Hace minutos se desata gran explosión que deja saldo de 45 fall…ver más

¡PÁRENLE A SUS ROTATIVAS Y SUELTEN EL CHESCO, MI RAZA! AGÁRRENSE DE DONDE PUEDAN PORQUE LO QUE ACABA DE PASAR NO ES UN SIMULACRO, ES EL MERO INFIERNO TOCANDO A NUESTRA PUERTA.
TÍTULO EXPLOSIVO: ¡SE NOS VINO EL CIELO ABAJO! EL “CLICK” DE LA MUERTE: SE DESTAPA LA VERDAD DETRÁS DEL “VER MÁS” QUE NOS PARÓ EL CORAZÓN A TODOS HACE UNOS MINUTOS. ¡45 ALMAS SE NOS FUERON EN UN TRONIDO QUE CIMBRÓ LA TIERRA Y NOS DEJÓ OLIENDO A AZUFRE Y TRAGEDIA!
SUBTÍTULO DE IMPACTO: ¿Creías que ya lo habías visto todo en este valle de lágrimas? ¡No mames, valedor! Siéntate bien porque te vas a ir de espaldas. Esa notificación que te vibro en el celular y te dejo frío no era un cuento chino. Es la crónica de una masacre anunciada por la negligencia y el crimen. Te contamos la neta del planeta, al chile y sin censura, lo que pasó cuando la tierra rugió y la “Huesuda” salió a pasar lista. ¡Corre por tu bolillo pa’l susto porque esta nota está manchada de sangre y dolor!
POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA METROPOLITANA DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS.
¡Qué tranza, banda paniqueada y con el Jesús en la boca!
Si hace apenas unos minutos sentiste que el piso se te movía sin ser temblor, que los vidrios de tu cantón estuvieron a punto de reventar y que una vibra más pesada que cargar al Pípila en subida recorrió tu cuerpo, no estabas alucinando. Fue el impacto colectivo, el grito ahogado de una colonia entera que vio al diablo a los ojos.
Ahí estaba en sus pantallas, brillando con esa luz maligna de las “Últimas Noticias”, el texto que nos hizo escupir el café de olla y persignarnos con la mano temblorosa: “Hace minutos se desata gran explosión que deja saldo de 45 fall…ver más”.
¡Ese pinche “…ver más”! ¡Esos tres puntitos suspensivos que son la antesala del panteón! En ese instante, el tiempo se detuvo en la oficina, en el metro, en la fila de las tortillas. ¿45 qué? ¿Heridos? ¿Desaparecidos? La tripa te avisa que cuando la cifra es tan alta, la palabra que falta es la que nadie quiere decir.
Pero su seguro servidor, El Tundemáquinas Ramírez, que no le saca al parche ni aunque llueva plomo, se trepó a la moto y quemó llanta hasta el epicentro del desastre. Y lo que mis ojos vieron, mi gente, ¡no se lo deseo ni a mi peor enemigo! Agárrense, porque la verdad está más cabrona y dolorosa de lo que imaginábamos.
LA REVELACIÓN DEL “VER MÁS”: ¡UN CEMENTERIO BAJO LOS ESCOMBROS!
Lo que ese “ver más” escondía no era una cifra preliminar. Era la sentencia final. La palabra que completaba el horror era FALLECIDOS. ¡45 hermanos que ya no regresarán a casa hoy a cenar! ¡45 familias destrozadas en un abrir y cerrar de ojos!
EL LUGAR DEL ZAFARRANCHO: No fue en una zona industrial alejada, ¡qué va! Fue en el corazón de la colonia popular “El Polvorín” (pinche nombre irónico que ahora duele), ahí donde las casas están pegaditas y la gente vive al día.
LA CAUSA DEL INFIERNO: ¡Aquí es donde la puerca tuerce el rabo y nos da más coraje! No fue un accidente “natural”. Resulta y resalta que en medio de las casas, disfrazada de taller mecánico, operaba una BODEGA CLANDESTINA DE HUACHICOL Y PIROTECNIA ILEGAL. ¡Háganme el recabrón favor! Una bomba de tiempo tic-tac-tocando al lado de escuelas y tortillerías, solapada por sabe Dios quién.
CRÓNICA DEL MINUTO CERO: CUANDO LA TIERRA GRITÓ
Eran las 4:15 de la tarde. Doña Chonita, la que vende los tamales en la esquina y que sobrevivió de milagro, me contó entre lágrimas y mocos: “Ay, mijo, yo nomás sentí un empujón del aire caliente, como si abrieras el horno de golpe, y luego ¡PUM! El sonido… ese sonido no se me va a olvidar nunca. Parecía que se había roto el cielo. Mis tamales volaron, yo volé, y cuando abrí los ojos, ya no se veía el sol, puro humo negro y naranja”.
La explosión inicial fue tan potente que generó un hongo de humo visible a kilómetros a la redonda. La onda expansiva barrió con todo a tres cuadras: vidrios rotos, puertas arrancadas de sus marcos, gente tirada en la banqueta aturdida y sangrando.
Pero lo peor vino después. Las explosiones secundarias. Los tanques de gas de las casas vecinas empezaron a tronar como palomitas de maíz en el microondas, alimentando un incendio que parecía no tener fin.
EL CAOS EN LAS CALLES: ¡HISTERIA COLECTIVA Y HÉROES SIN CAPA!
Cuando llegué, aquello era una sucursal del apocalipsis. La gente corría sin rumbo, gritando nombres de familiares. Madres buscando a sus hijos que habían salido a la tienda. Señores tratando de mover escombros con las puras manos, quemándose la piel, con la esperanza de sacar a alguien vivo.
Las sirenas de los bomberos, la Cruz Roja y la policía eran un coro ensordecedor que no lograba tapar los llantos de desesperación. Los “tragahumo”, mis respetos para esos cabrones, se metían entre las llamas que lamían el cielo, arriesgando el pellejo para controlar a la bestia de fuego.
Vi a paramédicos llorando de impotencia mientras trataban de reanimar cuerpos que ya no tenían alma. Vi vecinos sacando cubetas de agua, mangueras de jardín, tratando de ayudar en algo, en lo que fuera, porque la solidaridad del mexicano sale a flote cuando más nos está cargando la tiznada.
EL SALDO ROJO QUE NOS DUELE EN EL ALMA
La cifra oficial, esa que nos heló en el celular, se confirmó entre los escombros humeantes. Hasta el momento, y duele escribirlo, son 45 muertos confirmados. Entre ellos hay niños que jugaban en la calle, amas de casa que preparaban la comida, y trabajadores que tuvieron la mala suerte de pasar por ahí.
Y la cuenta podría subir, mi raza. Hay decenas de heridos graves en los hospitales, luchando por su vida, quemados en gran parte de su cuerpo. Hay desaparecidos debajo de las losas de concreto que alguna vez fueron hogares.
El SEMEFO no se da abasto. Las camionetas blancas van y vienen, cargando el peso de la tragedia, mientras los familiares se agolpan tras las cintas amarillas, rogando a Dios que su ser querido no esté en una de esas bolsas negras.
LA RABIA DEL BARRIO: ¿QUIÉN VA A PAGAR POR ESTO?
Pero después del llanto, viene la furia. La gente de “El Polvorín” está enchilada, y con justa razón. ¡Esto no debió pasar!
“¡Todos sabíamos que ahí guardaban cochinadas!”, gritaba un señor con la cara tiznada, señalando el cráter donde estaba la bodega. “¡Le avisamos a la patrulla mil veces y nomás venían por su mordida y se iban! ¡Son unos asesinos!”.
La corrupción mata, compadres. La negligencia de las autoridades, que se hacen de la vista gorda por unos cuantos pesos, hoy cobró 45 vidas inocentes. Esos funcionarios que permitieron esto tienen las manos manchadas de sangre, igual que los criminales que operaban el negocio.
CONCLUSIÓN: ¡ESTO NO SE ACABA HASTA QUE SE ACABA!
Mi gente, la noche va a ser larga y triste en la ciudad. El olor a quemado se nos ha metido hasta en los huesos.
Ese mensajito de “Última hora” fue el aviso de que la tragedia siempre está a la vuelta de la esquina en este país donde la ley a veces parece un chiste malo.
Manténganse al tiro. Abracen a sus familias hoy más fuerte que nunca, porque uno nunca sabe cuándo es la última vez. Y exijamos justicia, ¡carajo! Que no nos vengan con carpetazos ni chivos expiatorios. Queremos a los verdaderos responsables tras las rejas, aunque sean de cuello blanco o lleven placa.
Aquí en su fuente de confianza, seguiremos al pie del cañón, entre el humo y las lágrimas, informando minuto a minuto mientras la esperanza de encontrar sobrevivientes no se apague.
¡SEGUIREMOS INFORMANDO DESDE EL INFIERNO! ¡CAMBIO Y FUERA, Y QUE DIOS NOS AGARRE CONFESADOS A TODOS!