Por qué estábamos tan delgados en los 70s (la verdad te sorprenderá). 
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¡IMPACTANTE REVELACIÓN SACUDE AL MUNDO! ¿ESTÁBAMOS “FLACOS” POR NATURALEZA EN LOS 70 O HABÍA ALGO OSCURO DETRÁS? EL SECRETO MEJOR GUARDADO DE LA GENERACIÓN “PAZ Y AMOR” FINALMENTE SALE A LA LUZ Y, CRÉENOS, TE VA A VOLAR LA CABEZA.
[CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO] – ¿Alguna vez te has puesto a hojear los álbumes viejos de tus papás o tus abuelos? ¿Esas fotos sepia de los años 70 donde todos, absolutamente todos, parecían sacados de un molde de delgadez extrema? Hombres con pantalones acampanados que apenas si llenaban, mujeres con faldas cortas luciendo piernas que parecían palillos, rostros angulosos y pómulos marcados en cada reunión familiar, en cada fiesta de la cuadra. Y la pregunta siempre es la misma, con un tono de incredulidad y hasta de envidia: “¿Pero cómo le hacían para estar tan flacos? ¡Si comían puras cochinadas!”.
Durante décadas, hemos vivido engañados. Nos hemos tragado la píldora (literal y figurativamente, como verán más adelante) de que la delgadez de los 70 era producto de un metabolismo privilegiado, de caminar más porque no había Uber, o de que la comida “era más natural”. ¡Mentira podrida! Una investigación bomba, surgida de las cloacas de la historia médica y social de aquella época dorada, ha destapado una verdad incómoda, una verdad que te hará mirar esas fotos antiguas con otros ojos. La imagen que encabeza esta nota, con un hombre y una mujer de complexión delgada típica de la época, no es un testimonio de salud, ¡es un testimonio de una adicción silenciosa!.
EL MITO DE LA “VIDA ACTIVA”: ¡PAMPLINAS! LA VERDAD ESTABA EN EL BOTIQUÍN.
“Ay, mijito, es que antes salíamos a jugar a la calle todo el día”, “Es que la comida no tenía tantos químicos”. ¿Cuántas veces hemos escuchado esas excusas de nuestros tíos cincuentones? Resulta que la verdadera razón por la que la tía Lucha cabía en ese vestido talla cero no era porque bailara mucho disco. La verdadera razón estaba escondida en el botiquín del baño, en frascos color ámbar con etiquetas crípticas recetadas por doctores que repartían “ayuditas” como si fueran dulces.
Hablamos de la epidemia oculta de las ANFETAMINAS. Sí, leíste bien. Esas sustancias que hoy asociamos con drogas duras de diseño, en los 70 eran el pan nuestro de cada día para las amas de casa cansadas, los estudiantes estresados y los ejecutivos que necesitaban rendir al máximo. ¡Era el “milagro” de la productividad y, de paso, el secreto de la delgadez extrema!
“LAS PASTILLAS DE LA FELICIDAD” QUE TE CHUPABAN LA GRASA (Y LA VIDA)
Bajo nombres comerciales inofensivos como “Obedrin”, “Dexedrina” o “Biphetamine” (conocidas en las calles como “black beauties”), las anfetaminas se recetaban a diestra y siniestra para todo: depresión leve, falta de energía y, sobre todo, ¡para bajar de peso! Los doctores de la época, muchos patrocinados por las farmacéuticas, te daban una receta con la misma facilidad con la que hoy te dan paracetamol.
El Dr. Rogelio Fuentes, historiador de la medicina en la UNAM, nos explica el fenómeno: “En los 70, no había la conciencia de riesgo que tenemos hoy. Estas pastillas te aceleraban el metabolismo a niveles brutales, te quitaban el hambre por completo (efecto anoréxico) y te daban una energía maníaca. La gente se sentía ‘fantástica’, súper productiva, y veía cómo los kilos desaparecían sin hacer dieta ni ejercicio. Era el sueño hecho realidad… hasta que llegaba la pesadilla”.
La imagen de la pareja delgada cobra un nuevo significado. Esos cuerpos esbeltos no eran fruto del gimnasio (que casi ni existían), sino de horas y horas sin probar bocado, mantenidos en pie por un cóctel químico que les quemaba la grasa y, a la larga, les freía el cerebro.
EL LADO OSCURO DE LA DELGADEZ SETENTERA: PSICOSIS, ADICCIÓN Y “EL BAJÓN”
La verdad que nadie cuenta en las reuniones familiares es el precio que pagó esa generación. “El bajón” después de un ciclo de anfetaminas era devastador: depresiones profundas, irritabilidad extrema, paranoia y, en muchos casos, psicosis total. ¿Se acuerdan de esos tíos que de repente se volvían “raros”, que hablaban muy rápido o que tenían cambios de humor violentos? ¡Bingo! No era el carácter, eran las pastillas.
Además, el efecto rebote era brutal. Cuando dejaban las pastillas, el cuerpo, hambriento y con el metabolismo dañado, recuperaba el peso perdido con intereses. Esto creaba un círculo vicioso de adicción: tomar pastillas para adelgazar, dejarlas, engordar, y volver a tomarlas con más desesperación.
LA COMIDA TAMPOCO ERA TAN “SANTA” COMO LA PINTAN
Pero el cóctel tóxico no terminaba ahí. A la epidemia de anfetaminas hay que sumarle una dieta que distaba mucho de ser saludable. Los 70 fueron la explosión de la comida procesada, los enlatados, las gelatinas de colores radiactivos y el azúcar a raudales.
“La gente cree que comíamos muy sano, pero la verdad es que la dieta promedio era alta en carbohidratos refinados y azúcares. Lo que pasa es que, con el metabolismo acelerado por las ‘pastillitas mágicas’, quemábamos todo eso y más. Si no hubiera sido por las drogas, esa generación habría sido la primera ola de la epidemia de obesidad que vemos hoy”, asegura la nutrióloga Claudia Jiménez, especialista en trastornos alimenticios.
CONCLUSIÓN: ¿TIEMPOS PASADOS FUERON MEJORES? ¡NI MAIZ!
Así que la próxima vez que veas esa foto de tu abuelita luciendo una cintura de avispa en 1975, no te sientas mal por tu “llantita”. Recuerda que detrás de esa imagen idílica se esconde una historia de medicación irresponsable, de cuerpos forzados al límite y de una sociedad que normalizó el uso de drogas peligrosas con tal de encajar en un estándar estético.
No estábamos delgados porque fuéramos más sanos. Estábamos delgados porque estábamos, en gran medida, drogados. Esa es la cruda y sorprendente verdad de los 70. ¡Comparte esta nota y quítales la venda de los ojos a tus tíos “nostálgicos”! ¡Que se sepa la neta del planeta!