🥹Joven que era golp3ad0 por su padre se quita la vida… Ver más

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¡ALERTA ROJA! ¡IMÁGENES SENSIBLES! ¡EL INFIERNO ESTABA EN CASA! TRAGEDIA SACUDE A LA COMUNIDAD: JOVEN DE 19 AÑOS NO AGUANTÓ MÁS EL MARTIRIO Y SE QUITA LA VIDA TRAS BRUTAL GOLPIZA DE SU PROPIO PADRE. ¡EXIGEN JUSTICIA PARA “BETITO”!

[CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO] – La mañana de este martes se ha teñido de luto y rabia en una popular colonia de la capital, donde el silencio cómplice se rompió de la peor manera posible. Un grito desgarrador alertó a los vecinos, pero ya era demasiado tarde. Roberto “N”, un joven de apenas 19 años, conocido cariñosamente por la palomilla del barrio como “Betito”, fue encontrado sin vida en su propia habitación. Pero la tragedia no termina ahí; lo que destapó este lamentable suceso es una historia de terror doméstico que ha dejado helados hasta a los elementos policiacos más experimentados. “Betito” no solo decidió terminar con su existencia, sino que lo hizo huyendo de un monstruo: su propio padre.

Las primeras indagatorias y el testimonio de fuentes cercanas a la familia apuntan a una realidad espeluznante que se vivía puertas adentro de la vivienda marcada con el número 42. Lejos de ser un refugio, el hogar de Roberto era una auténtica cámara de tortura. El joven, descrito por sus amigos como un chavo tranquilo, chambeador y con sueños de estudiar mecánica, vivía bajo el yugo de un progenitor violento, un sujeto cuyas frustraciones las descargaba a golpes contra su propia sangre.

EL MAPA DEL DOLOR EN SU PROPIA PIEL: LA FOTO QUE INDIGNA A MÉXICO

Ha comenzado a circular en redes sociales y grupos de WhatsApp de la comunidad una imagen que es la prueba irrefutable del infierno que vivía “Betito”. La fotografía, tomada presuntamente días antes de la fatal decisión, muestra la espalda y el cuello del joven. No se necesitan palabras para describir el sufrimiento; la piel habla por sí sola.

En la imagen, que acompañamos a esta nota con la debida censura por respeto a la víctima, se aprecian marcas atroces. No son simples rasguños de una pelea callejera; son surcos profundos, líneas rojas e inflamadas que cruzan su espalda alta y hombros, testimonio mudo de cinturonazos, varazos o golpes con algún objeto contundente propinados con una saña inaudita. Pero lo que más estremece es una herida particular en la nuca: una marca curva, casi circular, en carne viva, que sugiere un castigo sádico, quizás un apretón brutal o el impacto de una hebilla.

“¡Miren nomás cómo lo traía ese desgraciado!”, exclamó entre sollozos Doña Lupe, vecina de toda la vida, al ver la imagen que ahora es evidencia clave. “Pobrecito muchacho, siempre andaba con sudaderas de manga larga y cuello alto, hasta en pleno calorón. Ahora entendemos por qué… quería tapar su vergüenza, tapar el dolor que le causaba el mismo hombre que debió protegerlo”.

UN SECRETO A VOCES QUE TERMINÓ EN MUERTE

El caso de Roberto ha destapado la cloaca de la indiferencia. Tras el levantamiento del cuerpo por parte de los peritos del Servicio Médico Forense (SEMEFO), los murmullos en la calle se convirtieron en denuncias abiertas. Varios vecinos admitieron “off the record” que los gritos y los golpes eran cosa de cada fin de semana, especialmente cuando el padre, identificado como Rogelio “N”, alias “El Tanque”, llegaba bajo los influjos del alcohol o sustancias nocivas.

“Se oía cómo tronaban las cosas, y luego los lamentos del muchacho, pidiendo perdón, pidiendo que ya parara. ¡Ay, Dios mío! Uno por miedo no se mete, porque ese señor es muy agresivo con todos, pero ahora la culpa nos carcome”, confesó otro residente de la cuadra, quien prefirió el anonimato por temor a represalias.

Amigos cercanos de “Betito” revelaron que el joven ya había dado señales de alerta. “Hace como una semana llegó al taller donde ayudaba y casi no podía ni agacharse del dolor. Nos dijo que se había caído de la moto, pero nadie le creyó. Tenía los ojos tristes, apagados. Una vez me dijo: ‘Güey, ya no aguanto a mi jefe, un día de estos me va a matar o yo voy a hacer una locura’. Y mira… la hizo”, relató con rabia contenida uno de sus mejores amigos.

LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO: UNA ÚLTIMA PALIZA BRUTAL

Fuentes extraoficiales de la Fiscalía General de Justicia indican que la noche previa al suicidio se registró una discusión particularmente violenta en el domicilio. Se presume que Rogelio “N” llegó eufórico y arremetió contra su hijo por una nimiedad, desatando una furia incontrolable que dejó nuevas marcas en el ya lastimado cuerpo de Roberto. Esta última humillación, sumada a años de abuso psicológico donde le decía que “no servía para nada”, habría sido el detonante final para que el joven de 19 años viera en la muerte su única escapatoria.

DETIENEN AL “MONSTRUO”: ¿HABRÁ JUSTICIA?

La presión social y la evidencia innegable de las lesiones previas a la muerte llevaron a que elementos de la Policía de Investigación detuvieran a Rogelio “N” la misma tarde del martes. El sujeto fue trasladado al Ministerio Público correspondiente. Testigos aseguran que al momento de su detención, el hombre mostraba una frialdad escalofriante, negando los hechos y alegando que su hijo “era un débil y un malagradecido”.

Actualmente, el padre enfrenta cargos iniciales que podrían reclasificarse a violencia familiar agravada e incluso homicidio por omisión o inducción al suicidio, dependiendo de los resultados de la necropsia de ley, la cual determinará si las lesiones físicas contribuyeron directamente al estado que llevó al joven a quitarse la vida.

La comunidad está en pie de guerra. Han convocado a una marcha pacífica con veladoras para este fin de semana frente a la agencia del MP para exigir que el caso no quede impune y que “El Tanque” pague con cárcel el calvario que le hizo vivir a su hijo.

La historia de Roberto “N” es un recordatorio brutal de que la violencia más peligrosa a veces no está en las calles oscuras, sino en la propia sala de estar. Un joven con toda una vida por delante fue quebrado física y mentalmente por quien le dio la vida. Las marcas en su espalda, ahora virales, son el estandarte de una exigencia colectiva: ¡Ni una víctima más de violencia doméstica! ¡Justicia para Betito!

Si tú o alguien que conoces está pasando por una situación de violencia familiar o crisis emocional, NO ESTÁS SOLO. Pide ayuda. Llama a la Línea de la Vida al 800 911 2000. Tu vida vale mucho.