HORR0R
Encuentran en la basura una cab… Ver más

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS Y SUELTEN EL BOLILLO PA’L SUSTO, MI RAZA! ¡ESTA NOTICIA LES VA A HELAR LA SANGRE Y LES VA A REVOLVER LA TRIPA MÁS QUE UNOS TACOS DE DUDOSA PROCEDENCIA A LAS 3 DE LA MAÑANA!
TÍTULO PRINCIPAL: ¡EL HORROR TIENE CÓDIGO POSTAL! PEPENADOR ENCUENTRA UNA “CAB…EZA” HUMANA EN UN BASURERO CLANDESTINO Y DESTAPA LA CLOACA DEL MIEDO EN LA CIUDAD. ¡VECINOS ESTÁN CON EL JESÚS EN LA BOCA Y LA POLICÍA NO SABE NI POR DÓNDE EMPEZAR!
SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita que nos apareció en el celular mientras echábamos la garnacha: “HORR0R Encuentran en la basura una cab… Ver más”. El morbo nos ganó, pensamos que era fake news, le dimos clic… y ¡ZAZ! La realidad nos pegó una cachetada guajolotera. No era una broma, no era una cabeza de muñeca. ¡Era real y estaba en la basura de nuestra propia ciudad! Aquí te contamos la neta del planeta, sin censura y con todos los detalles escabrosos que la tele fifí no te quiere pasar.
POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA URBANA DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS
CIUDAD DE MÉXICO (DONDE SI NO TE MATA EL SMOG, TE MATA EL SUSTO).– ¡Ay, nanita! Mis queridos valedores, si ustedes son de los que piensan que ya lo han visto todo en esta selva de asfalto, si creen que las historias de terror solo pasan en las películas gringas, permítanme decirles que están muy equivocados. La realidad, esa perra cruel, acaba de superar a la ficción de la manera más grotesca posible en uno de los rincones más olvidados de nuestra capirucha.
Todo comenzó ayer por la mañana, a eso de las 7:00 AM, cuando el sol apenas empezaba a calentar y la ciudad despertaba con su caos habitual. En la colonia “El Solitario”, allá por los rumbos de Iztapalapa (¡dónde más, si no es en el oriente bravo!), donde las calles son de terracería y la ley es un mito urbano, se gestaba el descubrimiento macabro que hoy nos tiene a todos con los pelos de punta.
El protagonista de esta historia de pesadilla es Don Chuy, un señorón de 65 años, pepenador de oficio y corazón noble, que todos los días se la rifa escarbando en la inmundicia para sacar para el pan de cada día. Don Chuy ya está curtido, ha visto de todo en los basureros: perros muertos, fierros viejos, juguetes rotos, hasta fetos (que Dios los tenga en su gloria). Pero nada, absolutamente nada, lo preparó para lo que sus ojos vieron ayer.
CRÓNICA DE UN HALLAZGO ESPELUZNANTE: “PENSÉ QUE ERA UNA MÁSCARA DE LUCHADOR, JEFE”
Don Chuy andaba en su rutina, con su costal al hombro y su gancho de fierro, picando aquí y allá en un tiradero clandestino a cielo abierto que los vecinos usan porque el camión de la basura pasa cada venida de Papa. El olor era insoportable, una mezcla de comida podrida, pañales sucios y animales en descomposición que marearía a cualquiera, pero no a Don Chuy.
De repente, su gancho se atoró en algo pesado dentro de una bolsa negra de plástico tamaño jumbo, de esas de basura industrial. Don Chuy jaló con fuerza. La bolsa se rasgó. Y ahí estaba.
Un bulto redondo. Envuelto en trapos viejos y manchados de un líquido oscuro y seco que olía a muerte.
— “¡Achis, achis! ¿Qué es esto? ¿Una pelota de fútbol ponchada?”, pensó Don Chuy, con esa inocencia que aún conservaba.
Se acercó. Quitó los trapos con cuidado. Primero vio pelo. Mucho pelo negro, largo, enmarañado con tierra y sangre seca. Luego, vio una oreja. Y después… el horror se reveló en toda su magnitud.
No era una pelota. No era una máscara.
Era una cabeza humana.
Una cabeza cercenada a la altura del cuello, con un corte tan limpio que parecía hecho con bisturí de carnicero profesional. Pertenecía a un hombre de unos 30 o 35 años, con barba de candado y facciones toscas. Sus ojos estaban abiertos, vidriosos, mirando al cielo plomizo de la ciudad con una expresión de terror congelada para siempre. La piel estaba pálida, cerosa, con signos de empezar a descomponerse por el calor.
Don Chuy sintió que las piernas se le doblaban. El estómago se le revolvió. Quiso gritar, pero la voz se le atoró en la garganta. Soltó el gancho, soltó el costal y salió corriendo como alma que lleva el diablo, tropezándose con la basura, hasta llegar a la tiendita de la esquina, donde Doña Rosa casi se infarta al verlo llegar pálido como un fantasma y temblando.
— “¡Doña Rosa! ¡La tira! ¡Llame a la tira! ¡Allá atrás, en el basurero… hay un muerto! ¡Un descabezado!”, apenas pudo balbucear Don Chuy antes de que le diera el soponcio.
EL ZAFARRANCHO: VECINOS EN PÁNICO, POLICÍAS CONFUNDIDOS Y EL MORBO A TODO LO QUE DA
En cuestión de minutos, la colonia “El Solitario” se convirtió en un hervidero. Las sirenas de las patrullas rompieron la tranquilidad de la mañana. Los vecinos salieron en pijama, con el café en la mano, a ver qué pasaba. El chisme corrió más rápido que la pólvora.
— “¡Dicen que encontraron un cuerpo descuartizado!”, gritaba una señora con tubos en la cabeza. — “¡No, dicen que es el Chupacabras!”, decía un niño mocoso.
La policía acordonó la zona con esa cinta amarilla que ya es parte del paisaje urbano. Los peritos de la Fiscalía llegaron con sus trajes blancos de astronauta, sus cámaras y sus maletines metálicos, listos para recoger la evidencia más macabra que habían visto en meses.
El olor a muerte se mezclaba con el olor a curiosidad morbosa. Cientos de personas se agolparon detrás de la cinta, con sus celulares en alto, transmitiendo en vivo pal’ Feis, pal’ TikTok, queriendo ser los primeros en dar la nota roja. ¡Qué pinche afán de grabar la desgracia ajena, me cae!
LA INVESTIGACIÓN: ¿QUIÉN ES EL DESCABEZADO Y DÓNDE ESTÁ EL RESTO DEL CUERPO?
Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga, raza. La policía está más perdida que un vegano en una taquería. Nadie en la colonia reconoce la cabeza. No hay reportes recientes de desaparecidos que coincidan con las características. Es un “N.N.” (Ningún Nombre), un fantasma más en la estadística de la violencia.
Las preguntas se acumulan y las respuestas escasean: ¿Quién era este hombre? ¿Por qué lo mataron con tanta saña? Y la más inquietante de todas: ¿DÓNDE DIABLOS ESTÁ EL RESTO DEL CUERPO?
¿Lo tiraron en otro basurero? ¿Lo enterraron en algún predio baldío? ¿Se lo dieron de comer a los cerdos? ¡Las teorías en el barrio están más locas que una serie de narcos de Netflix!
Se habla de un ajuste de cuentas entre bandas rivales de narcomenudistas que se disputan la plaza. Se habla de un ritual satánico de alguna secta oscura que opera en las sombras de la ciudad. Se habla hasta de un asesino serial que anda suelto, “El Decapitador de Iztapalapa”, le están empezando a llamar los periódicos sensacionalistas.
EL MIEDO SE APODERA DEL BARRIO: “YA NO PODEMOS VIVIR ASÍ”
Mientras la policía busca pistas entre la basura, los vecinos de “El Solitario” viven con el Jesús en la boca. Ya nadie quiere salir después de que se mete el sol. Las madres encierran a sus hijos a piedra y lodo. El miedo se respira en el aire.
— “Esto ya no es vida, joven”, nos dijo Doña Rosa, la de la tiendita, todavía con el susto en el cuerpo. — “Aquí siempre ha sido bravo, pero esto de encontrar cabezas en la basura… ¡ya es el colmo! Las autoridades nomás vienen cuando hay muertito y luego se olvidan de nosotros. ¡Queremos seguridad, chingao!”.
Don Chuy, el pepenador que descubrió el horror, no ha podido regresar a trabajar. Dice que cierra los ojos y ve esa mirada vidriosa que lo persigue. Probablemente necesite terapia, pero en su mundo, la terapia es un lujo que no se puede dar.
CONCLUSIÓN: UNA CIUDAD QUE SE ACOSTUMBRA AL HORROR
Esta noticia, que empezó con un titular morboso en tu celular, es la cruda realidad de un país que se desangra. Una cabeza en la basura no debería ser algo normal. No deberíamos acostumbrarnos a despertar con este tipo de noticias.
Hoy, el “Ver más” nos llevó al abismo de la violencia que nos rodea. Nos confrontó con la brutalidad de la que somos capaces los seres humanos.
Exigimos justicia para el descabezado anónimo. Exigimos que las autoridades hagan su chamba y encuentren a los responsables de esta barbarie. Y exigimos que no nos olvidemos de Don Chuy y de los miles de vecinos que viven el terror día a día en las zonas marginadas de nuestra gran ciudad.
¡No normalicemos el horror! ¡No dejemos de indignarnos! Y la próxima vez que vean un “Ver más”, piensen que detrás de ese clic puede haber una tragedia humana que merece ser contada con respeto y no solo con morbo.
Seguiremos informando sobre el caso del “Decapitado de Iztapalapa”. ¡Cuídense, mi raza, que el diablo anda suelto y a veces se esconde en una bolsa de basura!