UBICARON Y CAPTURARON A CONDUCT0R QUE ATR0PE… Ver más

¡SE LE ACABÓ LA FIESTA AL “JUNIOR” ASESINO! ¡LAS FUERZAS ARMADAS LO ATORARON EN EL LODO!
IMÁGENES EXCLUSIVAS: ASÍ CAYÓ EL COBARDE CONDUCTOR DE LA LUJOSA RANGE ROVER QUE CAUSÓ UNA TRAGEDIA Y HUYÓ PARA ESCONDERSE BAJO LAS FALDAS DE SU PAPI. ¡MÉXICO EXIGE JUSTICIA Y CÁRCEL, NO MÁS IMPUNIDAD PARA LOS RICOS!
[REDACCIÓN/NOTA ROJA MÉXICO] – ¡La justicia tarda, pero a veces, solo a veces, llega con botas militares y fusiles de asalto! Se les acabó la risita, se les bajaron los humos y se le terminó la impunidad. La imagen que usted tiene en pantalla es la postal que todo México estaba esperando ver desde hace horas, la imagen que resume la caída de la prepotencia. Ahí lo tienen, “tragando camote”, sentado en la vil tierra, esposado como el criminal que demostró ser, y custodiado por la mirada inquebrantable de los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).
Este sujeto, un típico “mirrey” de esos que creen que la ciudad es su pista de carreras privada y que la vida de los demás vale menos que la gasolina premium que le ponen a sus juguetes de lujo, fue finalmente UBICADO Y CAPTURADO.
LA CRÓNICA DEL HORROR Y LA COBARDÍA
La historia que culmina con esta fotografía comenzó horas antes, en un episodio que ha indignado a la opinión pública nacional. El texto incompleto en la imagen, “UBICARON Y CAPTURARON A CONDUCT0R QUE ATR0PE… Ver más”, es solo la punta del iceberg de una historia de terror vial y cobardía absoluta.
Según los reportes preliminares que han incendiado las redes sociales, este individuo, a bordo de su flamante camioneta Range Rover Evoque color bronce (o “caca de oro”, como ya la bautizaron en redes), protagonizó un brutal atropellamiento múltiple. Testigos aseguran que el “cafre” venía a exceso de velocidad, presuntamente bajo los influjos del alcohol o alguna sustancia, sintiéndose el dueño del asfalto.
El impacto fue seco, terrible. No hubo oportunidad para las víctimas. Pero lo peor no fue el accidente en sí, sino la reacción de este “junior”. Lejos de detenerse, lejos de mostrar un gramo de humanidad y bajarse a auxiliar a las personas que acababa de destrozar con su vehículo de dos toneladas, el cobarde aceleró. Pisó el acelerador a fondo y se dio a la fuga, dejando una estela de dolor, sangre y rabia. Pensó que sus placas de lujo y sus contactos lo salvarían. Pensó que podría esconderse. ¡Pero se equivocó!
LA HUELLA DEL DELITO: LA TROCA DESTROZADA
Miren bien la imagen. La camioneta Range Rover que aparece detrás del detenido no miente. Es el testigo mudo pero irrefutable de la barbarie. Observen el frente del lado derecho (el lado del copiloto). ¡Está hecho pedazos! El faro está completamente reventado, la fascia delantera está rota y desencajada, el cofre presenta un doblez brutal producto de un impacto a altísima velocidad contra cuerpos humanos.
Ese daño no se hace con un banquetazo. Ese daño es la prueba pericial de que este sujeto embistió con toda la fuerza de su motor a sus víctimas. Esa camioneta, que para él era un símbolo de estatus, se convirtió en un arma mortal en manos de un irresponsable.
LA CACERÍA Y LA HUMILLACIÓN FINAL
Tras la fuga, se activó una alerta máxima. Las redes sociales hicieron su trabajo, difundiendo las características de la camioneta asesina. La presión social fue inmensa. Pero el “junior” no se entregó; intentó huir como las ratas.
Se metió en caminos de terracería, en brechas alejadas de la mano de Dios, pensando que el polvo y el lodo ocultarían su crimen. ¿A dónde iba? ¿A una casa de campo de papi para que arreglara el “problemita” con dinero? No lo logró.
La imagen captura el momento exacto en que se le vino la noche encima. Fueron elementos del Ejército Mexicano quienes, tras un operativo de rastreo en zonas rurales, dieron con el paradero de la camioneta y su cobarde conductor.
Ahí lo ven. Ya no tiene la pose altanera de cuando va al antro. Está sentado en la tierra suelta, con los jeans de marca llenos de polvo, la playera negra pegada por el sudor del miedo y, lo más importante, con las manos inmovilizadas tras la espalda por unas frías esposas de acero. Dos soldados, con el rostro serio y sus armas largas listas, vigilan cada uno de sus movimientos. Es la imagen de la derrota absoluta para alguien que creyó que estaba por encima de la ley.
¡MÉXICO CLAMA JUSTICIA!
La publicación de esta fotografía ha desatado un tsunami de comentarios en Internet. La gente está harta, cansada de que estos “hijos de papi” maten y sigan su vida como si nada.
“¡Que se pudra en el bote!”, “¡Ahí sí muy machito llorando en el suelo, pero para atropellar gente sí era muy bravo!”, “¡Ojalá no salga el papá con billetazos a comprar al juez, queremos verlo tras las rejas!”, son solo algunos de los miles de comentarios que exigen que este caso no quede en el olvido.
La captura ya está hecha. El primer paso se dio. Ahora falta lo más difícil en este país: que la justicia haga su trabajo. La evidencia ahí está: la camioneta destrozada y el conductor capturado en flagrancia de huida. No hay excusas. Este “junior” tiene que pagar por el dolor que causó.
Por ahora, disfrutemos de esta imagen. La imagen del momento en que la impunidad se topó con pared, o mejor dicho, se topó con el Ejército Mexicano en un camino de tierra. ¡Se te acabó la carrera, cobarde!