😭En la mañana de hoy encontraron sin v… Ver más

😭En la mañana de hoy encontraron sin v… Ver más

 

¡PAREN LAS ROTATIVAS, SUELTEN EL TAMAL Y AGÁRRENSE DE DONDE PUEDAN PORQUE LO QUE LES VAMOS A CONTAR ESTÁ MÁS FRÍO QUE UN MUERTO EN LA MORGUE! ¡ESTO NO ES UN SIMULACRO, RAZA!

¡ALERTA ROJA EN LA CIUDAD! ¡EL AMANECER SANGRIENTO QUE NADIE VIO VENIR Y QUE NOS DEJÓ CON EL CORAZÓN EN LA GARGANTA!

¿LES LLEGÓ LA NOTIFICACIÓN? ¿SINTIERON ESE HUECO EN EL ESTÓMAGO AL LEER EL TITULAR MOCHO EN SU CELULAR? ESA FRASE MALDITA QUE DECÍA: “En la mañana de hoy encontraron sin v… Ver más”

¡Admítanlo, carnales! Se les heló la sangre. Se les bajó la presión y hasta el hambre se les quitó. A todos nos pasó hace apenas unas horas, mientras intentábamos despertar con el primer café del día. Ese maldito “Ver más” que siempre esconde las verdades más crudas, ese suspenso que te carcome el alma mientras el dedo tiembla sobre la pantalla táctil, dudando si queremos saber la verdad o mejor seguir viviendo en la ignorancia.

¿Qué palabra faltaba? Todos lo sabíamos. No era “sinvergüenzas”, no era “sin vacunas”. Era SIN VIDA. Pero, ¿quiénes? ¿Cuántos? ¿Y por qué el misterio de la autoridad?

Nosotros, aquí en la redacción de El Grito del Barrio, no le sacamos al parche. Nos fuimos directo y sin escalas al lugar de los hechos, esquivando el tráfico de la mañana y el cerco policiaco, para traerles la neta del planeta, la puritita verdad sin censura ni pelos en la lengua, esa que les va a quitar el sueño esta noche. Y déjenme decirles, mis valedores, con los pelos de punta y la bilis en la garganta, que lo que nuestros reporteros vieron supera cualquier pesadilla de película gringa de terror.

¡AGÁRRENSE FUERTE, PORQUE AQUÍ VIENE LA VERDAD DETRÁS DEL CLICKBAIT QUE TIENE A MEDIA CIUDAD CON EL JESÚS EN LA BOCA Y A LAS AUTORIDADES DANDO PALOS DE CIEGO!


LA CRÓNICA DE UN HALLAZGO DANTESCO: CUANDO EL SOL SALIÓ PARA ILUMINAR EL HORROR

Eran las 5:45 de la mañana. La ciudad apenas se desperezaba. En esa zona industrial olvidada de la mano de Dios, allá por los rumbos de Ecatepec, donde el alumbrado público es un lujo y las calles huelen a diésel quemado y desesperanza, la rutina parecía la misma de siempre.

Don Rogelio, “El Goyo”, un señorón que lleva treinta años barriendo esas calles antes de que salga el sol, iba empujando su carrito, pensando en sus broncas, cuando vio algo raro cerca de las vías del tren, detrás de una bodega abandonada.

Al principio, pensó que eran bultos de basura. “Pinche gente cochina”, pensó El Goyo, según nos contó después, temblando como gelatina y con un bolillo pa’l susto que no le hacía efecto. “Vienen a tirar sus desperdicios aquí como si fuera basurero municipal”.

Pero cuando se acercó para empezar a limpiar, algo no le cuadró. No era el olor a basura rancia. Era ese otro olor. Ese olor dulzón, metálico y penetrante que, una vez que lo hueles, nunca se te olvida: el olor de la muerte reciente.

El Goyo se acercó con la escoba por delante, como si fuera una espada. Y entonces, el primer rayo de sol iluminó la escena y el pobre hombre soltó el grito más desgarrador que se haya escuchado en esa colonia en años.

¡NO ERA UNO, RAZA! ¡NI ERAN DOS! ¡LA ESCENA ERA DIGNA DE UN MUSEO DE CERA MACABRO!

Lo que se encontró ahí no fue un simple tiradero de cuerpos. ¡No, señor! Esto tenía una producción digna de Hollywood, pero retorcida y enferma.

Había cuatro personas. Cuatro hombres, de entre 30 y 40 años. Pero no estaban tirados al ahí se va. ¡Estaban sentados!

Sí, leyeron bien, ¡no manchen! Los habían sentado alrededor de una mesa de plástico blanca, de esas de jardín, como si estuvieran en una peda banquetera. Los cuerpos, ya rígidos por el rigor mortis de la madrugada fría, estaban colocados en sillas de plástico.

Uno tenía la cabeza recargada sobre la mesa, como si se hubiera quedado dormido en la borrachera. Otro estaba recargado hacia atrás, con los ojos abiertos mirando al cielo gris, con una expresión de terror congelada en el rostro. Los otros dos estaban de lado, como si estuvieran platicando entre ellos.

Al centro de la mesa, no había chelas, ni botana. Había un juego de cartas españolas, barajadas y repartidas. Una partida de póker que nunca terminó… o que terminó de la peor manera posible.

¡Tómala! El asesino, o los asesinos, se tomaron el tiempo de montar esta escena grotesca. ¿Qué clase de mente enferma hace eso?

EL CAOS SE APODERA DEL BARRIO: LLEGA “LA TIRA” Y SE ARMA EL MITOTE

El grito de Don Goyo alertó a los primeros trabajadores que iban a las fábricas. En cuestión de minutos, el lugar era un hervidero. Llegaron los curiosos en pijama, las señoras que iban por la leche, los taxistas morbosos bajando la velocidad para grabar con el celular. Se armó el mitote en grande.

Y finalmente, con esa lentitud exasperante de siempre, llegaron las patrullas. Primero los municipales, que al ver la escena casi se vomitan ahí mismo y no sabían ni por dónde empezar. Luego llegaron los estatales, más prepotentes, tratando de alejar a la gente a empujones.

“¡Atrás, atrás, no hay nada que ver!”, gritaba un oficial gordito que apenas podía con su chaleco antibalas. ¡¿Cómo que no hay nada que ver, oficial?! ¡Si tienen un pinche casino de muertos a media calle!

Acordonaron la zona con kilómetros de esa cinta amarilla que ya es el decorado oficial de nuestro México mágico: “PRECAUCIÓN – ESCENA DEL CRIMEN”. Llegaron los peritos, esos “pitufos” vestidos de trajes blancos tipo astronauta, a tomar fotos desde todos los ángulos y a marcar evidencias con numeritos.

EL MENSAJE QUE NADIE QUIERE LEER: ¿UNA NUEVA GUERRA EN LAS CALLES?

Pero espérense, que la cosa se pone más densa. Entre el alboroto, uno de nuestros reporteros infiltrados logró escuchar lo que comentaban los comandantes en voz baja, mientras veían algo sobre la mesa, justo en medio de las cartas.

Había una cartulina.

Sí, el clásico narcomensaje. Pero este no era el típico garabato con faltas de ortografía. Estaba escrito con letras de molde, claras y directas. El contenido exacto no lo han revelado, se lo guardaron como secreto de estado, pero el rumor que corre como pólvora entre los policías es que decía algo así como:

“SE LES ACABÓ LA SUERTE. LA CASA GANA. EL JUEGO HA COMENZADO. ATTE: EL CRUPIER.”

¡En la torre! ¿Quién es “El Crupier”? ¿Un nuevo capo? ¿Un psicópata que se cree villano de Batman? Nadie sabe, nadie supo. Los cuerpos no tenían identificaciones, ni carteras, ni celulares. “Les dieron baje con todo”, comentó un vecino. Sus ropas eran normales, de gente de trabajo, lo que hace todo más confuso. ¿Eran inocentes que estuvieron en el lugar equivocado? ¿O andaban en malos pasos y les cayó la voladora?

EL MIEDO SE RESPIRA EN EL AIRE: LAS AUTORIDADES ESTÁN REBASADAS

La noticia ya corrió por todo el barrio y más allá. La gente está paniqueada. Las doñas ya dijeron que hoy no sale nadie después de que oscurezca. “Esto se va a poner feo, mijo”, nos dijo Doña Pelos, la de las quesadillas de la esquina, mientras cerraba su puesto más temprano que nunca.

El Ministerio Público se llevó los cuerpos al SEMEFO en medio de un operativo digno de visita presidencial. Las autoridades están mudas. No quieren dar conferencias de prensa porque no tienen ni idea de qué decir. Están más perdidos que un pulpo en un garaje. Se les hizo bolas el engrudo.

Este hallazgo macabro rompe con todo lo que habíamos visto últimamente. No es un simple ajuste de cuentas, esto es un mensaje de terror psicológico para toda la ciudadanía. Alguien allá afuera nos está diciendo que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, y burlarse de nosotros en nuestra propia cara.

¿Qué sigue ahora, raza? ¿Vamos a tener que vivir encerrados? ¿Quiénes son las víctimas? ¿Por qué esa saña de exhibirlos así?

Manténganse pegados a El Grito del Barrio. Nosotros no nos vamos a callar ni nos vamos a dejar intimidar. Vamos a seguir escarbando hasta saber quién está detrás de esta partida de cartas mortal. Cuiden a los suyos, no anden tarde en la calle y pónganse truchas. Porque parece que en esta ciudad, la muerte acaba de repartir una nueva mano y a todos nos pueden tocar malas cartas.

¡SEGUIREMOS INFORMANDO MIENTRAS NOS DEJEN! ¡QUÉ DIOS NOS AGARRE CONFESADOS!