluyen los yacimientos más productivos de la faja del Orinoco, los pozos que generan más barriles por día con menor costo de extracción, las reservas de mayor calidad. La infraestructura mejor ubicada, lo que queda para las empresas estadounidenses, son los proyectos que Rusia evaluó y decidió no tomar.

Ycimientos más difíciles de explotar, pozos con mayores costos operativos, reservas de menor calidad que requieren más procesamiento. Es como llegar a un buffet cuando ya se llevaron toda la comida buena. Técnicamente puedes comer, pero solo quedan las obras que nadie más quiso. Chevron, Exon Mobil, Konoco, Philips. Todas estas empresas que durante décadas dominaron el negocio petrolero venezolano, ahora competirán por migajas y todo porque su propio gobierno implementó una política que benefició a su principal competidor. Las petroleras

no solo dejaron a Estados Unidos sin la mejor parte, dejaron a Estados Unidos sin nada que valga la pena tener. Déjenme llevarlos ahora a tres escenas que muestran las consecuencias humanas de esta rendición histórica. Primera escena, una refinería en Corpus Cristi, Texas. Esta instalación fue diseñada específicamente para procesar crudo pesado venezolano.

Durante 7 años operó a 60% de capacidad porque no tenía suficiente materia prima del tipo correcto. Los trabajadores sufrieron recortes de horas. Algunos fueron despedidos. Familias enteras vieron sus ingresos reducidos. Ahora que las sanciones se levantaron, esperaban que todo volviera a la normalidad. Pero la realidad es diferente.

El mejor crudo venezolano va hacia China en barcos rusos. Lo que llega a Texas es crudo de segunda categoría de yacimientos secundarios. Un operador de planta con 25 años de experiencia lo resumió con amargura. Nos prometieron que las sanciones funcionarían, que sacrificáramos ahora para ganar después. Sacrificamos 7 años y al final los rusos ganaron y nosotros perdimos.

Segunda escena, las oficinas de Chevron en Houston. Ejecutivos que durante décadas consideraron a Venezuela como territorio propio, ahora estudian mapas donde la mayoría de los mejores yacimientos tienen banderas rusas. Las proyecciones financieras muestran décadas de ganancias perdidas. Los accionistas exigen explicaciones que nadie puede dar.

Un vicepresidente de operaciones internacionales supuestamente dijo en una reunión interna, “Construimos nuestra presencia en Venezuela durante más de 100 años, generaciones de ingenieros, billones de dólares en inversiones, todo perdido en 7 años por una política que nunca tuvo sentido estratégico. El error más costoso en la historia de esta empresa.

Tercera escena, el Kremlin en Moscú. Vladimir Putin convocó a los ejecutivos de Rosneft para una reunión de celebración. Las pantallas mostraban gráficos de producción récord. Las proyecciones de ganancias para las próximas tres décadas eran extraordinarias. El champán fluía libremente. Putin supuestamente abrió la reunión con palabras que pasarán a la historia.

Durante décadas, Estados Unidos controló el petróleo de su hemisferio. Creían que ese control era eterno, pero a todos les llega la hora, a los imperios más poderosos, a los líderes más arrogantes. Hoy le llegó la hora al dominio petrolero estadounidense en América Latina y nosotros estuvimos ahí para tomar lo que ellos abandonaron.

Los aplausos duraron varios minutos. Ahora déjenme proyectar hacia el futuro, porque la rendición de Trump tiene consecuencias que definirán el orden mundial por décadas. En los próximos 5 años, la presencia rusa en Venezuela seguirá expandiéndose. Rosneft ya anunció inversiones adicionales por 10,000 millones de dólares.

Están desarrollando nuevos yacimientos, construyendo más infraestructura, profundizando lazos comerciales con Asia que excluyen completamente a Estados Unidos. Las empresas estadounidenses, mientras tanto, competirán por proyectos marginales. Chevron probablemente mantendrá algunas operaciones heredadas de antes de las sanciones.

Exon Móvil intentará negociar acceso a yacimientosde segunda categoría, pero ninguna recuperará jamás la posición dominante que tenían antes de 2019. Para 2030, mi predicción es que Rusia y China combinadas controlarán más del 70% de la producción petrolera venezolana. Las empresas estadounidenses lucharán por mantener un 15% de participación en proyectos que nadie más quiso y el impacto global será aún más profundo.

Cada país que Estados Unidos amenace con sanciones en el futuro mirará a Venezuela y pensará, “Las sanciones duraron 7 años. Maduro sobrevivió, los rusos ganaron y al final Trump tuvo que rendirse públicamente. Si ellos pudieron resistir, nosotros también podemos. El poder de coherado el arma favorita de Washington durante décadas, acaba de sufrir un golpe del que quizás nunca se recupere.

Y aquí está la verdad más profunda que quiero que comprendas. Antes de que termine este análisis, a todos nos llega la hora. Es una ley universal e inmutable, que ningún poder, ningún imperio, ningún líder, por más poderoso que parezca, puede escapar. Los romanos creyeron durante siglos que su imperio duraría para siempre, que Roma era eterna.

Los británicos pensaron con arrogancia que el sol nunca se pondría sobre sus dominios globales. Los soviéticos juraron ante el mundo que el comunismo conquistaría cada rincón del planeta. Todos cayeron. A todos les llegó su hora. Algunos tardaron siglos, otros décadas, pero la hora siempre llega. Estados Unidos construyó su hegemonía petrolera en el hemisferio occidental durante más de un siglo de trabajo constante.

Generaciones de empresarios, ingenieros, diplomáticos y políticos trabajaron para establecer ese dominio. Venezuela era la joya más brillante de esa corona imperial, el país con las reservas probadas más grandes del planeta Tierra, ubicado a solo 3 horas de vuelo de Miami, completamente integrado al sistema energético estadounidense durante décadas.

Esa hegemonía acaba de terminar de manera oficial y pública, no con una guerra sangrienta, no con una revolución violenta, no con una invasión militar, con una rendición pública transmitida en vivo por todas las cadenas de televisión del mundo. Trump se rindió porque no tenía ninguna otra opción disponible.

Las petroleras que financiaron su ascenso político durante años le exigieron que reconociera la derrota públicamente para poder empezar a negociar por las migajas. Y el hombre que prometió en cada miting que nunca retrocedería ante nadie, tuvo que pararse frente a las cámaras del mundo y admitir que los contratos rusos serán respetados, que Venezuela está perdida, que a todos nos llega la hora, incluso a Estados Unidos.

Las petroleras dejaron a Estados Unidos sin nada valioso porque el gobierno de Estados Unidos las obligó a abandonar el mercado durante 7 años completos, mientras sus competidores rusos lo conquistaban metro por metro, pozo por pozo, contrato por contrato. Es una ironía brutal que debería estudiarse en cada escuela de negocios y cada academia militar.

Las sanciones diseñadas para destruir a Maduro terminaron destruyendo la posición estadounidense en Venezuela de manera permanente. Putin celebra en Moscú. Las refinerías de Texas operan a media capacidad y Trump firmó la rendición más humillante en la historia del poder energético estadounidense. A todos nos llega la hora.

Hoy le llegó a la hegemonía petrolera de Estados Unidos en América Latina y el mundo entero fue testigo. No parpadeen si quieren entender cómo China está aprovechando este momento de debilidad estadounidense para expandir su influencia en toda América Latina, ese análisis crucial está apareciendo aquí arriba. Es absolutamente esencial para entender lo que viene.