Localizan en bolsas negras el cue… Ver más

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO, MI RAZA! PORQUE ESTO SE PUSO COLOR DE HORMIGA BRAVA.
TÍTULO EXPLOSIVO: ¡EL HORROR TIENE CÓDIGO POSTAL EN LA PERIFERIA! SE DESTAPA LA CLOACA CON UN HALLAZGO QUE NOS HELÓ LA SANGRE: ¿QUÉ ESCONDÍAN ESAS BOLSAS NEGRAS QUE ROMPIERON EL INTERNET? ¡TE CONTAMOS LA VERDAD CRUDA Y SIN CENSURA DETRÁS DEL “VER MÁS” QUE NADIE QUERÍA ABRIR!
SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita. El corazón se nos paró a medio latido. “Localizan en bolsas negras el cue…”. La imaginación voló a lo peor, y tristemente, le atinamos. La realidad supera la ficción más macabra en este México nuestro donde la vida a veces vale menos que el plástico donde la envuelven. ¡Prepara el estómago, porque esta crónica roja viene cargada de azufre!
POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA METROPOLITANA
¡Ay, nanita! Mis queridos valedores del morbo y la verdad sin filtro. Si ayer por la tarde sintieron una vibra pesada mientras le daban al scroll en el celular, si se toparon con esa imagen que parecía sacada de una película de terror chafa pero que olía a pura realidad, déjenmeles digo que no fue un mal sueño.
Ese titular cortado, esos tres puntitos suspensivos del diablo que decían “Localizan en bolsas negras el cue… Ver más”, fueron el gancho directo al hígado que nos recordó en qué clase de selva de asfalto estamos viviendo. Y como aquí no nos andamos con medias tintas ni le doramos la píldora a nadie, su servilleta se lanzó al lugar de los hechos para traerles la neta del planeta.
EL ESCENARIO DANTESCO: DONDE EL VIENTO HUELE A MUERTE
Todo ocurrió en las primeras horas que el sol intentaba (sin éxito) calentar el ambiente. El lugar: un paraje desolado en los límites donde la Ciudad de México pierde su nombre y se convierte en el Estado de México, ahí, en esas fronteras invisibles donde la ley de Dios no llega y la del hombre se hace de la vista gorda. Un camino de terracería, flanqueado por un canal de aguas negras que ya de por sí apesta a mil demonios y un montón de cascajo que la gente va a tirar ahí porque les da flojera pagar el tiradero oficial.
Ahí, entre la maleza crecida y la basura de años, estaban. No era una, ni dos. Eran tres bolsas de plástico negro, de esas tamaño jumbo, de uso rudo, “pa’ la basura industrial”. Estaban apiladas de una forma que, la neta, nomás de verlas te daba mala espina. Estaban demasiado bien cerradas, con vueltas y vueltas de cinta canela, como si lo que estuviera adentro quisiera escaparse.
EL DESCUBRIMIENTO: DON GOYO Y EL SUSTO DE SU VIDA
¿Quién fue el valiente (o el desafortunado) que dio con el macabro paquete? Pues quién más, raza: la gente que se la rifa día a día. Fue Don Goyo, un señorón de casi 70 años, pepenador de oficio y corazón de piedra, curtido por años de escarbar en la inmundicia ajena.
Don Goyo nos contó, todavía con el temblor en las manos y fumándose un cigarro sin filtro pa’ los nervios, que él andaba buscando botes de aluminio o algo de cobre que vender pa’ sacar el desayuno. “Mire, jefe”, me dijo con la voz aguardentosa, “yo vi los bultos y dije: ‘Chingao, a lo mejor es ropa vieja o escombro que alguien vino a tirar de madrugada’. Uno siempre piensa que se va a encontrar algo bueno”.
Pero Don Goyo se equivocó gacho.
Se acercó a la primera bolsa. Y ahí fue cuando el sexto sentido se le activó. No era el olor a basura podrida al que él ya es inmune. Era otra cosa. Un olor dulzón, penetrante, metálico. Un tufo que se te mete por la nariz y se te queda pegado en el paladar. El perfume inconfundible de la Huesuda cuando anda rondando.
Con la navajita oxidada que carga siempre, Don Goyo le dio un tajo pequeño a la cinta canela. Apenas se abrió un boquete, el olor se soltó con furia. Don Goyo se aguantó las ganas de guacarear, prendió la lamparita de su celular y se asomó.
El grito que pegó el pobre viejo espantó a los perros callejeros a tres cuadras a la redonda. No era ropa. No era cascajo.
Lo que vio fue piel humana. Pálida, cerosa, ya con los signos inequívocos de que el alma había abandonado ese barco hacía horas.
EL CIRCO DE LAS SIRENAS: “EL CUE…” ERA CUERPO, Y ERA UNA PESADILLA
En cuestión de minutos, después de que Don Goyo lograra marcar al 911 con los dedos temblorosos, aquello se volvió un manicomio con torretas azules y rojas. Llegaron las patrullas municipales, derrapando llanta pa’ salir en la foto. Llegaron los estatales, con sus caras largas. Y finalmente, llegaron los meros meros de estas tragedias: los peritos de la Fiscalía y la camioneta blanca del SEMEFO, esa que nadie quiere ver estacionada frente a su casa.
Acordonaron la zona con kilómetros de esa cinta amarilla que dice “PRECAUCIÓN”, como si eso sirviera de algo pa’ detener el chisme y el morbo. Los vecinos de la colonia aledaña, que escucharon el argüende, ya estaban ahí, en pijama y chanclas, estirando el cuello detrás de la línea policial, con los celulares en alto, transmitiendo en vivo pa’l Facebook Live. ¡Qué pinche afán de grabar la desgracia, me cae!
Los peritos, vestidos con esos trajes blancos de astronauta que usan pa’ no contaminar la escena (y pa’ no llevarse el olor a muerte a sus casas), empezaron a trabajar. Abrieron las bolsas con cuidado quirúrgico.
Y sí, mi gente. El titular tenía razón. LOCALIZAN EN BOLSAS NEGRAS EL CUERPO. Pero la realidad era peor. No estaba completo en una sola bolsa. Los desgraciados que hicieron esto tuvieron la sangre fría de… bueno, ya se imaginarán. Una carnicería humana. Una muestra más de la saña con la que operan estos demonios que andan sueltos.
¿QUIÉN ERA? EL MISTERIO Y EL MIEDO EN EL BARRIO
Hasta el momento que cerramos esta nota, la víctima está en calidad de desconocido. Un “N.N.” más en la morgue fría. Se rumora, por los tatuajes que alcanzaron a ver algunos mirones antes de que taparan todo, que podría tratarse de un chavo de no más de 25 años.
¿El móvil? ¡Uff, papá! Las teorías en el barrio sobran. Que si fue un ajuste de cuentas entre los que controlan la venta de “dulces” en la zona. Que si fue un mensaje pa’ los chapulines que se quieren meter a la plaza. Que si se metió con la mujer del patrón equivocado.
La policía, como siempre, aplicó la vieja confiable: “Estamos investigando, no descartamos ninguna línea, llegaremos hasta las últimas consecuencias”. Pura lengua, pura saliva. La neta es que en estas zonas, la justicia es más rara que un político honesto.
El miedo se respira en el aire. Doña Rosa, la de la tiendita de la esquina, ya dijo que va a cerrar más temprano. “Ya no se puede, joven. Antes uno salía por el pan en la noche, ahora uno sale rezando pa’ no regresar en bolsa”.
REFLEXIÓN FINAL: NO SOMOS BASURA
Esta es la cruda realidad detrás de un “Ver más”. Un clic que nos asoma al abismo. Hoy fue un desconocido en un paraje olvidado, pero mañana podría ser el vecino, el primo, el amigo.
Es indignante, raza. Es pa’ mentar madres y no parar. Porque no es justo que traten a la gente como si fuera desperdicio, envolviéndolos en plástico como si fueran los restos de la cena de ayer.
Desde esta trinchera periodística, les decimos a esos carniceros: ¡Tienen madre! Y a las autoridades les exigimos: ¡Hagan su pinche chamba!
Y a ustedes, mi gente que me lee, cuídense mucho. No anden en malos pasos, fíjense con quién se juntan y avisen siempre dónde andan. Porque la Huesuda anda chambeando horas extras y no queremos que ninguno de ustedes sea la próxima nota roja.
Seguiremos informando, aunque nos duela el alma. ¡Cambio y fuera!