JINETE Y SU CABALL0 MURI3R0N IMPACTAD0S POR UN RAY0… Ver más

JINETE Y SU CABALL0 MURI3R0N IMPACTAD0S POR UN RAY0… Ver más

 

¡PÁRENLE A SUS ROTATIVAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO, MI GENTE! PORQUE LA NOTICIA QUE LES TRAEMOS HOY ESTÁ MÁS CALIENTE QUE UN COMAL EN HORA PICO Y MÁS TRÁGICA QUE FINAL DE TELENOVELA.

TÍTULO EXPLOSIVO: ¡FURIA CELESTIAL EN EL CAMPO MEXICANO! LA HUESUDA BAJÓ EN FORMA DE RAYO Y SE LLEVÓ DE UN JALÓN A UN LEGENDARIO CHARRO Y A SU BESTIA MILLONARIA. ¡QUEDARON FUNDIDOS EN UN ABRAZO MORTAL BAJO LA TORMENTA!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa imagen viral que nos heló la sangre en el “Feis”: “JINETE Y SU CABALL0 MURI3R0N IMPACTAD0S POR UN RAY0… Ver más”. El morbo nos pudo y le dimos clic, pero nadie estaba preparado para la desgarradora historia detrás de esos puntos suspensivos. Hoy, en exclusiva, les contamos la neta del planeta sobre la tragedia que tiene a un pueblo entero ahogado en llanto y olor a ozono quemado.


POR: EL TUNDEMÁQUINAS RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA DEL BAJÍO

SAN MIGUEL DEL TRUENO, MÉXICO.– ¡Ay, nanita! Mis queridos lectores, si ustedes son de los que le tienen miedo a los relámpagos y se esconden bajo la cama cuando Tláloc se pone bravo, después de leer esto no van a querer salir ni en día soleado.

La tarde de ayer, la naturaleza demostró quién manda aquí y nos recordó que somos poco menos que hormigas cuando el cielo decide soltar su furia. En los llanos abiertos de San Miguel del Trueno, una tierra de hombres recios y caballos briosos, se escribió una página negra que ni el tiempo podrá borrar.

¿QUIÉNES ERAN LOS CAÍDOS? UNA LEYENDA DE DOS CABEZAS

Para entender el dolor que se respira en el aire, hay que saber quiénes eran las víctimas. No era cualquier jinete, ¡qué va! Estamos hablando de Don Anselmo Mondragón, alias “El Centauro de Plata”. Un hombre de 55 años, con el bigote bien planchado y la mirada noble, que había ganado más coleaderos y charreadas que nadie en el estado. Don Anselmo no montaba a caballo; Don Anselmo y el caballo eran uno mismo.

Y su compañero de destino no era un jamelgo cualquiera. Era “El Sultán”, un purasangre azabache, negro como la noche sin luna, con un brillo en el pelo que parecía espejo. Un animal valuado en más de medio millón de pesos, pero que para Don Anselmo no tenía precio. Era su orgullo, su amigo, su “hijo de cuatro patas”, como él mismo decía cuando se echaba sus tequilas.

LA CRÓNICA DE UNA MUERTE ELÉCTRICA

Todo empezó a eso de las 6 de la tarde. El cielo, que había estado azulito, de repente se puso color panza de burro. Las nubes se amontonaron feas, negras, cargadas de mala vibra. El aire empezó a oler a tierra mojada y a ese aroma metálico que anuncia que se viene el tormentón.

Don Anselmo andaba en los potreros de “La Esperanza”, su ranchito, revisando el ganado. Los peones le advirtieron: “Patrón, ya vágase pa’ la casa, mire que se ve venir el chamuco en esas nubes”. Pero Don Anselmo, terco como buen ranchero de cepa, les dijo: “A mí ningún agüita me espanta, y al Sultán menos. Ahorita los alcanzo”. ¡Grave error, compadre!

La lluvia se soltó con rabia. No eran gotas, eran cubetadas de agua. Y con el agua, vino el espectáculo de luces y sonido más aterrador. Los truenos retumbaban haciendo temblar el suelo, y los relámpagos iluminaban el campo como si fuera de día, pero con una luz blanca y fría que daba miedo.

EL MOMENTO EXACTO DEL IMPACTO: ¡UN MISIL DEL CIELO!

Testigos que estaban refugiados en una bodega cercana cuentan que vieron a Don Anselmo galopando a todo lo que daba “El Sultán”, intentando ganarle la carrera a la tormenta para llegar al establo. Iban hechos la mocha, una estampa heroica en medio del diluvio.

Y entonces, sucedió.

“¡Fue como si el cielo se hubiera abierto, jefe!”, nos contó Doña Chonita, la cocinera del rancho, todavía temblando y con el rosario en la mano. “Se vio una luz cegadora, más fuerte que el sol, que bajó directito sobre ellos. Y el ruido… ¡ay, el ruido! No fue un trueno, fue como una bomba. Se me salieron los empastes de las muelas del puro estruendo”.

Un rayo, una descarga de millones de voltios, eligió a Don Anselmo y a “El Sultán” como su pararrayos en medio de la nada. No tuvieron oportunidad. La física y el destino fueron crueles. El metal de las espuelas, el freno del caballo, hasta los empastes de Don Anselmo… todo sirvió para atraer la descarga mortal.

EL HALLAZGO MACABRO QUE PARTIÓ EL ALMA

Cuando la lluvia bajó un poco su furia, los peones corrieron al lugar donde habían visto caer la centella. Lo que encontraron les va a quitar el sueño por semanas.

La escena era dantesca, mis valedores. “El Sultán”, aquella bestia magnífica, yacía de costado, con el cuerpo rígido y el pelo chamuscado en varias partes. Se notaba el camino que había seguido la electricidad, una cicatriz quemada que recorría su lomo.

Y ahí, todavía montado en la silla, abrazado al cuello de su fiel amigo, estaba Don Anselmo. Su sombrero charro estaba tirado a unos metros, quemado de la copa. El Centauro y su caballo murieron al instante, fulminados antes de que sus cerebros pudieran procesar el dolor. Sus corazones se detuvieron al mismo segundo.

El olor en el aire era una mezcla nauseabunda de ozono, carne quemada y pelo chamuscado. Un olor que se te mete en la nariz y no se sale nunca.

UN PUEBLO DE LUTO: LÁGRIMAS Y LEYENDAS

La noticia corrió más rápido que el mismo rayo. En cuestión de minutos, el rancho “La Esperanza” estaba lleno de vecinos, familiares y curiosos. Los gritos de la viuda de Don Anselmo desgarraban el alma. “¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué te llevaste a mis dos amores?”, gritaba la señora, inconsolable, mientras abrazaba el cuerpo inerte de su marido.

Hoy, San Miguel del Trueno está de luto cerrado. Las campanas de la iglesia no han dejado de doblar. Se dice que van a enterrar a Don Anselmo con sus espuelas de plata y que, en un hecho sin precedentes, le harán una tumba especial a “El Sultán” justo al lado de su amo, porque si vivieron juntos, juntos deben descansar.

Pero ya saben cómo es la raza, ya empezaron las leyendas. Las viejitas del pueblo dicen que no fue un rayo normal, que fue un castigo divino porque Don Anselmo era muy orgulloso. Otros, más románticos, dicen que Dios necesitaba al mejor charro y al mejor caballo para un desfile allá arriba, en las nubes.

Lo cierto, mi gente, es que esa imagen viral que vieron en su celular escondía una tragedia humana y animal que nos deja una lección muy clara: con la naturaleza no se juega. Cuando el cielo truene, ¡guárdense, carajo! No le jueguen al valiente, porque la Huesuda a veces no llega con guadaña, sino con una descarga de 300 mil kilómetros por segundo.

Descansen en paz, Don Anselmo y el gran Sultán. Ahora galopan en las praderas eternas, donde no hay tormentas que los alcancen. ¡Qué historia, me cae, qué historia!